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Annie Ernaux y Janet Malcolm, dos escritoras que narran la vida como fotógrafas

El medio fotográfico ha estado muy presente en los métodos de interrogación utilizados por las célebres escritoras dentro de su quehacer literario. Ese vínculo queda reflejado en dos nuevas publicaciones y una exposición

Annie Ernaux y Janet Malcolm
‘Mujer con guantes’ (1987), de Dolorès Marat. Cortesía de la artista / MACK y MEP.Dolorès Marat

Desde 1985 hasta 1992, día a día, Annie Ernaux (Lillebonne, Francia, 1940) fue escribiendo las impresiones que le inspiraban las anécdotas que iba observando en su tránsito rutinario por los espacios públicos de Cergy-Pontoisel; la ciudad, a 35 kilómetros de París, donde se instaló con su familia en 1977 y donde se quedó tras su divorcio y la partida de sus hijos. Los centros comerciales, los hipermercados, sus desplazamientos en la red ferroviaria (RER), así como su paso por distintos lugares de la capital francesa fueron dando forma a una serie de anotaciones que quedarían reunidas en un libro publicado en 1993, Exteriors (Diario del afuera en su versión española). Entradas breves que describen momentos en apariencia intrascendentes, como aquel en el que una atenta madre lee un cuento a su hijo en el vagón del metro, o un hombre, en la cola de los taxis, recalca a su novia su deseo de ser incinerado cuando muera. Observaciones desprovistas de toda épica, parcas, pero precisas, donde lo cotidiano queda elevado a literatura.

“He buscado describir la realidad como a través de los ojos de un fotógrafo y preservar el misterio y la opacidad de las vidas que encuentro”, advertía Ernaux. Empeño que no pasó desapercibido a la curadora y escritora británica Lou Stoppard, quien dedicó su residencia artística en la Maison Européenne de la Photographie (MEP) a establecer una relación entre los fondos de dicho centro artístico y la escritura de la autora francesa, galardonada con el Premio Nobel de Literatura en 2022.

La investigación ha resultado en una exposición y un libro de título homónimo, Exteriors. Annie Ernaux and Photography, que indagan en cómo nos aproximamos a la fotografía en contraposición con la literatura. “¿Qué expectativas e ideales proyectamos en cada medio? ¿Se puede ver un texto? ¿Se puede leer una fotografía? ¿Presumimos que un texto contiene más narrativa, o es más tendencioso, que una fotografía? ¿Presumimos que los textos nunca pueden captar el mismo sentido de la realidad que las fotografías, que no son una “prueba” o una “evidencia” (por usar las palabras que favorece Ernaux? ¿Qué significa ver por los ojos de un fotógrafo? Y, ¿se podría decir que en Diario del afuera Ernaux estaba realmente creando imágenes, en vez de escribiendo un texto?”, se pregunta Stoppard.

De esta suerte, una serie de fotografías, en su mayoría tomadas en Francia a lo largo de la segunda mitad del siglo XX, y pertenecientes a distintos autores —entre ellos Harry Callahan, Garry Winogrand, Hiro, Luigi Ghirri, Martine Frank, William Klein, Issei Suda y Daido Moriyama—, adentran al espectador, o al lector, en la reveladora coreografía urbana. La rotunda mirada de Claude Dityvon, directa y sin artificio, en consonancia con la escritura de Ernaux, se encargará de abrir el relato de la elegante publicación, donde los distintos pasajes extraídos de la obra de la autora francesa se intercalan con las imágenes, ofreciendo nuevas lecturas que invitan a repensar la relación entre imagen y palabra.

‘Nabari Mie’ (1977), de la serie ‘Fushikaden’ (1971–1977), de Issei Suda. Cortesía del artista / Akio Nagasawa Gallery / MACK y MEP.
‘Nabari Mie’ (1977), de la serie ‘Fushikaden’ (1971–1977), de Issei Suda. Cortesía del artista / Akio Nagasawa Gallery / MACK y MEP.Issei Suda

Se trata de un intento de analizar a Ernaux más allá de las convenciones literarias. Ya en Una mujer, uno de sus más importantes éxitos, publicado en 1998, la autora advertía de su deseo de situarse voluntariamente “por debajo de la literatura”; de abrazar el mundo tangible, despojado de las interpretaciones y prejuicios inherentes al lenguaje que lo ha moldeado a lo largo de la historia. La búsqueda de una verdad que paradójicamente solo podría alcanzar mediante palabras. “La verdad se relaciona con la realidad”, destaca uno de los textos de Ernaux, al que acompaña la imagen más abstracta de la selección, obra de Marguerite Bornahuser. Una aseveración que nos alerta de la intención de la escritora por recuperar esa realidad prescindiendo de la emoción de la experiencia a través de su escritura fotográfica.

