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El agresivo discurso contra la corrupción encumbra a Ciutadans

El partido españolista creado en 2006 consigue su mejor resultado

Su líder, Albert Rivera,pide a CiU que proponga otro candidato para la investidura

El líder de Ciutadans, Albert Rivera, y el número 2, Jordi Cañas, durante la reunión de la ejecutiva celebrada esta mañana en Barcelona.
El líder de Ciutadans, Albert Rivera, y el número 2, Jordi Cañas, durante la reunión de la ejecutiva celebrada esta mañana en Barcelona. EFE

El crecimiento electoral de Ciutadans (C’s) del pasado domingo, que triplicó los tres escaños que tenía en el Parlamento catalán, ha provocado sorpresa fuera y dentro de Cataluña por la singularidad del partido. Su proyección política se ha limitado hasta ahora al ámbito autonómico, pues en las municipales de 2011 solo consiguió siete concejales de los más de 9.000 que se eligieron en Cataluña. En el resto de España siempre ha fracasado el intento de crear una coalición con UPyD por la desavenencia entre sus líderes. Pero el pasado domingo lograron casi 275.000 votos, frente a los 106.000 de hace dos años.

Ciutadans se define como un partido joven, progresista y españolista, nacido en 2006 a raíz de un manifiesto de varios intelectuales catalanes, agrupados en la asociación Ciudadanos de Cataluña, con unos postulados contrarios al nacionalismo catalán y cuyo objetivo era la regeneración democrática española. Este partido no se puede entender sin la figura de su presidente, el abogado Albert Rivera, que con solo 25 años se hizo con el liderazgo del proyecto.

En las elecciones autonómicas de 2006, las primeras a las que se presentaron, apenas ocho meses después de su constitución como partido, Ciutadans obtuvo un resultado inesperado: casi 90.000 votos y tres escaños. Su cartel electoral, en el que Rivera aparecía completamente desnudo tapándose los genitales, para demostrar que no tenía “nada que esconder”, surtió efecto. Por aquel entonces, la defensa del bilingüismo era su principal preocupación, pero con el paso de los años ha madurado y ampliado su discurso para llegar a más sectores de la sociedad.

En la última legislatura catalana, C’s mantuvo los tres escaños de 2006 y Rivera se convirtió en el abanderado de la lucha contra la corrupción. Con ello, capitalizó gran parte del voto descontento por la pasividad de PP y PSOE en este asunto. Antes de la convocatoria electoral, Rivera impulsó la creación de una comisión de investigación de las irregularidades en la gestión de las entidades financieras y apoyó la de la sanidad pública catalana que propuso el PSC. En ambos casos no llegaron a iniciarse los trabajos por el avance electoral. Entre sus propuestas para acabar con la corrupción, destaca la de obligar a los partidos a responder por sus imputados en casos de malversación o la de redactar una Ley Electoral con listas abiertas y primarias obligatorias para todos los partidos. Eso y sus críticas ante los escándalos que han afectado a CiU, como el caso de las ITV o el saqueo del Palau de la Música, le han granjeado el visto bueno de la opinión pública.

Pero este no ha sido el único asunto que ha encumbrado a Ciutadans a los nueve escaños. En unas elecciones en las que la independencia ha acaparado un gran número de portadas, el mensaje de unión de Cataluña con España también le ha servido a Rivera para ganar muchos adeptos. “Cataluña es mi tierra, España, mi país, y Europa, mi futuro”, suele proclamar.

Entre los partidos contrarios a la secesión, Ciutadans ha sabido desmarcarse del PP y del PSC, sus posibles competidores. Por una parte, Rivera, que se ubica en el centroizquierda del eje político, denunció los pactos de Alicia Sánchez-Camacho con Mas, que le permitieron a este aprobar unos Presupuestos donde, en su opinión, los recortes y el fomento del separatismo fueron los platos fuertes. Además, también cargó contra el PSC por su incertidumbre interna y falta de contundencia ante el aumento del secesionismo.