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ARTE

Arco cierra sus puertas con un triste balance

Los galeristas vascos se marchan de la feria con pocas ventas

La polémica con Elena Asins empaña los resultados de Altxerri

El espacio de Carreras Múgica en Arco. A la izquierda, obras de Eduardo Chillida; a la derecha, de Jessica Stockholder. Ampliar foto
El espacio de Carreras Múgica en Arco. A la izquierda, obras de Eduardo Chillida; a la derecha, de Jessica Stockholder.

Más dudas y menos ventas que en años anteriores. La crisis ralentiza las transacciones en el mercado del arte contemporáneo y aumenta la prudencia de los coleccionistas. Los pronósticos que apuntaban a negocios boyantes en la presente edición de Arco, basados en los excelentes resultados de las subastas de los últimos meses y el interés creciente de fondos de inversión especializados en arte, han fallado en el caso de las galerías del País Vasco. Al cierre de la principal feria española de arte contemporáneo los resultados de Carreras Múgica y Vanguardia, de Bilbao; Altxerri, de San Sebastián, y Trayecto, de Vitoria, arrojan en conjunto un balance sombrío.

“No ha sido un desastre, pero el ambiente ha sido triste, como corresponde con los tiempos de crisis económica que vivimos”, reconoce a EL PAÍS Ignacio Múgica, de la galería Carreras Múgica. Sin paliativos, Fernando Illana, director de Trayecto, califica la feria de “deprimente”.

El paso de Altxerri por esta edición de Arco ha quedado marcado por la polémica con la artista Elena Asins, quien aseguró ya iniciada la feria que la galería donostiarra vendía sin su consentimiento una serie de dibujos que considera defectuosos.

Petra Pérez, de Vanguardia, resume el espíritu de feria con la mezcla de la satisfacción por la buena acogida de la obra presentada y las escasas ventas. “Mucho interés y poco resultado”, concluye la directora de Vanguardia. Fueron los dos artistas que considera “promesas”, Rut Olabarri y Alfonso Batalla, los que encontraron compradores.

El Museo Reina Sofía adquiere   ocho dibujos de  Erlea Maneros  en Carreras Múgica 

Al margen de la atención que las críticas de Asins despertaron entre los visitantes de Arco, las piezas de Altxerri han tenido una buena acogida. Ha vendido varias obras de la propia Asins, algunas de ellas a Helga de Alvear, su nueva galerista e importante coleccionista de arte contemporáneo, y otras piezas de Esther Ferrer y Jordi Teixidor, los otros dos artistas con los que acudían este año a Arco.

En Carreras Múgica, la artista Erlea Maneros ha conseguido los mejores resultados. Una colección de ocho dibujos de esta autora, afincada en Los Ángeles, fueron adquiridos por el Museo Reina Sofía. “Entrar en el Reina Sofía es importante sobre todo en el mercado español. Erlea tiene ya una trayectoria en Estados Unidos y ha presentado su obra recientemente en Montehermoso [en Vitoria], pero los coleccionistas buscan valores más seguros. ¿Quién mejor para revalidar la calidad de un artista que la colección del Reina Sofía?”, apunta Múgica.

En el clima de recesión han abundado los compradores de última hora, menos impulsivos que en épocas de bonanza económica en los que las transacciones más importantes se hacían con rapidez. “Parte del ambiente de tristeza de Arco es que ha perdido el impulso que tuvo”, reflexiona el galerista de Carreras Múgica. “La gente acude a la feria, le gusta la obra y encaja el precio, pero no hay prisa por comprar. Se demanda más información y se reflexiona mucho más”, apostilla.

Y entre los clientes rezagados se presentan los buscadores de gangas. “Esperan que la galería ofrezca una rebaja para salvar el balance de la feria. Nuestra responsabilidad con los artistas y con los clientes habituales es no entrar en el juego de quienes tratan de echar un pequeño pulso a la galería tirando a los precios a la baja”, asegura Múgica.

“Este es un negocio de pocos clientes pero fieles, y no podemos hacerles trampa vendiendo más barato al que llega a última hora para cerrar mejor Arco”, prosigue. El galerista vizcaíno arremete contra la política de descuentos, “una práctica negativa y contraproducente”, dice, que aflora en época de escasos movimientos en el mercado. “Una obra de calidad tiene un precio. Si el galerista lo baja, es que no es de calidad”, añade.

Los galeristas valoran los esfuerzos realizados por Arco por atraer coleccionistas internacionales y dinamizar el mercado, pero a la vista del balance no han resultado suficiente. “No es solo una crisis de ventas sino un problema más profundo”, opina Illana. “Es una crisis de modelo de mercado de arte que afecta a todo el entramado, a los galeristas, a las instituciones y a los propios artistas. Para lo que hemos visto que ha ocurrido este año, para que el arte solo funciones como un valor-refugio del dinero en época de incertidumbre, no es necesario que exista una feria como Arco”.

Entre los contactos establecidos a lo largo de la feria los galeristas esperaban cerrar operaciones en los próximos días. “La feria no es sólo las ventas de cinco días, sino esperar a lo que se ha sembrado”, concluye Múgica.

El espacio de la galería Carreras Múgica en Arco. A la izquierda, obras de Eduardo Chillida; a la derecha, de Jessica Stockholder. / claudio álvarez