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Vídeos de la declaración del diputado del PP procesado

Blasco a la juez: “No he recibido dinero en sobres de nadie en mi vida”

El exconsejero pasó apuros para explicar su actuación en el desvío de fondos de cooperación

Rafael Blasco, procesado por cuatro delitos de corrupción por haber participado presuntamente en el desvío de fondos de la Generalitat Valenciana destinados al Tercer Mundo, protagoniza estos días un tenso pulso con el presidente Alberto Fabra por su negativa a abandonar el grupo del PP en el Parlamento autonómico pese a que el propio Gobierno valenciano pide para él 11 de años de prisión y la Fiscalía Anticorrupción eleva la petición a los 14 años.

Blasco siempre ha negado que el dinero —ocho millones de euros, según la investigación— fuera desviado, pero apenas ha dado explicaciones sobre lo sucedido. El siete veces consejero de la Generalitat sí tuvo que ofrecerlas ante la juez que instruye el caso en el Tribunal Superior de Justicia valenciano, María Pía Calderón. EL PAÍS ha tenido acceso a la grabación de las más de seis horas de declaración que prestó Blasco el 18 de octubre de 2012.

Los tres fragmentos más destacados son el referido al supuesto delito de cohecho que cometió Blasco, al de tráfico de influencias que también le atribuyen la juez y la fiscalía. Y su explicación sobre el destino de los fondos que debían servir para montar una oficina técnica que controlase la construcción de un hospital en Haití. Según la investigación, ese centro sanitario en el Haití posterior al terremoto de 2010, fue el gran proyecto de la trama corrupta, con el que esperaba embolsarse cuatro millones de euros.

Cohecho

En la causa obran pinchazos telefónicos que acreditan que Blasco recibió sobres del principal imputado en la causa, Augusto César Tauroni, que lleva más de un año en prisión preventiva. El intercambio se hacía en plena calle y los sobres de Tauroni eran recogidos por la secretaria de Blasco. La juez pregunta a Blasco si ha aceptado dinero de Tauroni o de su entorno. “Yo no he recibido ni del entorno, ni de Cesar Augusto Tauroni, ni del entorno de nadie, un solo euro nunca en mi vida”, responde Blasco.

La magistrada insiste en si no le parece “sorprendente” enviar a su secretaria para recoger los sobres de Tauroni a la calle. Especialmente cuando, según el exconsejero, solo tenía con el ahora encarcelado una relación “institucional o protocolaria”.

Blasco ofrece una peculiar explicación. El lugar de encuentro entre su secretaria y Tauroni —frente a un establecimiento conocido en Valencia como Casa de los caramelos— está al lado de la Cortes Valencianas, donde Blasco había sido nombrado portavoz parlamentario del grupo popular, además de consejero. Y en la zona, prosigue, resulta “muy difícil aparcar”, por lo que era más rápido que Tauroni parase un momento a entregar los sobres.

¿Qué contenían dichos sobres?, inquiere la magistrada. Según Blasco, artículos de prensa y sentencias de rectificación por las informaciones que la prensa publicaba en esos días precisamente sobre el escándalo en el desvío de fondos de su departamento.

Tráfico de influencias

Blasco, un político veterano curtido en muchas batallas, aguanta el tipo durante la mayor parte del interrogatorio. Pero hay varios momentos en los que sus explicaciones parecen flaquear. Uno de ellos está relacionado con el supuesto delito de tráfico de influencias que habría cometido al presionar a los funcionarios que se negaban a dar vía libre a la entrega de 1,6 millones de euros a una fundación que no reunía los requisitos para recibir las subvenciones. El dinero debía invertirse en proyectos humanitarios en Nicargaua, pero en vez de eso la trama los gastó en comprar tres pisos y una plaza de garaje en Valencia.

Varios testigos aseguran que Blasco presionó a los funcionarios, preguntándoles si nunca habían aprobado expedientes que contuvieran irregularidades. Ante la negativa de los funcionarios, el exconsejero les dijo que iba a subirse a su despacho todos los expedientes y dedicar el verano a comprobar si era así. Los expedientes fueron efectivamente llevados a su despacho.

Blasco admitió en su declaración lo ocurrido, pero solo parcialmente. Según su versión no lo hizo para amenazar a los técnicos, sino por “el afán de aprender sobre cómo se tramitaban los expedientes”. Y a continuación agrega: “Señoría, si quiere que le sea sincero, es verdad que yo utilicé esa expresión, subieron los expedientes en unas cajas y yo ni las abrí. Fue una reacción de: ‘Os vais a ir todos de vacaciones y voy a empezar a estudiar yo durante el verano esto’. Pero ni siquiera sé los expedientes que había en las cajas, porque no las llegué a abrir. Me pareció que había sido una reacción un poco tonta por mi parte el plantearles esto, pero no tenía ningún valor”.

El fraude del hospital de Haití

El fiscal interroga a Blasco sobre los algo más de 177.000 euros que la tramó captó de los fondos destinados a levantar un hospital en el Haití posterior al terremoto de 2010.

Esos fondos, logrados en una colecta organizada por la Generalitat, fueron entregados por la consejería de Blasco a una fundación controlada por Tauroni. Su destino oficial era financiar la creación de una oficina técnica de apoyo para la creación del centro sanitario. La investigación ha revelado, sin embargo, que los fondos acabaron en las cuentas corrientes de la trama mediante facturaciones por servicios falsos.

El fiscal le expone a Blasco que, según diversos testigos, la cantidad de dinero era desmesurada para montar una oficina técnica. “Yo no sé medirle si dicha cantidad era mucha o poca”, responde el exconsejero. “Lo que sí que le puedo decir es que tal y como desgraciadamente estaba y está Haití, allí hacer una gestión era una tarea titánica. No había ni máquinas de escribir en el ministerio de Salud”, “estamos hablando de una cosa humanitaria que no está para bromas”, afirma.

El hospital de Haití fue, según numerosas evidencias, el gran proyecto de la trama. Se presupuestó en cuatro millones, aparte de los 177.000 euros para la oficina técnica de apoyo. La subvención llegó a concederse a una pequeña ONG, Esperanza Sin Fronteras, detrás de la cual estaba de nuevo Tauroni, el amigo de Blasco, moviendo los hilos. Pero esos cuatro millones no llegaron a salir de las arcas de la Administración autonómica, porque tras la salida de Blasco del Gobierno valenciano en junio de 2011, el proyecto quedó congelado. Y así continúa hasta hoy.

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