‘La caja de Pandora’, el recuerdo de las batallas no ganadas en la Transción
Ángel de la Calle brinda al lector de su último cómic un puzle de ideas, vivencias, ilusiones y desencantos para construir su propia memoria de los inicios de la democracia

La transición política tras la muerte de Franco ha levantado ríos y ríos de tinta, con análisis profundos que han estudiado una época que, cinco décadas después, deambula entre la idealización y el desencanto, según los intereses que se quieran apuntar. Sin embargo, la elección del historietista Ángel de la Calle resulta tan sorprendente como diferente: a partir de la autoficción, el dibujante crea un andamiaje de ficciones que funciona como inmensa matrioska de relatos paralelos desde los que revisa su memoria de la Transición, la de un joven recién entrado en la universidad con motivaciones que no tenían por qué responder a los principios establecidos, sino a mundanas aspiraciones que, años después, ya no hay motivo para ocultar.
De la Calle construye un particular juego de espejos con la figura de Juan A., un misterioso dibujante planteado como seudónimo suyo, pero que en las viñetas adquiere la dimensión de personaje y le permite un diálogo entre lo real y lo imaginado desde el que construye una historia de esos años a través de voces no convergentes pero, quizás, complementarias. Los tebeos aparecen como impulso vital de una curiosidad que se extiende por todas las ramas de la cultura para terminar abrazando la política, para trazar esa delicada ruta que va de la militancia apasionada a la pérdida de la ilusión colectiva, de ese retrato de las batallas no ganadas, de las victorias que parecían al alcance de los dedos pero que el tiempo pone en su sitio.
Con un rico despliegue de citas y referencias de diferentes disciplinas como contexto cultural que enmarca lo político, De la Calle va desgranando su memoria, a través de una alternancia entre lo personal y lo público, en la que muestra sus inseguridades como narrador, al desvelar que las ficciones nunca son inocentes y plantear las dificultades para encontrar nuevas formas de contar lo ya contado. Y, en esa confesión al lector, reflexiona sobre el difícil equilibrio entre el compromiso y la motivación, que convierte la obra en una suerte de artefacto ficcional a la búsqueda de la complicidad del receptor.

De la Calle completa así una inesperada trilogía, junto a Modotti y Pinturas de guerra, donde protagoniza su particular búsqueda de la verdad en la historia como un personaje perdido en su propia creación, como un retrato en el que no se reconoce pero que le brinda razones para seguir adelante. El juego borgesiano se enfrenta a la propia desesperación del autor ante los problemas para descubrir un motivo que justifique seguir escribiendo, seguir componiendo, sin poder escapar de la constante y feroz autocrítica, pero conocedor de la paradoja que estriba en la necesidad última de aprobación del lector.
Hoy, 50 años después del punto de partida de esa Transición, De la Calle halla en sus recuerdos los hechos que llevaron a ese momento, y en las viñetas una forma de configurar un archivo de pensamientos y sentimientos que esos acontecimientos le hicieron vivir, mientras las ficciones que después plasmaría en la página se cocinaban a fuego lento en su mente, alimentadas al compás de lecturas, películas, tebeos, música, arte o manifestaciones culturales de diversa índole.
Hoy, en 2025, esa caja de Pandora se abre y deja salir un caos de ideas y vivencias, de recuerdos y realidad, de ilusión y desencanto, que el lector debe ordenar para extraer sus propias conclusiones de una época y de un autor que solo quería hacer un tebeo sobre los japoneses en Perú y terminó contando la historia de este país.

La caja de Pandora. Vivir y morir en los tiempos de la Transición
Garbuix Books, 2025
240 páginas. 24,95 euros
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