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Un fantasma recorre Lavapiés

La compañía TurliTava adapta a las cuitas actuales ‘Marx en el SoHo’

Francisco Valero, en la representación de 'Marx en Lavapiés'. Ampliar foto
Francisco Valero, en la representación de 'Marx en Lavapiés'.

De tanto decir que vuelve y que vuelve y que vuelve por la crisis, y que los libreros se van a hacer de oro con el primer tomo de El capital, el fantasma de Karl Marx ha acabado por volver. Concretamente, al castizo y multirracial barrio de Lavapiés. Pero su vuelta no es un paseo militar porque aquí hay algunos que se han empeñado en llevarle la contraria: su clásico rival, el anarquista Mijaíl Bakunin, pero también su querida hijita, Tussy. Y eso no es todo: ahora Marx se ha reencarnado en mujer.

Marx en el SoHo es una obra teatral del combativo historiador social estadounidense Howard Zinn (autor de La otra historia de los Estados Unidos y fallecido en 2010), un monólogo en el que Marx tiene la oportunidad de volver a reencarnarse en la Tierra y decide regresar al Soho londinense, en el que se exilió huyendo de París. Pero, por algún tipo de error burocrático en el cielo, aparece en el SoHo neoyorquino de la actualidad. La versión lavapiesera de la que hablamos es Marx en Lavapiés, una adaptación de Benjamín Jiménez de la Hoz en la que los personajes son tres y la cosa transcurre en el contexto actual.

"Nos preguntamos qué sentirían estos personajes de hace ciento y pico años reencarnándose en cuerpos jóvenes y actuales", explica la directora Victoria Peinado. La obra muestra la faceta más humana del barbudo filósofo que, como todos, tuvo sus zozobras, inseguridades y desdichas, que no dejan de reprocharle su hija y Bakunin (con una cerveza en la mano). "Elegimos crear el personaje de la hija de Marx para darle un toque más joven que acercase el texto al público", explica Jiménez, "y a Bakunin porque pensábamos que la pelea entre Marx y Bakunin no debía relatarse, sino representarse". Los reproches de Tussy (interpretada por Norah Gerigh) le afean al padre sus contradicciones y su autocomplacencia, mientras que Bakunin (Francisco Valero) critica su totalitarismo y falta de acción. ¿Y la Marx mujer, que encarna Beatriz Llorente? "Se me ocurrió como forma de reivindicar el papel de la mujer en la historia de revolución social, que muchas veces es ninguneado, y porque el feminismo es uno de los grandes movimientos del siglo XX", explica Peinado. "Esta puede que sea la mayor contradicción de esos movimientos", añade Jiménez, "los revolucionarios que cuando llegan a casa son machistas".

La elección del barrio de Lavapiés para el regreso de Marx se debe a que el proyecto surgió de la librería La Marabunta (en el barrio), a que la compañía TurliTava se desarrolló en estas calles, pero, aparte de estas coyunturas, "también porque se parece al Soho londinense de la época. Hay trabajadores, inmigración, suponemos que algunos exiliados o refugiados, como Marx. Un barrio que se decía peligroso, donde había infraviviendas", según el autor de la adaptación.

La obra, que tiene sus buenas dosis de humor, toca además temas de actualidad como la transformación del lenguaje en imagen ("cualquier día se va a quemar nuestra casa y vamos a ir a verlo por la tele", dice Jiménez) o la conversión de los trabajadores en consumidores pasivos, y trata de hacer "que nosotros nos enfrentemos a nuestras convicciones", dicen los artífices. ¿Conclusión? "Más que ofrecer respuestas queremos plantear preguntas", explica Peinado.

Marx en Lavapiés, de Benjamín Jiménez de la Hoz. Compañía TurliTava. Sala La Puerta Estrecha, vienes y sábado hasta el 29 de junio, a las 23.00; 15 euros.

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