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OPINIÓN

Aplaudir a Raúl

La semana próxima va a suceder algo extraño en San Mamés. Soy poco futbolero, así que entro con mucha precaución en el tema. He intentado que me guste el fútbol, he insistido, pero me pasa como con el whisky, que no me entra. En cambio sí me gusta todo lo que tenga que ver con el morbo, la cizaña y el cotilleo. Por eso me produce cierta curiosidad la visita del Schalke 04 a la Catedral. Porque no es sólo un equipo alemán contra el que toca jugar en la Europa League, sino el equipo de Raúl. De Raúl González. El del Madrid. El mítico.

Un amigo me decía que la visita de Raúl es como cuando te encuentras a alguien conocido en un viaje por China. A lo mejor es la típica persona a la que sólo saludas rápidamente cuando te la cruzas por la calle, pero claro, te topas con ella en pleno Pekín y a lo mejor el asunto deviene en una charla de cinco minutos o incluso una cena. De la misma manera, el Schalke no son sólo un grupo de alemanes que vienen a darle la vuelta a la eliminatoria, sino el equipo de un jugador que ha pisado San Mamés en múltiples ocasiones, casi siempre enfundado en una camiseta color merengue.

Entonces, ¿qué se hace? ¿Se aplaude a Raúl? ¿Se le abuchea? Por lo que me han contado, Raúl es un jugador elegante, de esos que gustan en San Mamés, y además marcó dos goles en la ida, pero claro... ¿Cuánto pesa su pasado madridista? Lo digo, sobre todo, porque en Euskadi siempre ha existido una doble moral con los gigantes Barcelona y Real Madrid. Pasaba cuando uno de la Real Sociedad se iba al Barça y se aplaudía su marcha con el argumento de que “iba a prosperar”. Pero en el caso del Madrid, el fichaje adquiría tintes de traición. ¿Por qué? Política, ¿no? Es un asunto que tiene que ver con que el Real Madrid es el equipo del régimen, sea cual sea el que esté vigente.

Digo todo esto sin tener ni puñetera idea de si se debe o no aplaudir a Raúl en San Mamés, porque en realidad todo esto viene de que me ha recordado un sketch que hicimos en Vaya Semanita hace años. Era la Eurocopa 2004 en Portugal e hicimos una parodia de debate político donde se decidía qué goles de la selección española debía celebrar un vasco y los que debían mantenerle impasible. Si el gol era de Etxeberria obviamente se celebraba. Si se marcaba a pase de Xabi Alonso, el tanto era vitoreado a medias, sobre todo si en la jugada había participado un catalán o gallego. Por el Galeusca. El tema que suscitaba más polémica era si el portero español paraba un penalti. ¿Debía ser motivo de alegría? Un poco, porque Casillas es del Madrid, pero por lo menos se llama Iker. Es verdad que el fútbol no me interesa, pero todas las chorradas de alrededor me encantan.