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Reportaje:ESPECULACIÓN EN MADRID

Sueño americano, ambición china y ¿locura española?

Sheldon Adelson, un niño pobre de Boston que se convirtió en la 16ª fortuna del mundo con sus casinos de Las Vegas y Macao, exige unos privilegios extraordinarios para invertir en España

Sheldon Adelson, niño pobre, emprendedor inagotable y encarnación del sueño norteamericano, visionario, señor del juego en Las Vegas y China (donde se le atribuyen vínculos con la mafia), "el judío más rico del mundo", intrigante que aspira a poner y quitar gobernantes a fuerza de talonario y periódicos, mecenas y filántropo tachado de mal padre y mala persona por la justicia norteamericana... y el hombre detrás de la aspiración de Madrid de albergar un gigantesco complejo de casinos a costa de pegar un buen bocado al Estado de derecho español.

Sheldon Adelson, un septuagenario enfermo que atesora una de las mayores fortunas del planeta y quiere invertir entre 15.000 y 18.800 millones de euros de aquí a 2022, creando así 164.000 empleos directos y 97.000 indirectos (la mitad del paro actual en la región). Construiría -en el barrio de Valdecarros de Madrid o en Alcorcón- un complejo de 12 hoteles temáticos, 9 teatros, 3 campos de golf... y 6 casinos que, con 1.065 mesas y 18.000 máquinas recreativas, constituirían su alma y el motor económico. ¿Cuáles son sus condiciones? Entre otras, relajar el Estatuto de los Trabajadores, la Ley de Extranjería y las normas antiblanqueo; que se construyan nuevas infraestructuras (metro, tren, carreteras) y se traslade el vertedero de Valdemingómez y las chabolas de la Cañada Real; que se le ceda todo el suelo público en la zona, reubicando las viviendas protegidas y expropiando el suelo privado; y dos años de exención en el pago de las cuotas de la Seguridad Social y de todos los impuestos estatales, regionales y locales.

El magnate pide cambiar la ley contra el blanqueo, no pagar impuestos y que se mermen los derechos de los trabajadores

Sheldon Adelson, el niño pobre, paupérrimo, nacido en un barrio deprimido de Boston en agosto de 1933, hijo de un inmigrante lituano que subsistía como taxista y una costurera. El niño pobre que dormía en la misma habitación con sus padres y sus tres hermanos y que creía que los prestamistas formaban parte de su familia porque "siempre estaban en casa". Un chico judío al que maltrataban en las calles los chavales irlandeses y que con solo 12 años tomó prestada una pequeña fortuna, 250 dólares, de un tío suyo para comprar el derecho a vender periódicos en las esquinas más prósperas de la ciudad. Un muchacho que quiso ser periodista de tribunales, vendió jabones a los hoteles junto a su hermano, creó una empresa de productos limpiacristales, ejerció de intermediario hipotecario, vendedor de casas, asesor financiero, empresario turístico...

Sheldon Adelson, el emprendedor, la encarnación del sueño norteamericano, que ha metido baza en más de medio centenar de áreas de negocio, se ha arruinado dos veces y, según sus palabras, "ha roto moldes". El emprendedor que con treinta y pico años era millonario, con cuarenta y pico era multimillonario, con cincuenta y pico era milmillonario. Que con 78 años es, según la revista Forbes, la 16ª fortuna del planeta, con 21.500 millones de dólares (7.000 más que hace un año), merced fundamentalmente a sus casinos asiáticos. Posee la mitad de Las Vegas Sands, cada una de cuyas acciones valía en 2007 casi 100 dólares, en 2009 apenas 1,5 y el viernes rozaban los 50.

Sheldon Adelson, el visionario que en 1979 se olió la importancia que iban a cobrar los ordenadores y creó una feria informática en Las Vegas, Comdex, que no tardó en convertirse en referencia internacional. La vendió en 1995 por 800 millones de dólares (de los que más de 500 se quedaron en su bolsillo). El visionario que en 1989 compró un hotel en Las Vegas y lo convirtió en el mayor centro de convenciones del país, apostando entre el escepticismo de sus colegas por los clientes de empresa para llenar sus casinos entre semana. En 1996 lo tiró abajo para construir una réplica de Venecia, con campanario de San Marcos y gondoleros incluidos. Una década después levantaría otra, similar pero más grande, en Macao.

Sheldon Adelson, el señor del juego que en 2001 convenció al Gobierno chino de que su negocio eran las convenciones de empresas y no los casinos para soslayar sus fuertes reticencias morales al respecto. En mayo de 2004 abrió su primer casino en Macao, el único enclave de China donde el juego está permitido. Costó 265 millones de dólares. En un año lo había amortizado.

Sheldon Adelson, dueño ya de tres casinos en ese enclave, que vive del juego y con un tercio de su economía en manos de intermediarios "directa o indirectamente relacionados con las triadas", según fuentes mencionadas en los cables secretos del Departamento de Estado norteamericano desvelados por Wikileaks. Este sistema de intermediarios, conocidos como junkets, es precisamente el que Adelson exige legalizar en España, lo que obligaría, entre otras cosas, a modificar la legislación nacional contra el blanqueo de capitales.

