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"Soy el último tractorista de Madrid"

Miguel Serrano, de 60 años, confía en poder jubilarse trabajando el campo de Vallecas debido a la crisis urbanística que ha paralizado el plan de Valdecarros

En pleno culebrón sobre la posible instalación del llamado Las Vegas español, una de las posibles ubicaciones que ha trascendido para esta iniciativa auspiciada por el magnate norteamericano Sheldon Adelson es Valdecarros (Madrid). Pero mientras tanto, Valdecarros es un inmenso terreno de secano en el que el tractor de Miguel Serrano, de 60 años, es el auténtico rey de una finca que el Plan General reserva para la construcción de 50.000 viviendas, que serán ocupadas por unas 150.000 personas.

Situado al sureste de la ciudad y pegado al Ensanche de Vallecas, este plan parcial es el mayor de España, y según sus promotores, uno de los mayores de Europa. Pero mientras los empresarios y el Ayuntamiento de Madrid se deciden a construir esta nueva ciudad, que tendría una población similar a la de Salamanca, 140 de las 270 hectáreas siguen produciendo, según el año, hasta 200.000 kilos de cebada: “Los dueños de las tierras, la familia del Marqués del Villar [Luis Roca de Togores], los venden a fábricas de pienso para alimentar vacas u otros animales”, explica el propio Miguel Serrano, que asegura ser el último tractorista que trabaja en la capital: “No estoy seguro de si alguien lo sigue haciendo en Vicálvaro. Pero creo que todos se han retirado ya. Soy el último tractorista de la ciudad de Madrid”.

Miguel Serrano, a los mandos del tractor con el que trabaja en la zona de Valdecarros. ampliar foto
Miguel Serrano, a los mandos del tractor con el que trabaja en la zona de Valdecarros.

Miguel es de Vallecas “de toda la vida” y, siendo un niño, entró a trabajar con su su tío para los marqueses del Villar: “Hemos plantado cebada, trigo y hasta girasol”, explica este hombre, que inicia su jornada de trabajo en el campo a las nueve de la mañana y la finaliza “cuando se pone el sol”.

Todos los días se desplaza hasta el almacén donde guarda el tractor, en Perales del Río (Getafe), y montado en él se desplaza hasta Valdecarros, pasando por el camino de Valdeculebras y por el Camino Viejo a la Casa de Eulogio. “Voy en el tractor desde Perales, y mucha gente del Ensanche de Vallecas que pasea a sus perros o va en bicicleta de montaña me para y se interesa por lo que hago. Yo les digo que planto una cosa u otra y se quedan alucinados”, relata Serrano. Igual de extrañados que se quedan sus propios vecinos, de Vallecas, cuando oyen a Miguel decir en el bar que trabaja en el campo, “a unos 10 kilómetros de la Puerta del Sol”. “Casi nadie se lo cree. Les digo que si quieren, pueden acompañarme en el tractor”, asegura divertido.

Serrano sostiene que el estallido de la burbuja le ha dado un respiro y que podrá jubilarse de tractorista: “Llevo labrando 46 años en Valdecarros. Todavía me acuerdo cuando trabajaba la tierra en lo que ahora es el centro comercial de La Gavia. Ahora sí que espero jubilarme en el tractor. Seguiré aquí hasta que los dueños me digan qué se va a hacer con el suelo. Pero parece claro que pasarán muchos años y aquí no se va a construir nada”, afirma este hombre que añora la época, hace más de 20 años, cuando había una treintena de tractores en la zona y varias casas de labranza.

El plan parcial de Valdecarros cobrará gran importancia por su ubicación, muy cerca de la M-50 y de la M-45, y porque está pegado a la línea del AVE a Barcelona. Pero tiene un problema. Que está situado cerca de la Cañada Real Galiana, que cuenta con una población marginal muy importante. “A veces llega gente con sus caballos y me estropean el sembrado. Y encima no les puedes decir nada. Tampoco puedes decir nada si ves camiones echando escombros, ya que, si quieren, te buscan las cosquillas”, se lamenta Serrano, que dice haber sufrido numerosos robos.

Otro de los problemas que padece este tractorista, y en esto no difiere mucho de sus colegas de las zonas rurales de toda España, es que todos los días su tractor consume unos 150 litros de gasoil: “Y eso son unos 2.800 euros al mes, que pagan los marqueses, propietarios de la inmobiliaria Zapata, que son los dueños del terreno”.

Las 140 hectáreas producen unos 200.000 kilos de cebada

Pero mientras sus jefes esperan el maná del plan parcial de Valdecarros, cuya junta de compensación encabezan, o del nuevo Las Vegas del multimillonario norteamericano, Miguel Serrano está preocupado por la cosecha de este año: “No ha llovido nada. Si no hay humedad en este terreno, que es de secano, se puede echar todo a perder. Esperemos que llueva un poco y podamos traer la cosechadora en junio. Y que vendamos la cebada, con la que perfectamente se podría fabricar la cerveza Mahou”, bromea.

Miguel Serrano asegura que, pese a los inconvenientes de la delincuencia, su oficio le hace feliz. “Estoy muy tranquilo en el tractor, porque siempre tengo puesta la radio; la calefacción cuando hace frío; y el aire acondicionado cuando el cristal de la cabina eleva las temperaturas”.

La finca podría albergar la ciudad del juego conocida como Las Vegas

Teniendo los pies sobre el camino de Valdeculebras, cualquiera puede contemplar dos paisajes de contraste. Si mira a la izquierda verá una urbe, y si lo hace a la izquierda, un campo típicamente castellano. O una colina con una plantación de secano, a la derecha; o la figura de decenas de edificios, muchos de ellos totalmente vacíos, o el centro comercial La Gavia, a la izquierda. Una vista en la que pasa el AVE o se oye el ruido de los coches de la M-50, en contraposición a la otra vertiente, la de un terreno rural en el que solo desentonan los postes de luz y cuyos surcos de labranza aprovechan de forma indistinta las perdices y algunos hombres que recolectan collejas. Una planta cuyo interés se ha disparado.

Pero lo que Serrano ve todas las mañanas son conejos y perdices, muchos de ellos corriendo asustados por los perros que pasean junto a sus dueños todas las mañanas por el camino.

Subido en el tractor, mientras escucha la radio, Miguel Serrano sonríe ante la oportunidad que le ha brindado la crítica coyuntura económica. “Todo tiene que llegar, tarde o temprano, pero a su hora. Espero que a mí me llegue subido al tractor”, resalta este hombre, con una voz que se confunde con la del locutor de radio que tanto le gusta y que le acompañará hasta su jubilación. Ahora sí, subido al tractor.

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