FESTIVAL CASTELL DE PERALADA
Crítica
Género de opinión que describe, elogia o censura, en todo o en parte, una obra cultural o de entretenimiento. Siempre debe escribirla un experto en la materia

Verdi con resignación

No es muy imaginativo ni atinado escoger para su concierto inaugural una obra tan recurrente y poco alegre como el 'Réquiem'

Josep Pons, durante la actuación en Peralada.
Josep Pons, durante la actuación en Peralada.sgooting - miquel gonzález

No ha mostrado este año mucha imaginación el Festival Castell de Peralada a la hora de escoger para su concierto inaugural, como celebración del bicentenario del nacimiento de Giuseppe Verdi, una obra tan recurrente como el Réquiem. No hubo, pues, mucho margen para la sorpresa en una velada que comenzó de forma un tanto desangelada y que fue cobrando fuerza hasta alcanzar un buen nivel musical. Siendo optimistas, cabe hablar de éxito, aunque no especialmente memorable. La respuesta del público fue buena: teniendo en cuenta el alto precio de las entradas (de 150 a 45 euros) y dejando a un lado el generoso reparto de invitaciones a mecenas, tradicionalmente ligado a la jornada inaugural, se llegó al 80% de ocupación del aforo del auditorio del castillo de Peralada, que es de 1.800 localidades. No está mal, para estos tiempos.

MISA DE REQUIEM DE VERDI

Eva-Maria Westbroek, soprano. Luciana D’Intino, mezzo. Giuseppe Filianoti, tenor. Michele Pertusi, bajo. Orquesta y Coro del Gran Teatro del Liceo. Polifònica de Puig-reig. Josep Pons, director. Auditori de Peralada, 13 de julio.

En términos artísticos, la versión ofrecida por la orquesta y el coro del Gran Teatro del Liceo bajo la escrupulosa dirección de su titular, Josep Pons, fue de menos a más, desde la frialdad y desequilibrio inicial al clima que propició momentos de belleza expresiva y rotunda intensidad dramática. Tiene especial mérito, además, interpretar un Réquiem, que no es quizá el tipo de obra más adecuado para levantar el ánimo, en un momento de tanta crispación y temor por el futuro laboral como el que vive la plantilla del Liceo, afectada por el ERE temporal que les espera del 1 al 24 de septiembre (más un segundo período en julio de 2014). Eso sí, cumplieron su deber con resignación verdiana.

Aunque sea el Réquiem más operístico y teatral del repertorio, Pons marcó con firmeza el pulso dramático, sin efectismos, con musicalidad y buen gusto en el fraseo. Hubo tendencia al grito en la masa coral reclutada para la ocasión: a la diezmada plantilla del coro del Liceo (ya solo son 56 cantantes), se sumaron las voces de la Polifònica de Puig-reig con el entusiasmo propio de un coro amateur, entregado al máximo, pero sin la precisión y técnica profesional que exige una partitura de máximo lucimiento coral. En general, fue una versión irregular, de rotundas dinámicas y episodios confusos también en la respuesta orquestal.

Pons marcó con firmeza el pulso dramático, sin efectismos, con musicalidad y buen gusto en el fraseo

También fue irregular el rendimiento de los cuatro solistas. La soprano holandesa Eva-Maria Westbroek, que tiene por color, técnica y estilo más afinidad con el repertorio alemán y ruso, supo utilizar sus consistentes recursos con energía, luciendo en muchos momentos una gran fuerza dramática. Dos voces italianas con muchas tablas, la mezzosoprano Luciana D’Intino y el bajo Michele Pertusi, mostraron buena línea y más dominio del estilo verdiano, mientras que la bonita voz del tenor Giuseppe Filianoti resultó poco audible y tirante en los agudos.

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