FRANCISCO LETAMENDIA, ‘ORTZI’

“Hoy, hay más tragaderas en la izquierda ‘abertzale”

Francisco Letamendia se lanza a la novela negra con 'La Mujer en la Cueva'

Francisco Letamendia, ayer en San Sebastián donde presentó su novela.
Francisco Letamendia, ayer en San Sebastián donde presentó su novela.javier hernández

Abogado laboralista y defensor en el juicio de Burgos, político abertzale y diputado en las Cortes, antes de ejercer como profesor de la UPV todos estos últimos años, Francisco Letamendia, Ortzi, (Donostia-San Sebastián, 1944) se reconvierte, ahora, en el papel de escritor. “Amateur primerizo de 68 años”, como el mismo se define para este nuevo reto, Letamendia con La Mujer en la Cueva se lanza a la novela; a la “novela negra”, cuya trama se inicia en octubre de 1983, doce días antes del comienzo de las actividades de los GAL, y se desarrolla en Euskadi y en Francia. De lectura fluida y escrita con humor, como en los clásicos del género, hay crímenes sobrenadando en la corrupción policial, tráfico de drogas y violencia política en este thriller de esos llamados años de plomo.

Pregunta. Abogado, político, profesor universitario, y ahora escritor novel, ¿cómo se le ha ocurrido esa incursión en la literatura?

Respuesta. Ese gusanillo le he tenido siempre y de hecho hace treinta años escribí una cosa que era muy mala y se titulaba El chivo expiatorio. Se metieron conmigo con toda la razón del mundo. No era ni novela, ni nada parecido. Ahora tengo 68 años, luego por tanto he vivido mucho más, he leído muchísimo más y desde luego no solo novela negra, sino todo tipo de cosas. He visto muchísimo cine, y en mi novela hay una gran influencia del cine muchas veces superior a la literatura. Luego, los años y estar un poco de vuelta de muchas cosas te da también esa distancia sobre ti mismo. Me ha permitido, por ejemplo, sacar un personaje que se parece algo a mí pero con mucho sentido del humor, aunque él acaba con su vida y yo sigo como superviviente.

‘La mujer en la cueva’, la novela negra del profesor y expolítico

P. ¿Por qué ese reto, ahora?

R. Porque he terminado con el ciclo del ensayo académico. En el ensayo hay cantidad de cosas de tu experiencia vital que en el no salen. Tengo ganas de hablar de eso, y a mí no me van las autobiografías porque son en parte exculpatorias.

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P. Y en la novela le permite a uno ser más complaciente con uno mismo.

R. Y con los demás, porque es una novela donde los buenos no son totalmente buenos y los malos tampoco. En ella, no hay más que una persona exclusivamente mala, pero es necesaria. Es esa la razón. Y lo que persigo no es hacer lo que antes se llamaba una novela de tesis. No, no, lo que persigo es que la gente lo pase bien leyéndola. Lo que pasa es que mi material, mi materia prima, son cosas que he vivido pero que las deformo mucho. Es decir, no pretendo hacer una novela tesis, ni tampoco una novela de reportaje. ! Hombre! hay datos concretos como cuando la gente se pone a hablar, y esos datos están perfectamente fechados y comprobados, lugares y acontecimientos, por ejemplo. Incluso hay algún discurso que está sacado de un libro, Terrorismo Internacional, de Casinello. Los datos del contexto histórico son en efecto exactos; de algo tenía que servir haberme pasado toda la vida académica historiándolos y analizándolos. Pero la trama concreta de la novela es enteramente ficticia y no persigo la verosimilitud. Hay tramas como acciones del GAL, y yo entiendo que cada cual es libre de pensar lo que quiera. Las diferencias en la novela son a efectos literarios, aunque luego en la realidad no lo estaban.

P. Uno de sus personajes principales, Ramón Zubia, es parlamentario, como lo fue usted.

R. Hay muchos datos autobiográficos míos, mezclados con cosas totalmente inventadas. Este, por ejemplo, es huérfano de madre e hijo único. Yo tuve un padre y una madre, a los que quería mucho, y tengo nueve hermanos. Aquí, hay datos y tramas, y luego me invento personajes como esa prostituta de Barcelona, un poco como acercamiento a esta gente necesitada, con un sentimiento de solidaridad enorme que tuve en esos años y que es mío. Al igual que mis años de exilio que viví con una soledad absolutamente abrumadora. Todo esto muy deformado, con un personaje que es inventado que es Beñat, pero que refleja, también, los sentimientos de hostilidad con los que me encontraba en nuestra gente y en el aparato. Eso quería sacarlo en algún momento y en un ensayo no lo podía hacer. De hecho, esta novela la empecé a escribir hace diez años con motivo de un follón que tuve con la cátedra, y al poco tiempo me di cuenta de que eso no podía salir, y me paré. Ahora, pienso que hay más tragaderas por el lado cultural y en la izquierda abertzale. Hoy, no van a decir nada. Hace diez años si digo esas cosas me hubieran montado un buen cristo.

“Ahora, ¡a divertirse, qué coño!”, reconoce el autor desde su actual situación

P. En su novela también denuncia lo que en esa época se conoció como guerra sucia y el inicio del GAL.

R. El inicio de la guerra sucia coincide, también, con el inicio de una línea del bloque dirigente de la izquierda abertzale que fue dura, monolítica, sin ninguna apertura, y de la que le costó años, salir; que fueron los años de plomo. En cuanto a la guerra sucia, ahí sí que no describo hechos reales. Me invento una trama en la que el GAL no es protagonista, pero si personajes como Jonás, o el corrupto Ordaz, y las complicidades de policías y servicios secretos, que, también, están presentes. Es una historia inventada, pero que me sirve para abordar desde la esquina algunos de los temas de la violencia política como novela negra.

P. ¿Pero por qué un thriller, una novela negra?

R. Porque me gusta mucho y porque engancha. A mí me ha enganchado, y lo que pretendo es que lo hagan mis lectores. Más que thriller es novela negra. Una novela negra es una novela en la que ya estructuralmente tú estás denunciando temas de corrupción y de brutalidad policial. Ha habido violencia terrorista y ha habido otra. Entonces, como es también un thriller, está perfectamente justificado para reflejar una serie de hechos que me apetecían contar, pero es un relato del lado oculto de la luna. Pero es, también, una novela de gran amor, con toques apur bat (un poco) eróticos.

P. ¿Podemos decir que en este país, también, hemos vivido dramáticamente un continuo thriller?

R. Claro, y un thriller a ambos niveles, pero la otra parte también la voy a tratar. En todo este tiempo, de veinte o treinta años, se me han ido acumulando en la cabeza una cantidad de tramas, de personajes que luego funcionan por su cuenta. Pero para que te enganche, todos los personajes tienen que tener algo tuyo, incluso, en los lados más cabrones y tenebrosos. Hay cosas de ti que se ponen a funcionar. No soy novelista soy un amateur. ¿Por qué he escrito esto?: era lo más corto y lo más fácil. Tengo en la cabeza tres o cuatro novelas más, y si me da el cuerpo…

P. Entonces, en cuanto se jubile, ¿se dedica a la literatura?

R. Claro, y a eso quiero dedicarme. Todos estos últimos años no han sido muy gratificantes, ni muy provechosos a nivel académico, luego por tanto…A punto de jubilarte, y con los años, te das cuenta afortunadamente que el “qué dirán” te preocupa cada vez menos. Ahora, ¡a divertirse, qué coño!

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