El giro social de la ‘kale borroka’

Policías y sociólogos coinciden en desligar el rebrote de la violencia callejera de cualquier estrategia política La herencia radical y la crisis resultan claves

Una sucursal de Caja Laboral fue atacada durante la madrugada de ayer en Bilbao.
Una sucursal de Caja Laboral fue atacada durante la madrugada de ayer en Bilbao.ALFREDO ALDAI / EFE

La huelga general de anteayer y los incidentes que le acompañaron, que se saldaron con 13 detendios, otros tantos imputados, y nueve heridos, entre ellos cuatro ertzainas, no solo han evidenciado el profundo malestar de los ciudadanos por la situación económica. Más allá de simples protestas laborales, el ataque a dos ertzainas en Bilbao, la quema de contenedores e incluso el lanzamiento de cócteles molotov contra una subestación eléctrica de Berango han reavivado el recuerdo de una kale borroka organizada que parecía ya de otro tiempo. No han sido los únicos acontecimientos de las últimas semanas cortados por el mismo patrón. El manual de violencia callejera sigue vigente, aunque policías y sociólogos coinciden al apuntar su progresiva desvinculación de cualquier estrategia política.

La madrugada de ayer prosiguieron los incidentes con la quema de un cajero en Bilbao y de ocho contenedores en Vitoria y un sabotaje a la línea de Renfe en la localidad alavesa de Iruraiz-Gauna.

El propio consejero de Interior, Rodolfo Ares, reconoció a mediados de mes, en el Parlamento, la existencia de “nostálgicos” de la kale borroka, si bien matizó que sus últimas acciones estaban más vinculadas a conflictos laborales o protestas anticapitalistas que a represalias por la detención de miembros de ETA. Las algaradas derivadas de la huelga general parecen confirmar esta tesis, así como el giro social de una violencia callejera que se mantiene en sus formas, pero que no persigue los mismos objetivos. Los expertos dudan incluso de que estos últimos estén claramente definidos y atribuyen las acciones a la “herencia de una concepción radical de las protestas”, motivadas en el contexto actual por la difícil situación económica.

Los sabotajes han rebrotado en los últimos días, pero carecen de altavoz

Aunque sin obviar que algunos detenidos por los últimos sabotajes tenían antecedentes por otros episodios de aquella kale borroka asociada a la antigua Batasuna, no es menos cierto que la violencia callejera no encaja a día de hoy con la apuesta política de la izquierda abertzale y sus buenos resultados en las elecciones. Quizá por este motivo, la desvinculación ha sido inmediata, incluso por parte del Gobierno vasco, que en ningún momento ha acusado a la formación soberanista de alentar los ataques. El portavoz de Amaiur en el Congreso, Xabier Mikel Errekondo, relacionó la pasada semana las últimas algaradas con un fenómeno de nuevo cuño que achacó al malestar ciudadano derivado de la crisis económica. Aún así, recalcó que “cualquier expresión de violencia” está “fuera de lugar”, con independencia de su motivación.

Desde el marco policial se investigan ahora las posibles causas de la nueva violencia callejera y su grado de organización, así como el porqué de su rebrote en las últimas semanas, cuando a fines de 2011 casi se había dado por desaparecida. Es este último aspecto el que más incertidumbre genera, pese a que los incidentes siguen siendo puntuales y no parecen de entidad como para motivar una profunda investigación por la Ertzaintza u otras fuerzas de seguridad. Se da por hecho que su recorrido es escaso. De hecho, Euskadi no muestra una tasa de sabotajes callejeros superior a la de otras muchas comunidades. La principal diferencia, en realidad, radica en la interpretación que de los mismos se hace.

Coincide en este extremo el sociólogo Ander Gurrutxaga, quien vincula los incidentes con “fenómenos urbanos” similares a los registrados recientemente en Madrid, Barcelona o París. “Los estallidos de los fines de semana son propios de las sociedades modernas”, asegura el experto, quien considera: “No se puede hablar de kale borroka como la hemos entendido hasta la fecha, sino de rescoldos derivados de la tensión social y económica, más que de una motivación política”.

Gurrutxaga recalca que este tipo de actitudes violentas “no tienen anclaje sobre ninguna realidad social” y que suponen un fenómeno “bastante controlado”, ya que, a diferencia de épocas pasadas, no goza de ningún altavoz político. Ese es, a su juicio, el gran cambio. Según ratifica, “la izquierda abertzale ya ha dado el paso definitivo con su apuesta por las vías democráticas. No hay marcha atrás”.

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