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Lebrija en el objetivo

La exposición 'Flamenco en plata', de Juan Carlos Toro, ofrece una amplia panorámica fotográfica del mundo artístico en una de las cunas de este arte

La cantaora Inés Bacán. Ampliar foto
La cantaora Inés Bacán.

La habitación está teñida por una tenue luz roja y de su penumbra surge la seguiriya de Luis de Malena con su ancestral y dolido eco. Ajenos al cante, dos figuras se afanan en una extraña labor sobre la pared. Los tercios se alternan con las falsetas de la guitarra y, mientras tanto, en el lienzo comienzan a definirse imágenes que, en un lento proceso, parecen responder no se sabe si a la llamada del cante o al laborioso ir y venir de las dos personas. La escena, que dura unos siete minutos y se puede encontrar en la red, es el germen del que nace la exposición Flamenco en plata, del fotógrafo jerezano Juan Carlos Toro. La misteriosa escena no refleja más que un proceso de revelado bajo la luz roja de seguridad de cualquier laboratorio fotográfico de los de antes. Su peculiaridad estriba en que la ampliadora, adecuadamente basculada, en vez de proyectar la imagen en el papel, lo hace sobre la misma pared, en la que se está aplicando una emulsión con haluros de plata.

A Juan Carlos Toro la querencia por una fotografía experimental le viene de lejos, quizás desde la primera vez que visitó un laboratorio y percibió como algo mágico la fijación de la imagen en el papel. Con los años y la experiencia acumulada como redactor gráfico, comenzó a dar respuesta a una necesidad interior de investigar, “de experimentar usando procesos analógicos tradicionales combinados con las ventajas de la fotografía actual y la utilización de emulsiones especiales”, como los citados haluros. A eso añade la utilización de formatos distintos, desde papeles de alta calidad a las mismas paredes. En esa línea se encontraba su proyecto Presencias, presentado en 2011 y que se encuentra inacabado por falta de financiación. A través de él se proyectaron en medianeras de Jerez, normalmente de edificios derruidos o ruinosos en barrios emblemáticos, fotografías gigantescas de cantaores jerezanos en plena interpretación. De los 14 murales que formaron parte del proyecto, 4 de ellos fueron impresos en calles del casco antiguo jerezano.

Su trabajo actual ha tenido a los artistas lebrijanos como objetivo, y Toro ha repetido en parte la experiencia anterior, pues la exposición ofrece, además de fotografías, dos murales sobre pared. Uno de ellos, el señalado al principio, con Luis de Malena junto a su padre, el veterano cantaor Curro Malena. Además de ellos, se encuentran fotografiados, ya en papel de algodón 100% y en ediciones firmadas y limitadas, Miguel El Funi, Inés Bacán, Juan Peña Lebrijano, José Valencia, Manuel de Paula, Fernando Carrasco y Anabel Valencia. Del trabajo con estos cantaores y cantaoras, el fotógrafo destaca, además de su fuerza y expresividad, la experiencia de conocerlos. “Ha sido necesario acercarse a ellos y hasta les he pedido que se echen un cantecito”. La metodología del trabajo pasaba por ponerlos en un estudio, con luces, para captarlos “con un cierto control, no al azar como suele ocurrir en los escenarios”.

La exposición, que fue inaugurada coincidiendo con la celebración de la 48ªI Caracolá lebrijana, estará abierta hasta mediados de septiembre en la galería El Viajero Alado (Calle Arcos, 27) de Lebrija.