Un año con alma de décadas

El Berlín Café celebra su primer cumpleaños con su nueva piel de coctelería, sala de conciertos y espectáculos, pero mantiene su espíritu originario y garantiza una de las mejores noches de Madrid

Actuación de la banda de Nacho Mastretta ayer en el Berlín Café.
Actuación de la banda de Nacho Mastretta ayer en el Berlín Café.Cristóbal Manuel

Una vez, La Shica —esa chiquilla de Melilla que tiene el punto punki de Björk y el coraje de Lola Flores sobre el escenario y que llegó hace años a Madrid para comerse el mundo y se lo comió— dijo que había un sitio con noche segura en la capital. El sitio al que “ir sola para encontrarte con cualquiera”. El lugar para “cuando no se encuentra plan”. El refugio de “cualquier músico o artista”. La casa en la que te van a querer aunque la hayas liado. Hablaba del Berlín Café.

 No se refería a aquel que hace años acogió a la escena más canalla y jazzera de la ciudad, con Jerry González, Tete Montoliu, Jorge Pardo y otras aves nocturnas desaparecidas o en peligro de extinción, a la cabeza. Sino al de hoy. El sitio que hace ya un año cambió su piel pero no su alma.

Escaleras arriba, tras esa puerta estrecha del 4 de Jacometrezo, suben cueros con tachuelas, sombreros italianos, gafas de pasta y hasta visones falsos. Una barra de espejo a la derecha y sofás y sillones de terciopelo rojo a la izquierda. Y, al fondo, el escenario, ni corto ni largo. Este club, descendiente del Josealfredo (Silva, 22) y de sus cócteles, espera hasta altas horas. Y sorprende con una jam sessión martes y domingos hasta las tres de la mañana; o con la música electrónica de los instrumentos de Redux Life and djs hasta las cinco un jueves. Y los otros días suena a rock, folk, jazz o a un cabaré descarado. En un año, por ahí han pasado todos, las viejas y las nuevas glorias. El propio Jerry con su trompeta y el saxo de Jorge Pardo, pero también la orquesta de Nacho Mastretta y el flamenco cañero de La Shica. Todos, alguna vez, han encontrado allí su sitio.

“En poco tiempo hemos logrado que los músicos sientan este lugar como suyo y que quieran tocar aquí; y que vengan y se queden y hasta se gasten el sueldo en nuestras copas”, dice Ezequiel Brid, uno de los socios argentinos que combina su trabajo en el Josealfredo con el del Berlín. Porque sí, este club tiene alma de tango pero al revés. Lo han puesto en marcha agitadores de la noche porteños, contando con el buen hacer de los nativos de la región y la fauna y la bohemia variopinta que habita o aterriza en esta ciudad.

El primer cumpleaños lo van a celebrar por todo lo alto. Más de 30 conciertos este mes que condensan lo mejor que ha subido por esas escaleras en los últimos 12 meses. El 18 de noviembre será el día dedicado a todos esos músicos que le han dado vida en los últimos tiempos: “Intentaremos que vengan todos”, comenta Brid. Y el broche de oro lo pondrá el trompetista británico Matthew Halsall el 30 de noviembre.

El Berlín Café ha logrado en tiempo récord algo que, con una crisis apremiante, parecía imposible: hacerse un hueco en el circuito de música en vivo de la ciudad y darle una oportunidad a sus vapuleadas madrugadas.

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