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Ponga un grafiti en su parroquia

El vicario de Santa Eulàlia de Provençana quería “dar un poco de vida” a su iglesia y recurre al grafiti

El edificio religioso está construido al lado de una ermita románica del siglo XII

El artista gráfico Rudi trabajando en el ábside de Santa Eulàlia de Provençana (L'Hospitalet de Llobregat).
El artista gráfico Rudi trabajando en el ábside de Santa Eulàlia de Provençana (L'Hospitalet de Llobregat). EFE

“La verdad es que hacía falta dar un poco de vida a la iglesia”, confiesa mosén Ramon Mor, vicario de Santa Eulàlia de Provençana (L’Hospitalet de Llobregat) desde hace menos de un año. Es una parroquia humilde, con una iglesia neorrománica construida en 1957 que tiene al lado una ermita románica de principios del siglo XII. “Aquí antes había una plantación de tomates”, contextualiza Mor, que asegura que necesitaba vigorizar el edificio parroquial, lavándole la cara, y que empezó a buscar cómo hacerlo.

El cura tiene estudios de Bellas Artes y su sensibilidad le empujó a buscar en Internet a algún artista capaz de tamaña empresa. Mor pensó en los grafitis. Así, empezó a buscar y a “pedir presupuestos por curiosidad”. Le pedían entre 35.000 y 40.000 euros. Demasiado para un cura de barrio. Pero casi sin querer encontró a Rudi, que se quedó alucinado con la petición del párroco y quizá por eso aceptó de inmediato, y por un competitivo precio, que no ha trascendido. Desde Alicante y junto con un compañero de nombre House, emprendió el reto a ciegas. “No sabían qué venían a hacer”, confiesa Mor. De hecho, pensaban que venían a pintar un muro exterior y se encontraron un ábside y un sueño: recrear, con licencias, Santa Maria de Taüll. Con toques pop, claro.

El encargo de la parroquia era diáfano: incluir las imágenes de la Virgen y el Niño; la patrona, santa Eulàlia, y una familia que simbolizara a los fieles de este barrio obrero de L’Hospitalet, el de Santa Eulàlia, claro está. De hecho, hay más elementos. En la representación de la comunidad, de los fieles, del barrio, hay una niña que aguanta un tiesto con una planta y eso es fruto de la improvisación. “Fue Rudi quien dijo que ese elemento simboliza el ecologismo y que el amor a la naturaleza es algo en lo que estaríamos de acuerdo, y está bien así”, revela Mor. También en la esquina inferior derecha hay un perro y un gato que, lejos de estar enfrentados, miran juntos hacia el horizonte. Tanta poesía entre can y felino no es casualidad. Para mosén Mor se debe a “la voluntad de complementarse” entre ambos animales, a menudo símbolo de peleas irreconciliables.

El cura quiso que los artistas se empaparan de románico catalán visitando el MNAC

Pero no todo ha sido fácil en esta historia de éxito. Primero, Ramon Mor conminó a Rudi y a su escudero House a impregnarse de románico pirenaico catalán con alguna visita intensiva al MNAC, verdadero santuario de este estilo. Hubo un mes de trabajos preparatorios. Y luego, “Rudi presentó unos bocetos maravillosos, fantásticos, totalmente sorprendentes”, apunta Mor, que añade que fue “una sorpresa muy agradable”.

Hoy los trabajos están muy avanzados, a punto de caramelo. La técnica grafitera y el buen hacer de Rudi lo hacen posible. En los otros presupuestos le habían propuesto al párroco trabajos por dos meses. De hecho, el mismo cura apunta, coqueto, que “si hubiera tenido tiempo”, lo habría hecho él mismo, pero que el empuje de Rudi y House ha sido más que suficiente. Mor confiesa que les ha tenido que “frenar” porque su reto les hizo crecer. Eso, y que son “artistas que quieren tener nivel”, certifica el mecenas de L’Hospitalet. Arte pop románico para animar a la parroquia.