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Reparación de urgencia al edificio de la antigua librería Fuentetaja de Madrid

La carcasa de madera y cemento amenaza con caerse, por eso se harán cargo de la reforma

La factura la pagarán los dueños por negligencia

Estado del edificio donde se encontraba la librería Fuentetaja, en la calle San Bernardo. Ampliar foto
Estado del edificio donde se encontraba la librería Fuentetaja, en la calle San Bernardo.

El sueño de la razón ha dejado un cadáver en descomposición en el centro de la ciudad, una carcasa de madera y cemento con las costillas abiertas en la que antes florecía una de las principales librerías de Madrid, y que ahora afea la calle San Bernardo, estorba sus aceras y amenaza además con venirse abajo sobre los viandantes. El Ayuntamiento de Madrid está asegurando el edificio para evitarlo, y a partir de junio, cuando concluyan estas tareas, tendrá que repararlo con dinero público, toda vez que sus propietarios no quieren saber ni contestar. Eso sí, la factura de las actuaciones se les pasará después, tal y como se explicó en la comisión municipal de Urbanismo a requerimiento del líder de Unión, Progreso y Democracia, David Ortega.

Cualquier historia de decadencia, enfermedad, muerte y podedumbre es triste. El edificio del número 48 de la calle San Bernardo era propiedad del dueño de la librería Fuentetaja, Jesús Ayuso (que vivía en la primera planta), y de sus socios. La tienda de libros había abierto sus puertas en 1959. Medio siglo después, en 2005, sus propietarios presentaron al entonces alcalde y hoy ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón, un proyecto para convertir el bloque entero en un centro cultural. Se trataba de una corrala del siglo XVIII, protegida parcialmente como patrimonio historico-artístico, que, una vez rehabilitada, podría usarse para presentaciones de libros, conferencias, representaciones teatrales y conciertos.

Ayuso envió siete cartas al exalcalde al respecto, que, según contó a este periódico, Gallardón respondió “muy rápidamente y compartiendo interés por el proyecto”. “Pero, tal cara me pusiste, tal cuerpo me dejaste”, añadía Ayuso. A la octava, de marzo de 2007, ya no respondió Gallardón. Rezaba así: “Querido Alberto, [...] habida cuenta del último incidente […], que ha supuesto la rotura del muro de la fachada de la librería, nos vemos obligados a cerrar nuestras puertas. La urgencia por el cambio de uso del inmueble ya no es sólo una cuestión de querer llevar a cabo el proyecto de convertirlo en un centro cultural, sino que ya es una cuestión de mantener en pie el inmueble […]”.

El librero precisaba un cambio en el uso urbanístico del inmueble, de residencial a terciario, para convertir la corrala en centro cultural. No lo obtuvo a tiempo. La librería tuvo que cerrar, ante el riesgo de que el edificio entero se viniera abajo. Los técnicos decretaron su derribo por ruina, no sin antes recordar un expediente de denuncia de 2005 por unas obras de rehabilitación llevadas a cabo en la cubierta de forma ilegal por parte de los dueños en 2003.

Los técnicos, que ordenaron su demolición inmediata en el plazo de cinco días, concluyeron que, sobre unos muros de carga en mal estado, se había construido una nueva cubierta con estructura metálica de una altura dos metros superior a la original. Los dueños recurrieron y paralizaron la demolición, atendiendo a su valor histórico; cayó sobre sus espaldas el coste de rehabilitar la fachada, un elemento protegido que, al final, se acabó por tirar abajo en 2008.

En 2010, el edificio cambió de manos. Siguió abandonado, y hasta llegó a estar ‘okupado’. Dos años después, en abril de 2012, el Ayuntamiento decidió intervenir ante el riesgo que suponía el inmueble: en primer lugar inició la puesta en marcha medidas de seguridad para evitar que se viniera abajo, que concluirán en junio.

A preguntas de UPyD, los responsables de Urbanismo del Ayuntamiento explicarón en comisión que “la rehabilitación del edificio no ha llegado a empezar nunca”. “No hay ninguna licencia que la ampare. Se ha requerido a los propietarios que tomen medidas de seguridad, pero [la petición] no ha fructificado”, añaden. El Ayuntamiento ha tenido pues que apuntalar la fachada y retirar los contrapesos colocados en la vía pública. Luego reparará la cubierta y las plantas inferiores en ejecución subsidiaria, es decir, pasando la factura a los dueños por su negligencia.

¿Cuándo desaparecerá ese cadáver de la calle San Bernardo? “Es imprevisible porque hay mil recursos” en marcha, asegura el Ayuntamiento.

Ayuso y sus socios trasladaron la librería Fuentetaja y sus 150.000 volúmenes al otro lado de la calle San Bernardo, al número 35, donde reabrieron el local semanas después de escapar del edificio en ruinas. Ganaron espacio, con dos plantas y sótano y una pequeña cafetería para leer. Cerraron definitivamente hace unos meses.

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