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La punta de la lengua
Columna
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Qué significa “confundirse”

Cuando uno se confunde como Feijóo sobre la dana, no sabe que se está confundiendo. Pero una confusión puede convertirse después en mentira

Núñez Feijóo reconoció ante la jueza el viernes 9 de enero que se había confundido al decir que estuvo informado “en tiempo real” por Carlos Mazón ya en el día previo a la dana, el lunes 28 de octubre de 2024, y también a lo largo del martes 29. (O sea, que debió de llamarle desde El Ventorro). Por tanto, ese “tiempo real” —clonación del inglés real time para lo que antes se decía “al instante”— vino a ser en verdad un “tiempo irreal”. Y resulta ahora que Feijóo no fue informado el lunes, sino al día siguiente; y solo a partir de las 20.59, cuando ya habían muerto más de 150 personas. El dirigente del PP hizo aquella afirmación, ahora reconocida como falsa, dos días después de la catástrofe que causó 230 muertes. Es decir, que un jueves se equivocó al mencionar el lunes anterior, y esto le pasó apenas dos días después de los hechos a los que se refería, ocurridos el martes. De ello se deduce que tenemos un candidato a presidente que no sabe en qué día vive.

Feijóo declaró el 31 de octubre de 2024: “Desde el pasado lunes [28] me ha venido informando [Mazón] en tiempo real; me venía diciendo que la situación era muy compleja y desde el martes [29] ya me estuvo informando de que nos tememos que haya más personas fallecidas”.

Pero, según su propio testimonio, condicionado por los mensajes que hubo de entregar a la jueza, hasta las 20.59 del martes no tuvo Feijóo la información de lo que había venido sucediendo desde primeras horas de la mañana.

¿Se confundió como ha declarado, o más bien mintió?

Existe una diferencia entre el sentido de los verbos “confundirse” y “mentir”.

Cuando uno se confunde, no sabe que se está confundiendo. Puede que se entere después. Por tanto, esa acción define un acto involuntario cuyo autor no incurre en dolo (cometer un delito a sabiendas de su ilicitud). Como no podemos entrar en el cerebro de Feijóo, hemos de dar por buena su afirmación de que el jueves 31 erró al decir que a lo largo del lunes 28 y el martes 29 había estado informado por el presidente autonómico acerca del desastre. Esto nos puede pasar a cualquiera, desde luego, aunque quizás no en un asunto tan importante.

A diferencia de “equivocarse” o “confundirse”, el verbo “mentir” implica hacerlo a propósito. Sin embargo, tampoco podemos considerar a Feijóo mentiroso, al seguirnos resultando imposible saber lo que tenía en la cabeza cuando profirió aquellas declaraciones.

Pero nos hallamos aquí ante un tercer escenario.

Supongamos que me equivoco y le digo a un amigo que ambos estamos citados para cenar con los viejos compañeros del colegio el próximo lunes a las 20.30. Y después, gracias a los comentarios de terceros, me doy cuenta de que la convocatoria no se fijó para el lunes, sino para el sábado anterior. Si una vez que soy consciente de mi confusión no aviso al amigo y mantengo a sabiendas la información errónea, esta se convierte en una mentira.

Cuando mi amigo se entere de cuál era la convocatoria real y de que yo la conocí después pero deliberadamente no le dije nada, pensará que quise evitar su asistencia, aunque yo le hubiera informado mal sin querer. Y me parece que eso ocurrió con Feijóo. Quizás en un principio no mintió en sentido estricto; pero si la conocida laguna comunicativa de Mazón le hizo entender luego (como a cualquiera que leyese los periódicos) que él había cometido un error con las fechas, en ese momento se convirtió en responsable de que una equivocación circulase durante más de un año con el valor de una mentira.

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Sobre la firma

Álex Grijelmo
Doctor en Periodismo, y PADE (dirección de empresas) por el IESE. Estuvo vinculado a los equipos directivos de EL PAÍS y Prisa desde 1983 hasta 2022, excepto cuando presidió Efe (2004-2012), etapa en la que creó la Fundéu. Ha publicado una docena de libros sobre lenguaje y comunicación. En 2019 recibió el premio Castilla y León de Humanidades
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