PABLO JARILLO | Físico del MIT

“Conocemos los mejores equipos de fútbol, pero nada de las universidades”

Hace un año su nombre saltó a los titulares al recibir de Obama un premio para jóvenes científicos Hoy trabaja en el prestigioso Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT)

Pablo Jarillo-Herrero, en la Nau de la Universitat de València.
Pablo Jarillo-Herrero, en la Nau de la Universitat de València.JOSÉ JORDÁN

Hace un año su nombre saltó a los titulares al recibir de las manos del presidente Obama el Premio Presidencial a los Jóvenes Investigadores Científicos, valorado en 750.000 dólares, en reconocimiento a sus investigaciones en un material revolucionario, el grafeno. Entonces alumno de los jesuitas, la vocación de Pablo Jarillo-Herrero (Valencia, 1976) despertó en unas Olimpiadas de Física para estudiantes de COU. Formado en la Universitat de València y con estancias en San Diego de California, Alemania y Holanda, hace cinco años llegó, seleccionado entre una veintena de candidatos, a uno de los olimpos de la ciencia, el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT). Con contrato temporal, este joven físico se prepara para el reto de superar la dura prueba que le espera en año y medio para abrirle la puerta de la permanencia.

Pregunta. Usted es “el científico español del millón de dólares”.

Respuesta. Me llevé una sorpresa cuando vi el titular, no pensaba que me etiquetarían así. Esas cantidades de dinero en Estados Unidos tampoco son tan espectaculares como suenan aquí para investigaciones caras. Más que el dinero, lo que importa es que en Estados Unidos se confía mucho más en los jóvenes para desarrollar sus investigaciones, y esa confianza se traduce en recursos. Lo más importante es haber tenido desde el principio, incluso antes del premio, el apoyo de mi universidad y de otras instituciones para realizar con total libertad mi investigación. Esa confianza es menor en Europa, y en España hay mucha menos que en otros países europeos.

P. Del sistema estadounidense celebra la “meritocracia radical”. ¿En España se valoran los méritos?

R. Si tuviera que generalizar, diría que no demasiado, pero hay sitios con científicos de muy alto nivel en los que se intenta aplicar criterios esencialmente meritocráticos a la hora de seleccionar y contratar. Hace 20 años se contrató con criterios en los que la meritocracia no era lo que más contaba. Pero desde hace 10 años he notado un cambio en el esfuerzo por valorar más la calidad científica, y como consecuencia, el nivel de la gente joven es mucho mayor que el de la generación anterior. Pero a esa gente joven no se le ha dado medios para desarrollar su investigación, y se ha tenido que incluir en un grupo ya formado donde unas veces el jefe le ha dado libertad y otras no, mientras que yo no tengo absolutamente ningún jefe.

P. Aparte de las virtudes, ¿qué defectos tiene el sistema en EE UU?

En España, no sólo en los políticos, sino en la sociedad en general, la ciencia no está tan presente. La gente utiliza mucho la tecnología pero no se da cuenta de la importancia que tiene el desarrollo científico para su propio bienestar económico y social. Es más un problema de cultura que de recursos.

R. Hay una competición brutal por obtener fondos para investigar. En parte es bueno porque la gente se pone las pilas. A lo que lo hacen muy bien se les da mucho, a los que lo hacen regular se les da poco, y a los que lo hace mal nada. Pero uno debe dedicar mucho tiempo a intentar obtener esos recursos para financiar y gestionar una investigación, y eso no es óptimo. En la Unión Europea financian proyectos para cinco años y pueden olvidarse de trabajar constantemente para conseguir recursos. Pero cuando se habla del sistema americano la gente tiende a pensar en las universidades de excelencia; pero también tiene miles de universidades muy mediocres, como en Europa. Pero aquí no hay apenas universidades que en todos los campos tengan una excelencia tan amplia como las mejores americanas.

P. La excelencia exige un ritmo de vida muy intenso.

R. Y muchas veces hace mella en la vida de las personas. Es como un atleta olímpico. ¿Cuántos años puede estar entrenando a ese nivel? Cuesta mucho. En el MIT todos los estudiantes que ingresan eran “el mejor de su clase” en su instituto, y de repente la mitad de ellos pasan a ser los peores, y eso da lugar a muchas depresiones y frustraciones. No son sitios divertidos en los que todo el mundo disfruta. Hay gente que a pesar de su esfuerzo lo pasa fatal, y probablemente sería mucho más feliz en un sitio menos intenso.

P. Usted suele hacer un símil con el fútbol.

R. En España cualquier persona sabe cuáles son los mejores equipos de fútbol, al menos los de la primera división. Pero si pregunta por la mejor universidad en España, nadie tiene ni idea. En EE UU todo el mundo sabe cuáles son las mejores universidades y en qué campos, y los alumnos solicitan la admisión en la mejor universidad a la que puedan ir. En las universidades españolas hablar de que una es mejor que otra, o de que alguien trabaja más que otro, es de ser elitista. Aquí se dice que todos somos iguales y trabajamos lo mismo, pero no es cierto. Decir sin tapujos que una universidad es mejor que otra parece antisocial o antidemocrático.

En el MIT todos los estudiantes que ingresan eran “el mejor de su clase” en su instituto, y de repente la mitad de ellos pasan a ser los peores, y eso da lugar a muchas depresiones y frustraciones.

P. ¿Qué importancia tiene la clasificación?

R. En EE UU es fundamental. Los estudiantes solicitan ir a la mejor universidad posible, y si tienes los mejores estudiantes, puedes hacer la mejor investigación y obtener más fondos. Todo es un círculo que hace que toda universidad americana, por muy cutre que sea, quiera mejorar porque significa más dinero, no tiene nada garantizado como lo de “hagamos lo que hagamos, nos van a dar”. En España la financiación o el salario no depende mucho de donde estés, no hay conciencia de establecer una clasificación. No sé por qué el sistema público debe significar que todos somos iguales y que todos trabajamos lo mismo.

P. ¿Los recortes en España se deben a un problema de presupuesto real o de cultura científica?

R. Es un problema de prioridades. Si hay menores recursos por la situación económica, se tiene que ajustar más a esas prioridades. En España, no sólo en los políticos, sino en la sociedad en general, la ciencia no está tan presente. La gente utiliza mucho la tecnología pero no se da cuenta de la importancia que tiene el desarrollo científico para su propio bienestar económico y social. Es más un problema de cultura que de recursos.

P. ¿Qué le suscita la reforma Wert?

R. No la conozco mucho. Suelo leer por encima las noticias españolas en las páginas web en varios diarios pero no tengo un conocimiento profundo de la reforma de las universidades o de la educación en general en España. Por lo que veo en los titulares está muy criticada por mucha gente.

P. Por ejemplo, en establecer en un 6,5 la nota de acceso a las becas.

R. Estoy muy a favor de que la gente estudie y trabaje mucho. No todo el mundo con sus impuestos tiene que subvencionarte tus estudios de no ser que no te los tomes muy en serio. En el MIT, que es una universidad carísima, si no apruebas, te echan directamente, pero a la gente sin recursos se lo pagan todo con recursos privados, exigiéndoles una nota equivalente a 7,5.

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