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Una consulta difícil de frenar

Políticos y expertos piden una negociación para encauzar mediante un pacto el apoyo al referéndum

Una imagen del concierto celebrado el 30 de junio en el Camp Nou en favor de la consulta.
Una imagen del concierto celebrado el 30 de junio en el Camp Nou en favor de la consulta.

Los empresarios catalanes se refieren a ello como “el tema”. Apenas un año atrás, el enconado asunto que prefieren no nombrar era objeto de comentarios furtivos en los corrillos. Hoy se aborda en reuniones de trabajo y hasta en actos públicos. Se trata del proceso soberanista que impulsa el Gobierno de Cataluña y que persigue la celebración de un referéndum de autodeterminación en 2014.

El cambio lo ejemplifica la reunión que Fomento del Trabajo mantuvo el primero de julio. Los miembros de la dirección de la gran patronal catalana debatieron la conveniencia de participar en el foro que impulsa la Generalitat para presionar a favor de la consulta. Fomento no se sumó a la constitución del llamado Pacto Nacional por el Derecho a Decidir el 30 de junio, tras haber anunciado que sí lo haría. Las presiones recibidas de uno y otro lado motivaron el desplante de última hora. Algunos socios no lo vieron bien. Otros sí.

En cualquier caso, algo quedó claro en el encuentro: ninguna entidad catalana que se precie, por más que se resista, puede vadear el debate. Y es que, pese a su total falta de concreción, la consulta monopoliza la vida política en Cataluña.

El CIS constata la pujanza de la vía independentista en su último barómetro

“Lo que estamos viviendo en Cataluña solo es comparable a la Transición”, ejemplifica uno de los miembros de la dirección de Fomento para justificar el debate interno. Aunque incómodo, los empresarios se disponen a abordar el asunto con la máxima prevención. Se impone el equilibrio. No en vano el 72% de los catalanes opina que su comunidad no tiene suficiente autonomía y el 47% apuesta por un cambio de modelo político, en el que Cataluña sea un Estado independiente, según el último barómetro de la Generalitat. La opción federal que han abrazado los socialistas logra el 21% de apoyos, mientras que mantener el actual modelo es la opción de otro 22%. Además, el año pasado, un 74% de los catalanes defendían abiertamente la celebración de un referéndum. “Queda claro que este asunto debe dirimirse preguntando a la gente”, certifica el director del Centro de Estudios de Opinión de la Generalitat, Jordi Argelaguet.

El Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) no pregunta directamente por el posicionamiento ante un referéndum de independencia, pero en su último sondeo estima que el 40,6% de los catalanes son partidarios de que España permita a Cataluña “convertirse en Estado independiente”. Es la opción mayoritaria, frente a un 25,6% que se contentaría con un mayor autogobierno o un 17,6% que aboga por mantener el statu quo. El presidente de Metroscopia, José Juan Toharia, considera que no está escrito que vaya a ganar la opción secesionista, pero advierte con firmeza: “La consulta es imparable y se hará, ya sea por la vía legal, ilegal o paralegal”.

La idea de la independencia fascina en un sector nada desdeñable de la sociedad catalana. “En un momento de crisis como el actual, en que dependemos de Bruselas, de los mercados y de no se sabe bien qué más, ¿a quién no le atrae la idea de ser independiente?”, reflexiona Toharia, quien también reseña que, por ahora, el debate se está centrando demasiado en aspectos sentimentales y no racionales. “Todavía estamos en el prólogo del debate, en el derecho a decidir, no hemos entrado en materia”. En parte, según Toharia, porque el Gobierno central se ha resistido a entrar en el fondo de la cuestión más allá de rechazar las pretensiones de los nacionalistas catalanes.

Mas acusa el desgaste de los recortes y Junqueras se beneficia del rédito soberanista

El Ejecutivo de Mariano Rajoy pone el foco del debate en la ilegalidad del referéndum y los nacionalistas catalanes en pedir una solución “política”. El catedrático de Derecho de la Universidad de Barcelona Enoch Albertí no renuncia a la vía legal. “La consulta es posible desde un punto de vista Constitucional; se puede hacer por el artículo 92 de la Constitución o, como en Escocia, por la vía de la delegación de competencias, el 150.2”. Eso sí, en ambos casos es necesario un acuerdo político entre Gobierno y Generalitat, algo impensable a día de hoy.

