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Mas, súbito profeta del independentismo

El presidente catalán gana adeptos tras su órdago soberanista

Artur Mas, en la plaza de Sant Jaume, tras su entrevista en Madrid con Mariano Rajoy.
Artur Mas, en la plaza de Sant Jaume, tras su entrevista en Madrid con Mariano Rajoy.

El independentismo, como todo movimiento que busca su tierra prometida, requiere líderes, profetas que guíen al pueblo. Artur Mas era hasta este agosto un líder político con poco de profeta y menos de independentista, pero la situación ha cambiado. La súbita conversión duró poco más de un mes: del 10 de agosto, el día que pidió una manifestación del 11 de septiembre “masiva” en apoyo del pacto fiscal, hasta el 12 de septiembre, cuando recogió el testigo del clamor independentista de la calle para hacérselo suyo y usarlo de espoleta para ganar las elecciones, avanzadas al 25 de noviembre.

Mas pasó de líder de los recortes a profeta del independentismo en seis pasos muy calculados y medidos: lanzar el órdago soberanista, confirmarlo en Madrid y ante su partido, recibir la bendición de los convocantes de la marcha y adelantar las elecciones con el objetivo de preparar un referéndum tras el fracaso del pacto fiscal. En el debate de política general, la oposición ya le acusó de mesiánico, tras un discurso épico en el que prometió pagar con su carrera política si Cataluña lograba la independencia. Algo impensable para alguien que hasta hace dos meses parecía condenado a ser recordado como el presidente de los recortes. “Mas debía elegir entre ser historia o pasar a la historia. Y ha elegido lo segundo”, ilustra un dirigente nacionalista.

La Assemblea Nacional Catalana, entidad promotora de la histórica manifestación de la Diada, escogió a Mas como su guía. Y lo demostró recibiéndole en la plaza de Sant Jaume, en un acto de adhesión incondicional que provocó tensiones en la Assemblea, hasta entonces considerada apartidista.

También los partidos independentistas se acogen al abrigo del presidente. El líder de Reagrupament, Joan Carretero, pasó de llamar en 2011 “idiotas” a los votantes independentistas de CiU a pedir el voto para la federación en las elecciones. Joan Laporta también ha reclamado el voto para CiU.

Los partidos parlamentarios combinan los gestos de adhesión a Mas con la distanciación previa a las elecciones. ERC ha rebajado el tono contra CiU y tiende la mano para “ir juntos” en el proceso. Incluso Solidaritat hizo gala de un inusual tono suave en el debate de política general: “Usted ha abierto este camino y ello le honra. Le daremos apoyo siempre que no desfallezca”, prometió el portavoz de SI, Alfons López Tena, a Mas.

La reconversión del presidente ha cogido con el pie cambiado a los partidos soberanistas, acostumbrados a que cada soflama soberanista de CiU fuera rápidamente rebajada. “Aún espero ver dónde está el truco”, dice uno de los líderes independentistas en el Parlament, con un recelo basado en la experiencia, por ejemplo con el Estatuto: Mas recortó el texto con el entonces presidente, José Luis Rodríguez Zapatero, a espaldas del presidente catalán, Pasqual Maragall.

Mientras esperan que Mas rebaje sus planteamientos independentistas (confían en la labor del líder de Unió, Josep Antoni Duran Lleida, siempre presto a rebajar las soflamas soberanistas de CDC), Esquerra y Solidaritat buscan posicionarse: SI, con un discurso más duro; ERC, reforzando su perfil de izquierdas. Los partidos deberán esforzarse en esta tarea para lograr hacer visible su discurso con vistas al 25-N. Se enfrentan a un candidato que algunos de sus correligionarios han visto como una suerte de profeta.