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Feijóo culpa a la oposición de que no muestre los contratos con Dorado

El presidente promete detallarlos “de inmediato y céntimo a céntimo”

 El presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo
El presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo EFE

Han pasado 15 días desde que Alberto Núñez Feijóo reconociese tácitamente ante el Parlamento gallego que empresas de su antiguo amigo contrabandista Marcial Dorado recibieron ayudas y contratos de la Xunta. Desde entonces, el presidente gallego solo ha desvelado una compensación de 120.000 euros que el bipartito otorgó en 2007 a una firma de Dorado, dentro del paquete de indemnizaciones por los daños de los temporales en la comarca de Arousa. Feijóo ha divulgado esos datos en el Parlamento y en comparecencias ante la prensa, pero sigue sin detallar los contratos durante los Gobiernos de Fraga, en los que el actual presidente ocupó diversos altos cargos. Ayer prometió que lo hará “de inmediato” y “céntimo a céntimo”, y justificó el retraso echándole la culpa a la oposición.

 Feijóo aseguró que iba a facilitar esos datos en su tormentosa comparecencia parlamentaria del pasado miércoles, en la que Alternativa Galega de Esquerda (AGE) le preguntaba expresamente por esa cuestión, pero alegó que el incidente con el líder de esa formación, Xosé Manuel Beiras, no se lo permitió. “No me dejaron”, explicó en la rueda de prensa posterior a la reunión semanal del Consello de la Xunta. “No pude seguir contestando porque un diputado [Beiras] vino a mi escaño y, además de decirme cosas interesantes, dio puñetazos encima”, se justificó Feijóo. Lo cierto es que el incidente con Beiras fue anterior a la pregunta de la viceportavoz de AGE, Yolanda Díaz, a la que el presidente se negó a contestar alegando que no lo “merecía” por no haber pedido disculpas ante la actitud de su jefe de filas.

Feijóo tenía otra oportunidad ayer para divulgar esos datos a la prensa en su comparecencia tras el Consello —como, de hecho, hizo dos semanas antes con la indemnización del bipartito— pero tampoco la aprovechó. Y eso que, según aseguró, es “el más interesado” en que se conozcan para probar que él personalmente “ni firmó ni adjudicó” ningún contrato a esas empresas en las que otro amigo suyo, el fallecido chófer de conselleiros de la Xunta y militante del PP Manuel Cruz, figuraba como testaferro del contrabandista y narcotraficante. “Lamento decepcionar a algunos, pero la realidad es lo suficientemente contundente”, señaló.

Que Feijóo no adjudicase personalmente ningún contrato ni ayuda no significa que no los haya. Ni siquiera en la Consellería de Sanidade a partir de 1995, cuando el actual presidente era secretario general de ese departamento y empezó a pasar su tiempo de ocio con Dorado. Este periódico le preguntó si hubo alguna relación económica de las empresas del contrabandistas con Sanidade durante esa época, y el presidente insistió: “Yo ni firmé ni adjudiqué”. ¿Pero hubo algún contrato de Sanidade aunque él no lo firmara?. “Lo detallaremos consellería por consellería”, se limitó a contestar. ¿Y cuándo?. “Supongo que de forma inmediata, sobre todo si me dejan trabajar con normalidad”. Los datos, explicó, los enviará por escrito al Parlamento y a los medios de comunicación.

Por lo demás, el presidente volvió a extenderse sobre la bronca del pasado miércoles en la Cámara autónoma, de la que responsabilizó en exclusiva a la oposición. Pese a todo, después de los durísimos ataques que dirigió a todos sus rivales en el Parlamento para evitar responder a sus preguntas, ayer adoptó un tono más conciliador e incluso evitó sumarse a la solicitud de dimisión de Beiras planteada por su grupo parlamentario. “Seguro que podemos discrepar. Escucho con frecuencia descalificativos gravísimos que estoy dispuesto a aceptar, pero puños y manotazos, no. Conmigo que no se cuente para esa práctica antiparlamentaria”, comentó. “El Parlamento es el lugar de la palabra. Lo contrario es un debate de puños y manotazos”, insistió.

Un periodista le recordó que cuando él era vicepresidente de Manuel Fraga aplaudía las lágrimas de este, mientras que el pasado miércoles ironizó sobre las de Beiras. Feijóo mostró su respeto por las emociones de la gente, pero argumentó que lo que había hecho el líder de AGE fue “emocionarse y criminalizar”

“Macarra”, “infame” y “provocador”

X.H.

La bronca continuó ayer, pero ya fuera del hemiciclo. Esta vez los mensajes se intercambiaron a través de los medios y hubo palabras muy duras para Feijóo. La mayor, de la viceportavoz de AGE en el Parlamento, Yolanda Díaz, quien no se anduvo con rodeos y tildó al presidente de la Xunta de “macarra”.

El líder del PSdeG, Pachi Vázquez, elegió el calificativo “infame”. Es el juicio que le merece, explicó Vázquez, que Feijóo se hubiese dedicado a “ridiculizar la emoción de Beiras”. El dirigente socialista no justificó la reacción del líder de AGE, pero acusó al presidente de acudir al Parlamento con intenciones de “provocación”. “Es de una falta de sensibilidad absoluta poner en evidencia y ridiculizar a una persona que se emociona, o llora, cuando recuerda a un familiar o un amigo que falleció”. Las lágrimas de Beiras, hace 15 días en el Parlamento, fueron cuando evocó a un familiar muerto por la droga. “Eso no se le hace a nadie, no está en el canon del debate político. ¿No se acuerda de que Fraga lloraba cada vez que abría la boca?”, insistió Vázquez, quien señaló que el presidente del Gobierno tiene la “obligación moral y legal de contestar y decir la verdad”. “Pero eso Feijóo lo tiene prohibido”, apostilló.

“Tiene una actitud macarra... Es un macarra”, afirmó, por su parte, Yolanda Díaz. “Cómo trata la gente, cómo la insulta...” . Al igual que los demás dirigentes de la oposición, la viceportavoz de AGE y coordinadora dee Esquerda Unida entiende que Feijóo ha pervertido las sesiones parlamentarias de control al presidente porque este las usa para atacar a la oposición. “Él no contesta, no cumple con el rol de esas sesiones”, señaló Díaz, quien interpretó la actitud de Feijóo como un intento de ocultar que no estaba respondiendo a las preguntas sobre sus relaciones con Dorado. “Sabía que le estábamos metiendo el dedo en el ojo”, indicó.

Tras conocer las palabras de Díaz, el presidente de la Xunta ironizó: “La opinión de la lideresa de AGE es clarificadora sobre el respeto, la mesura, la racionalidad y las ideas tan sesudas en las que basa ese grupo su proceder parlamentario”.