Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

Menchu Gal colorea Nueva York

La antológica de la artista lleva más de un año reivindicando su figura por diversos lugares de España. La exposición ha viajado este verano a EE UU

Una vista de la antológica de Menchu Gal cuando estuvo expuesta en Irún.
Una vista de la antológica de Menchu Gal cuando estuvo expuesta en Irún.

Menchu Gal (Irún, 1919 - San Sebastián, 2008) tenía un sueño, un único deseo: que su obra fuera reconocida. “Siempre tuvo en vida la sensación de que no había sido lo suficientemente valorada”, recuerda Edorta Kortadi, amigo de la artista y comisario general de la Fundación Menchu Gal. La pintora encomendó la misión al exdiputado general de Gipuzkoa, Juan José González de Txabarri, quien junto al propio Kortadi, al galerista de Madrid Ernesto Gutiérrez y al catedrático y crítico de arte de EL PAÍS Francisco Calvo Serraller, tejieron la fundación que lleva el nombre de la pintora. La entidad es la responsable de que desde el año pasado la antológica Menchu Gal. La alegría del colorhaya recorrido España y este verano haya desembarcado en Nueva York, en la sede del Instituto Cervantes.

Primero fue Pamplona. Luego siguieron Tolosa, Valencia, Málaga, Marbella, Irún... En el horizonte quedan San Sebastián y Bilbao, recuerda Kortadi. Todas las exposiciones, bajo el mismo título, guardan, sin embargo, diferencias significativas, por la visión particular que cada comisario haya querido dar a la muestra. Y es que en cada parada de esta peculiar gira la fundación ha contado con la colaboración de diferentes personalidades del mundo del arte. La de Tolosa, apunta el comisario, fue una de las más pequeñas en número de obras expuestas, unas 70, frente a las 100 de Pamplona, cifra parecida a las que han viajado a Estados Unidos.

A pesar de la libertad para la selección de los cuadros, todas las exposiciones mantienen el mismo eje discursivo: bodegones y naturalezas muertas, retratos y paisajes de Castilla y Navarra. Y, entre todos, el resumen de una extensa y fructífera carrera. La fundación ha contabilizado 600 óleos de la artista y otras tantas acuarelas. “Mucha gente se cree que Menchu Gal es una paisajista, pero es también una magnífica retratista”, apunta Kortadi. “De hecho, llaman mucho la atención los retratos de su madre, a la que pintaba después de muerta de memoria, de quien fuera su maestro, Benjamín Prado, o de Ramón Faraldo, en algún momento su compañero sentimental e importante crítico de arte”.

La artista siempre tuvo dudas sobre el reconocimiento a su trabajo

“Su obra no es que sea desconocida en el mercado. El Reina Sofía tiene cuadros de Menchu Gal, el IVAM de Valencia también o el Bellas Artes de Bilbao. Hay obra suya en México y en Cuba, pero sí que nos parecía que hacía falta una extensión de tipo social”, apunta Kortadi. “A Menchu Gal se le conoce en el circuito pero no a nivel popular”, reconoce.

Las cifras indican que el objetivo se ha cumplido. Todas las muestras han tenido un importante número de visitantes, según el comisario de la fundación. Él mismo tuvo que atender el verano pasado en Tolosa visitas guiadas con más de 100 asistentes. “Hablamos de Tolosa, no de una gran ciudad”, remarca.

La fundación que lleva su nombre trabaja en la muestra de San Sebastián

La fundación trabaja ahora en la muestra que se inaugurará este otoño en San Sebastián y en la de 2013 en Bilbao. Kortadi guarda para esta última, que acogerá el Paraninfo de la UPV, a los pies de la Ría, un importante encuentro con especialistas y estudiosos de la obra de Gal. Acudirán Calvo Serraller y Consuelo Císcar, directora del IVAM de Valencia, la segunda pinacoteca de arte contemporáneo más importante de España tras el Reina Sofía, recuerda Kortadi.

“No debemos olvidar que Menchu Gal, al igual que antes María Blanchard, son mujeres por derecho propio con un hueco en el mundo del arte. Ahora cualquier persona puede acceder a una Facultad de Bellas Artes, pero en su tiempo, las mujeres se casaban y estaban para cuidar de la familia. Consiguen ese espacio no por ser mujeres, si no por ser buenas pintoras", enfatiza.

De hecho, Gal, quien siempre dudó en vida del reconocimiento que se le había brindado a su obra, recibió en 1959 el Premio Nacional de Pintura. Era la primera vez que una mujer ganaba ese galardón.