Sheldon Adelson, "el judío más rico del mundo", como él mismo se ha definido, gran pilar económico de la Organización Sionista estadounidense y del Comité de Asuntos Públicos de EE UU e Israel, el lobby político más importante de Washington en esta materia. El judío que bajó del avión en Israel con los zapatos de su padre puestos porque este (que no era muy religioso, todo sea dicho) siempre había soñado con visitar ese país. Pero que al mismo tiempo planeaba construir casinos allí, lo que escandalizó a los sectores ortodoxos.

Sheldon Adelson, el intrigante que quiere "dejar una huella visible en la historia", fundamentalmente influyendo en los políticos que pueden influir en esta: George W. Bush, Benjamín Netanyahu, John McCain, Newt Gingrich... El intrigante que considera que "la política no siempre es una disciplina transparente" y que contribuyó con su fortuna a mantener a Bush en la Casa Blanca en 2004. Cuatro años después dedicaría sus esfuerzos (y 200 millones de dólares) a la candidatura fallida de John McCain ante Barack Obama. Este año, en el proceso que decidirá al aspirante republicano que se enfrente a Obama en 2012, Adelson ha invertido ya más de 10 millones de dólares en Newt Gingrich, aunque, según contaron fuentes cercanas a la cadena ABC, "no espera nada a cambio". Gingrich va por ahora en cabeza.

Su dinero solo sirve a la causa republicana. En su juventud simpatizó con el Partido Demócrata, pero sus enfrentamientos con los sindicatos (sus casinos son de los únicos de Las Vegas con trabajadores no afiliados) y la convicción de que no por tener más dinero debe pagar más impuestos le hicieron cambiar de orilla. A medida que su fortuna fue creciendo, sus contribuciones a políticos lo hicieron en similar medida, y con ellas su deseo de ser tenido en cuenta en las decisiones.

En Israel, Adelson se revolvió contra su antaño amigo Ehud Olmert, primer ministro entre 2006 y 2009. Se esforzó por apartarlo del poder y colocar en su lugar a Benjamín Netanyahu tras encajar como una traición el apoyo de Olmert al intento de forjar un acuerdo de paz aceptando un Estado palestino. Finalmente, Netanyahu fue elegido primer ministro en 2009, en parte gracias a su apoyo financiero y periodístico.

Sheldon Adelson, el socio llevado ante los tribunales por un empresario de Hong Kong al que supuestamente contrató para que mediara con el Gobierno chino y le consiguiera la primera licencia para abrir un casino allí. A cambio, presuntamente, intervino al más alto nivel en Washington para hacer posible la adjudicación de los Juegos Olímpicos de 2008 a Pekín. El padre llevado ante los tribunales por tres de sus cinco hijos, a los que supuestamente ocultó información para enriquecerse más aún a su costa (el juez le absolvió, pero le tachó de mal padre en particular y de mala persona en general). El empresario que llevó a los tribunales a los sindicatos (sin éxito) para prohibirles manifestarse ante sus casinos, alegando que la acera le pertenecía.

Sheldon Adelson, el magnate de medios de comunicación que quiso comprar uno de los tres grandes periódicos israelíes, el Ma'ariv, y, como no pudo, fundó uno gratuito, el Israel Hayom, del que presume que ya es el más leído del país pese a su fortísimo sesgo político. El magnate de medios de comunicación que ha intentado comprar varios periódicos también en EE UU.

Sheldon Adelson, el hombre que apenas puede andar (sufre una neuropatía periférica) y llega a las reuniones de trabajo rodeado por una corte de empleados que le sostienen físicamente cuando hace falta y aparentan sentir tanta admiración como temor. Reuniones de trabajo como la decena que mantuvo en otoño con el Gobierno central (en manos entonces del PSOE), de la Comunidad de Madrid y del Ayuntamiento de la capital para cristalizar su deseo de plantar allí la cuarta pata de su imperio.

Ya lo intentó en 2007, pero la crisis dejó el proyecto en agua de borrajas. Entonces, un consejero regional madrileño, Santiago Fisas, viajó a Las Vegas para ver a Adelson. El pasado noviembre lo hizo otro consejero catalán, Andreu Mas-Colell (CiU). Adelson, trilero, juega a varias bandas, poniendo a las dos regiones a competir como ya hizo con Italia, Francia y España al anunciar hace años su intención de crear el mayor centro de convenciones del sur de Europa.

Este es Sheldon Adelson, de acuerdo con información de la revista estadounidense New Yorker, de entrevistas concedidas a diversos medios y de documentos confidenciales a los que EL PAÍS ha tenido acceso.

El anterior ministro de Industria, Miguel Sebastián (PSOE), y la presidenta regional, Esperanza Aguirre (PP), son los dos principales defensores de su proyecto en España. Esta última ha visto enfriarse sus ánimos esta semana ante la oposición del Ejecutivo de Mariano Rajoy (PP) a crear una "isla" legal en mitad de España, como sugirió Aguirre el lunes en línea con las pretensiones del magnate estadounidense. El Ayuntamiento, hasta entonces ambiguo, tomó partido después por Rajoy. Pero las negociaciones continúan. Hasta que la partida termine o alguien decida levantarse de la mesa.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 29 de enero de 2012