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OPINIÓN

Apuntes de nueva política

No se trata de que unos decidan por todos, sino de que entre todos hallemos medios para afrontar los problemas

La semana que dejamos atrás ha sido pródiga en sucesos de vieja política. Sentencias que sancionan la financiación ilegal de un partido, dimisiones anunciadas hace años para tapar bocas y que ahora son democristianamente ignoradas, ceses cortafuegos revestidos de dimisión en Madrid, cargos hereditarios en Ourense, y mientras, las encuestas siguen constatando que a partidos y políticos en general les queda poco por perder en el tremendo pozo del descrédito acumulado. Y todo ello genera sin duda un exceso de brocha gorda y acaba siendo injusto. Lo es, ya que no todos los partidos ni todos los políticos han caído en los mismos errores. Y lo es, ya que necesitamos más que nunca la política y la práctica política para salir del marasmo institucional y de la tragedia social en que estamos inmersos.

Recordemos, no obstante, que el descrédito de la política institucional, de la política de los políticos, no procede solo de abusos de poder, de casos de corrupción o de privilegios injustificados. Es también el resultado de la falta de adecuación de la lógica representación-decisión, o de la mecánica gobierno-oposición, al cambio de época en el que estamos metidos. Y quizás por ello, pagan justos por pecadores y la política es vista más como parte del problema que como parte de la solución. Es evidente que las pautas de interrelación de la política de los políticos con la ciudadanía no funcionan adecuadamente. No concuerda una dinámica social crecientemente compartida de información, comunicación, acción, con una lógica en la que unos deciden por todos, mientras esos todos permanecen como meros espectadores de la escena institucional.

El día a día de Internet nos muestra constantes experiencias de desintermediación, y ello afecta a cualquier actividad humana. La política no puede permanecer ajena a ese impacto.

Estamos en un mundo en el que la posibilidad de mantener el control y el poder sobre todo lo que acontece es absurda y pueril. Como bien dice Margarita Padilla en su reciente libro (www.traficantes.net), el mundo al que nos lleva Internet es un mundo de ambigüedad, incontrolabilidad y apertura. Una forma de pensar y de hacer muy alejada del tradicional command and control característico de la vieja política. No se trata de que unos cuiden de todo, decidan por todos, sino de que entre todos logremos encontrar los medios para afrontar problemas y oportunidades. El día a día de Internet nos muestra constantes experiencias de desintermediación, y ello afecta a cualquier actividad humana. La política no puede permanecer ajena a ese impacto, siendo como es ahora una gran instancia de intermediación, especializada y capturada por los que se ofrecen como intermediarios. Y menos aún cuando la fundamentación democrática del entramado político e institucional en el que nos movemos nos habla de participación, de justicia, de igualdad, de protagonismo de todos sin distinción.

No puede extrañarnos pues que, como apunta acertadamente Ismael Peña (www.ictlogy.net) en su comentario sobre el nacimiento del Partido X, surjan nuevas experiencias que afirmen buscar más y mejor democracia. Iniciativas políticas nacidas en y desde Internet que, como el Partido Pirata (en sus múltiples versiones territoriales), expresan en sus mensajes, en sus dinámicas organizativas más planas y dispersas, en su énfasis en la transparencia, la emergencia de nuevos formatos de hacer y de pensar la política.

Una nueva política que no puede ser evidentemente sólo digital. Una política que tiene que enfrentarse con los problemas de subsistencia, de trabajo, de articulación entre lo local y lo global, que tiene que fundamentarse en identidades al mismo tiempo fuertes, pero también complejas y compartidas. Como ha ocurrido en otras ocasiones (la irrupción de los Verdes hace años), el énfasis en un aspecto, en este caso el propio funcionamiento de la política democrática, puede parecer un horizonte estrecho e incapaz de asumir la complejidad del momento. Pero, nadie podrá negar que conviene a todos que agitemos las aguas de una democracia encharcada y contaminada. Los partidos que ya están en las instituciones y que son más conscientes de lo que implica todo ello, deben tomar nota y empujar (como hacen entre nosotros la CUP o, de manera más tímida, ICV, dubitativa, ERC o sesgada, Ciutadans), para que la nueva política, el reset democrático, forme parte indisoluble del debate nacional y social en Cataluña.

Joan Subirats es catedrático de Ciencia Política de la UAB