Ernaux advierte de la trascendencia de lo cotidiano. Su subversión como autora está en el espacio que este ocupa en la elección de sus temas: “La experiencia del mundo no puede estar sujeta a la clasificación”, afirma, de ahí que, “un supermercado puede proporcionar tanto significado y verdad humana como una sala de conciertos”. Apreciación donde resuena una de las citas más famosas de Winogrand: “Todo es fotografiable”. De igual forma, traslada al lector del territorio más íntimo al común, del interior al exterior, donde el ‘yo’ se confunde con ‘el otro’. “Uno descubre más de sí mismo proyectándose en el mundo exterior que en la introspección del diario íntimo”, reconoce. Así, su obra ha pasado a ser un referente de la autoficción, aunque reniegue de dicha etiqueta y apele al concepto de “autosociobiografía”, marcada por los estudios sociológicos de Pierre Bourdieu. También se ha dicho de la autora que revitaliza el compromiso de Proust con la memoria, que sus libros son un intento por parar el tiempo. Característica inevitablemente asociada al medio fotográfico como lo son las cuestiones de inmediatez, evidencia y fisicalidad a las que Stoppard alude en su estudio.

Muchas de las fotografías seleccionadas han sido tomadas en lugares muy diferentes y distantes a los frecuentados por Ernaux y no se ajustan a las reflexiones que las acompañan. Sin embargo, Stoppard ha logrado entablar un interesante diálogo entre imagen y palabra, dejando los huecos que quedan entre medias en manos de la imaginación del espectador, que, al igual que la autora, se sentirá impulsado a proyectarse a sí mismo entre una variedad de figuras anónimas. En busca de una verdad más profunda en la interacción con los otros.

Janet Malcolm, una vida en imágenes

Llega un momento en que “el escritor acaba cansándose de la historia interesada del sujeto y la sustituye por una historia propia”, decía Janet Malcolm (Praga, 1934-Nueva York, 2021). A lo largo de su fructífera trayectoria, la periodista fue narrando la vida de escritores, fotógrafos y psicoanalistas a través de extensos y minuciosos perfiles, convirtiéndose en una verdadera maestra a la hora de utilizar las técnicas de la novela para contar una historia real. Al igual que Ernaux, la autora americana hará de la tensión que se establece entre la memoria y la historia, tanto la personal como la compartida, uno de los ejes centrales de su obra.

Nada parecía pasar desapercibido para esta polémica escritora de mirada inquebrantable para quien la verdad no fue nunca algo sencillo (su afición por la fotografía reafirmaría su apreciación). La continua revisión a la que sometía a sus propias premisas como escritora de no ficción, así como su consciencia acerca de las decisiones éticas que rodean a la tarea del periodista, de los riesgos de la relación entre el sujeto y el autor, y de los peligros de escribir sobre uno mismo, harían sospechar a cualquier lector conocedor de su obra que adentrarse en las memorias de la autora iba a resultar una experiencia donde la propia idea de la autobiografía quedaría puesta en cuestión. De ahí que, no resulte extraño que, a la hora de contar su vida, Malcolm decidiera recurrir a la fotografía. La naturaleza ambigua del medio le proporcionaría la libertad necesaria para hurgar en su propia vida. Será su último libro y se publicará de forma póstuma: Fotografías fijas. Memoria en imágenes (Debate).

Janet Malcolm, partiendo de Praga con sus padres en julio de 1939.
Janet Malcolm, partiendo de Praga con sus padres en julio de 1939.

“El pasado es un país que no concede visados”, advierte la autora, nacida como Jana Klara Wienerova dentro de una familia judía checoslovaca que nunca superará las secuelas de una guerra. “Nos contamos entre los pocos judíos que escaparon al destino del resto por un puro golpe de suerte, igual que escapan unos cuantos insectos de la rociada de insecticida”, recordará.

Así, las 30 imágenes, tan precisas como enigmáticas, procedentes del álbum familiar de la autora y acompañadas por apuntes autobiográficos, introducen al lector por los recovecos de la vida de la periodista. Episodios, concebidos por temas, en los que Janet Malcolm, escritora, queda mejor retratada que Jana Klara Wienerova, sin por ello perder un ápice de profundidad e intimidad. “Preferiría suspender un examen escrito que exponer los patéticos escritos de mi corazón. La prerrogativa de callar como un cobarde tiene un gran valor para el escritor aparentemente más sincero del mundo. Me disculpo al ejercerla aquí”, escribe la periodista en uno de los textos que dedica a la figura de Gardner Botsford, (a quien se refiere como G) su segundo marido, y su editor en The New Yorker, donde durante los años setenta escribiría una columna dedicada a la fotografía. Sus artículos quedarían reunidos, en 1980, en la que fue su primera publicación: Diana & Nikon.

Como no podía ser menos dentro de la obra de Malcolm, Fotografias fijas. Memoria en imágenes se resiste a toda etiqueta, capaz de trasportar al lector en cada uno de sus 26 episodios —con la fuerza que lo haría toda buena fotografía—, a cualquier otro sitio del que podría prever. “Lo imprevisto y lo idiosincrático fueron sus recursos”, reconoce su hija Anne Malcolm en el epílogo.

Exteriors- Annie Ernaux and Photography.’ MACK. 144 páginas. 35 euros.

Exteriors- Annie Ernaux and Photography. Maison Européenne de la Photographie. París. Hasta el 26 de mayo del 2024.

Fotografías fijas. Memoria en imágenes’. Janet Malcolm. Debate, 163 páginas, 17,95 euros.

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