OBITUARIO

Fallece el periodista Agustí Fancelli

Cronista de la ciudad y crítico musical, el que fuera redactor jefe de Cultura y Opinión de EL PAÍS, obtuvo el premio Ciutat de Barcelona en 2002

Agustí Fancelli.
Agustí Fancelli. JOAN SÁNCHEZ

¿Charles Trenet o Georges Brassens? Al final de una botella de Père Magloire, los que aguantaban en pie los embates del calvados en la péniche ya apostaban abiertamente por el sincretismo. La Mer y Brave Margot no generaban división de opiniones sino solo comunión, mientras el anochecer primaveral oscurecía esas solidas estructuras de Estado que son las vías fluviales del Canal del Midi.

En esa bonheur se hallaba como pez en el agua Agustí Fancelli, nacido en Barcelona en 1957 y gran periodista de este diario que ayer falleció de un cáncer contra el que luchó con entereza.

Atrevido como pocos, obtuvo el premio Ciutat de Barcelona de Periodismo en 2002 por un ejercicio que trabajó con éxito y que le llevó a explicar mejor que el propio alcalde de la ciudad el puente entre los Juegos Olímpicos y Barcelona como sede del Fórum Mundial de las Culturas. Puso afición, tesón y oficio para convencer a quien quisiera escucharle sobre la oportunidad de ese más que dudoso foro.

En Bolonia, a fuerza de estudios de postgrado musicales, frecuentó ciertos antros semióticos que repotenciaron su figura de defensor de causas perdidas. Así actuó con el Born de Barcelona. Iba a ser declarado biblioteca y su firmeza lo erigió en museo de la resistencia de 1714 contra los Borbones. La finezza adquirida en Italia le permitió librar una inteligente batalla contra un coloso mediático de la ciudad de la que, cual David frente a Goliat, salió vencedor.

Explicó mejor que nadie la capitalidad cultural de Barcelona

De su pasión por la música clásica y básicamente la ópera da idea su recorrido periodístico en este diario. Su vasta cultura clásica y sus conocimientos del género convertían cada una de sus críticas en una lección de la que era preciso tomar apuntes.

Hombre de amplias inquietudes, dotado de una curiosidad innata, fue redactor jefe de Cultura y Opinión en la redacción de EL PAÍS en Barcelona. Tenía una envidiable facilidad para insuflar amenidad y humanidad incluso a los temas aparentemente más arduos, Fancelli frecuentaba diversos géneros periodísticos. Sus críticas a músicos consagrados eran despiadadas si así lo creía. Para el Agustí Fancelli periodista creer en el trabajo bien hecho, tener fe en un proyecto y verlo progresar era elemento crucial de la profesión. De eso da idea desde una dura entrevista a Artur Mas hasta la manifestación de sus artes más dulces en su incansable labor de apostolado en favor de la música dodecáfonica y vanguardista.

Entendía la profesión como una mezcla entre Trenet y Brassens

“En este país todavía se canta. Por gusto o para ahogar las penas, por ganas de cambiar de vida o por las de hacerse con un público fiel, por verdadero sentimiento de arte o por ansias de forrase, pero en este país todavía se canta (...) La gente escucha por gusto, o para olvidar las penas, o porque querría cambiar de vida y no sabe cómo hacerlo y entonces, para no apenarse, escucha a alguien cantar una canción”, escribió a propósito del programa televisivo La voz

Era capaz de pasar de la España que canta y no cambia a los actos que el año pasado le prepararon una serie de centros catalanes al centenario del nacimiento del compositor John Cage. Estaba fascinado por la innovación de ese hombre que frecuentaba a Marcel Duchamp en el Cadaqués de finales de los años cincuenta.

La vida, la profesión de periodista tal como la entendía Agustí es como mezclar la canción española con Cage y a Trenet con Brassens . “El mar ha acunado mi corazón para la vida”, repetía Trenet al final de su exitosa canción. De esa vida en versión más canalla también forma parte la joven pastorcilla Margot, que tal como cuenta Brassens en su canción, cuando desabrochaba generosamente su blusa para dar el pecho a su gatito, era capaz de congregar alrededor de tan enternecedor acontecimiento a pueblo y gendarmería en pleno. Reflejos de mar no exentos de vertiente canalla. Así entendía la vida Fancelli

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