4.000 años de historia borrados por ley

La Sociedade de Historia Natural advierte a la Xunta de que si no rectifica provocará la “extinción” del garrano, la mayor población mundial de caballos salvajes

No hay en el mundo, según la Sociedade Galega de Historia Natural (SGHN), ninguna población de caballo salvaje más grande que la de los desconocidos garranos o ponis gallegos. El último recuento es de los años setenta, entonces eran 20.000 animales; ahora no se sabe los que quedan, pero sí que superan con creces al caballo de Przewalski,takhio salvaje mongol, famoso en todo el planeta a pesar de que no quedan más que mil. Este, prácticamente, se extinguió a mediados del siglo XX y ahora, convertido en una atracción de zoo, se intenta reintroducir a partir de las escasas manadas que conserva el Parque Nacional Hustai, en Mongolia. Gracias más que nada al cine, también se conoce en todas partes el mustang o caballo americano, pero es un cimarrón que procede de animales domesticados. Nada, como el silvestre garrano. Un cuadrúpedo de pelo espeso pendiente de ser reconocido como subespecie equina Equus ferus atlanticus desde hace unos meses, tras la propuesta que presentó Felipe Bárcena, el mayor estudioso de este poni que habita los montes de Galicia y también algunas zonas de Portugal.

Hace más de un año que la simple amenaza del decreto que estaba elaborando la Xunta para la obligatoria identificación y ordenación zoosanitaria de todos los equinos, los estabulados en explotaciones ganaderas y los que no, causó la desaparición de alguna colonia importante de garranos, como la de Vimianzo. La normativa no estaba aprobada, pero los propietarios de los animales (muchos ponis los tienen, aunque la Xunta reconoce que también los hay sin dueño) entendieron mejor que la Administración que en cuanto entrase en vigor la ley no iban a poder asumirla y tendrían que deshacerse de sus ejemplares.

El decreto se aprobó antes del verano, y la Sociedade Galega de Historia Natural acaba de registrar en la Consellería de Medio Rural e do Mar el enésimo escrito exigiendo su “inmediata derogación”: las nuevas exigencias de la Xunta son “incompatibles con la supervivencia de esta especie salvo en un museo”, y desembocarán necesariamente en su “extinción”.

El colectivo, integrado en buena parte por científicos, describe el decreto como “una de las más graves agresiones medioambientales de los últimos años en Galicia”. Una agresión que podría acabar con 4.000 años de tradición, si se tiene en cuenta que ya se representaba el aprovechamiento de esta especie salvaje en los petroglifos (Outeiro dos Lameiros, Sabucedo, Viladesuso y Campolameiro).

No obstante, pese a esta relación económica milenaria entre el garrano y el hombre, el poni gallego no es un animal doméstico. El garrano es como el jabalí, y engarzarle un transpondedor sería lo mismo que implantárselo al cerdo bravo. No se pueden limitar con cercados, microchips y otras medidas de control de sus movimientos exigidas por la actual ley.

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Y si el garrano, con todo ese valor que posee por integrar la mayor población de caballos salvajes del planeta, empieza a escasear y desaparece, el hábitat también lo va a sufrir. El poni gallego es el principal alimento del lobo en Galicia. En el centro y el oeste de la comunidad, supone hasta un 90% de su dieta. Si se estabula o se extingue el garrano, según la SGHN, las colonias de lobo ibérico, ya de por sí en peligro, padecerían un golpe mortal.

Además, la asociación que estudia desde el año 73 el medio natural gallego advierte en su nuevo intento ante la Xunta de que cada garrano “consume unas 2,5 toneladas de toxo al año”, con lo que “abre espacios y favorece al conejo, a la liebre y a algunos tipos de reptil”. Aunque estos no son los únicos beneficios que dejan a su paso los ponis salvajes: sus excrementos también sirven de alimento a varias especies de coleópteros, como el Ceratophyus martinezi, endémico de la Península Ibérica y con una de sus dos únicas poblaciones en la costa atlántica gallega, y el Silphotrupes punctatisimus, endémico de Galicia.

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