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OPINIÓN

Peora sobre peora

"La excusa de que Europa nos obliga es una verdad a medias, o sea la peor de las mentiras"

Peora: acción u omisión que empeora las cosas. Peora sobre peora: nuevo villancico navideño que sustituye al de campanas sobre campanas. Precisiones etimológicas a un lado, empieza a ser un clamor el que la paquetería de Rajoy es una ruina. Los sucesivos paquetes de medidas/ajustes no solo son profundamente regresivos e injustos haciendo recaer sobre los más y los más débiles el coste de una crisis provocada por la avaricia sin fin de bancos y promotores y permitida por la ceguera o anuencia de la administración. Además, son preclaramente ineficientes salvo que yo esté confundido a un nivel superior, que podría ser. Si nuestro bien amado PIB es el sumatorio del consumo privado, el consumo público, la inversión o formación bruta de capital (pública y privada) y las exportaciones o demanda externa, que Dios nos coja confesados.

El consumo privado no levanta cabeza desde hace tiempo y lo más razonable es que descienda todavía más. Con las tasas de paro por las nubes, las reducciones salariales y las subidas de impuestos se impone la estrategia conservadora y la ausencia de alegrías consumistas. Un aumento del IVA no supondrá mayores ingresos porque habrá más empresas que se sumerjan o salgan del mercado y más paro.

El consumo público, es decir, el gasto corriente de las administraciones públicas en personal, bienes y servicios está sometido a una cura de adelgazamiento intensivo que además de desmantelar el escaso estado de bienestar que habíamos alcanzado deprime la actividad privada tanto por la vía de la reducción de plantillas como por la vía de la disminución de la demanda para las empresas proveedoras del sector público que son legión.

La inversión o formación bruta de capital privada tiene dos componentes: la inversión residencial (viviendas) y la no residencial (bienes de equipo, maquinaria etc...). De viviendas vamos servidos por los excesos de la burbuja, no se sabe cuando se colocará el stock de viviendas sobrantes y no es previsible que en varios años el sector se normalice , aunque sea con niveles de actividad bajos. Por lo que a la inversión estricta se refiere, los índices de confianza empresarial y de expectativas de futuro positivas son poco halagüeños y los empresarios son poco propensos a la filantropía.

De la inversión pública mejor no hablar: el tijeretazo en infraestructuras de todo tipo ha sido monumental con los efectos de arrastre negativos que ello supone para el sector privado que ve como disminuye su cartera de pedidos.

Por último, las exportaciones parece que se comportan de forma positiva en los últimos tiempos pero son incapaces de soportar la rémora de los demás y, por si fuera poco, la renuncia a mantener y/o aumentar los gastos en investigación nos hará a medio plazo menos competitivos en el exterior.

Por tanto, ya ven ustedes: la suma de A+B+C+D solo conduce a una economía en regresión, con más paro, menos PIB y, por tanto, menos rentas disponibles. Y si la base económica del país se reduce, no habrá subida de impuestos que consiga aumentar los ingresos públicos, el déficit y la deuda acumulada seguirán aumentando y no se vislumbra ningún milagro que permita pagar los intereses y amortizar la deuda pública y privada.

¿Dónde está el truco? Me temo que no existe, que este gobierno de incompetentes nos propone un viaje a ninguna parte. Toda la estrategia electoral del PP se basó en propagar a todos los vientos que con ellos volvería la "confianza" de los mercados. ¿Se creen que los inversores son estúpidos y van a fiarse de un país a la deriva? Si el coste del dudoso control del déficit es un país empobrecido y sin política de crecimiento alguna, ¿a qué crédito político y financiero podemos aspirar?

¿Había otro camino? Evidentemente, y el "no hay alternativa " es de pésimo gusto. De momento, pedir esfuerzos colectivos exige depurar responsabilidades, un pequeño detalle ético del que huyen como de la peste. Tampoco estaría mal que los bancos asumieran claramente el coste de su necesario saneamiento, que desapareciese el bochorno de las SICAV( sociedades de inversión colectiva donde las grandes fortunas cotizan a tipos ridículos), que desapareciese la ficción de la imposición directa que sólo pagan los asalariados (¿por qué no una imposición sobre el consumo con muchos tramos como fuente principal de ingresos públicos?), que se renunciara a la vergonzante, vergonzosa e ineficaz amnistía fiscal, que las primas de la Roja no sonrojaran y que los jueces impartieran justicia.

Pero, al margen de detalles que serían de agradecer, este país no puede tener tasas de paro tan altas y, sobre todo, una tasa de paro juvenil que se acerca al 50% (y ahí hay menos fraude). Es un despropósito y un despilfarro que no admite la inacción. ¿Cómo podemos crecer? ¿En qué sectores o tipos de empresas? ¿Cómo movilizar los recursos ociosos? Si no son capaces de suscitar esperanza alguna, ¿qué hacen en política? Estamos hartos de enterradores, de agoreros, de incompetentes, de cínicos. El déficit se puede controlar de muchas formas y hay muchas clases de recortes que no suponen destrozar la sanidad, la educación, la atención a los mayores y a los dependientes, la cultura, la innovación. Y no podemos estar esperando que la virgen se nos aparezca y nos anuncie cuándo y cómo creceremos, cuándo y cómo acabará esta pesadilla, cuándo y cómo volveremos a gozar del horizonte.

La excusa de que "Europa nos obliga" es una verdad a medias, o sea la peor de las mentiras. El saneamiento bancario y el control del déficit admiten más de un camino y han elegido el peor. El problema es que depurar responsabilidades y tomar decisiones "ejemplarizantes" tiene tan poco predicamento en el PP como exigir más a quien más tiene (Suiza está a un click) o abordar en serio la economía sumergida, el fraude fiscal , los acrisolados privilegios de impostores y ventajistas y las fuentes de ineficiencia del sistema político-administrativo. No es imposible. Es que, como decía Fuster, sencillamente "no volen".