Albertí forma parte del grupo de personalidades que Artur Mas ha reclutado en el llamado Consejo de Transición Nacional. Estos días el colectivo de asesores está enfrascado en hacer una propuesta para celebrar la consulta. En su seno hay posicionamientos muy distintos, y división respecto a si se podría preguntar abiertamente por la independencia sin chocar frontalmente con la Constitución.

De hecho, a día de hoy, no ha trascendido qué es lo que quiere preguntar exactamente Artur Mas a los catalanes.

De hecho, a día de hoy, no ha trascendido qué es lo que quiere preguntar exactamente Artur Mas a los catalanes. Esta inconcreción favorece enormemente los intereses del presidente y de Convergència i Unió, pues una pregunta muy directa sobre la independencia no generaría consenso ni siquiera dentro de la federación. “Mas juega unas cartas y Josep Antoni Duran, otras”, recuerda el catedrático de sociología de la Universidad Pablo de Olavide, Xavier Coller, quien ve “atrapado” al presidente catalán porque “se ha comprometido a hacer una cosa que legalmente no es factible”.

Coller, como el resto de los expertos consultados, alerta de que la “frustración” que generaría no poder hacer la consulta llevaría a un escenario “políticamente diabólico”. Por esto el sociólogo entiende que habrá que tomar nota de quién ha conducido a esta situación. Coller cree que la consulta es un paso más de la división de intereses entre las élites políticas catalanas y los ciudadanos de a pie. Sin negar que hay cierto grado de incomprensión entre Cataluña y el resto de España, incide en que “parte de las élites catalanas no comprenden los problemas más urgentes de los catalanes”. Las relaciones entre Cataluña y España son solo el cuarto problema, por detrás del paro, la economía y la insatisfacción con los políticos, según muestran algunos sondeos demoscópicos.

Banderas independentistas en la última Diada.
Banderas independentistas en la última Diada.

El drama para el Gobierno catalán es que es Mas quien sufre el desgaste de los tres grandes problemas de la sociedad catalana, mientras que su socio de Esquerra Republicana, Oriol Junqueras, se beneficia de los réditos de la insatisfacción con España. De momento, los republicanos no han asumido ninguna decisión impopular de calado, de manera que, a ojos de muchos ciudadanos, Mas es el político de los recortes, mientras que Junqueras es el de la independencia. De ahí que ERC aspire a convertirse en primera fuerza política, como ya sucedió durante la Segunda República.

La sensación generalizada es que Artur Mas, llegado a este punto, no puede dar marcha atrás. “La consulta es la única salida razonable para contarse, saber cómo están las cosas y ser capaces de negociar la relación Cataluña-España en un escenario posautonómico”, dice el filósofo y periodista Josep Ramoneda. Con todo, considera que la opción más plausible son las elecciones plebiscitarias. “Después, en función del resultado, se tendrá que acabar negociando”, agrega.

La decana del Colegio de Politólogos de Cataluña, Anna Parés, aboga también por buscar alternativas a la consulta. Una son las elecciones plebiscitarias, pero antes “hay que agotar la vía del diálogo”. Para el historiador Joan B. Culla, la consulta sería una medida casi higiénica. “Realmente hay gente que no está a favor de la independencia, pero considera que la única manera de salir de este laberinto es hacer la consulta”. “Si gana el no, se deberá asumir con deportividad, y si gana el sí, se abre un periodo de negociaciones”.

En cualquier caso, Culla no ve indicios de que se pueda volver a la situación previa al año 2000, con pactos de CiU en el Congreso que permitían sobrellevar el problema catalán. “La única manera teórica de volver donde estábamos es el modelo del 7 de octubre de 1934 [cuando se suspendió la autonomía por la proclamación del Estado catalán], con la Generalitat ocupada por la Guardia Civil”.

Y es que con la sentencia del Tribunal Constitucional del año 2010 sobre el Estatuto catalán muchas complicidades entre Cataluña y el resto de España quedaron irremisiblemente rotas. La recomposición se antoja difícil y cada vez son más quienes quieren pasar página.