‘La Revolución francesa’, un diálogo con el presente

De la pérdida de la influencia internacional de Francia a los movimientos contrarrevolucionarios, el historiador Antonino de Francesco da un repaso a los distintos relatos sobre 1789 y sus consecuencias

'Juramento del Juego de Pelota', pintura de Jacques-Louis David de 1791.
'Juramento del Juego de Pelota', pintura de Jacques-Louis David de 1791.Fine Art Images / Heritage Images / Getty Images

En 1989, entre grandes fastos, se celebró el bicentenario de la Revolución francesa. Detrás del magno escenario, sin embargo, resultaban más que evidentes algunas fracturas que acechaban a Francia y que iban a mostrar, con el paso de los años, la crisis de un paradigma fundado en los hechos y las imágenes fundacionales de la Gran revolución de 1789. Tres elementos sobresalían en aquella coyuntura finisecular: las contradicciones mal resueltas entre afirmación nacional y procesos globalizadores y de construcción europea; la pérdida de peso francés en el mundo, tanto a nivel geopolítico como, sobre todo, en los de la lengua y la cultura, y, finalmente, el agotamiento de un modelo de integración republicana basado esencialmente en la escuela. Los efectos se han notado en todos los terrenos, desde el problema irresuelto de las banlieues hasta la fuerza de los extremos políticos. La mirada sobre la Revolución francesa no ha quedado fuera de este seísmo. El Bicentenario anunciaba una progresiva traslación al espacio anglosajón de la centralidad historiográfica, bien simbolizada por el cierre del emblemático Instituto de Historia de la Revolución francesa de la Sorbona en 2015. Empezaban a agotarse, en 1989, unas maneras de hacer historia de unos acontecimientos esenciales para entender la contemporaneidad.

A las historias de la historia de la Revolución francesa a lo largo de los doscientos años transcurridos entre 1789 y 1989 ha dedicado un magnífico estudio Antonino de Francesco. Este profesor es, en la actualidad, uno de los historiadores italianos más destacados y originales, que combina harmónicamente erudición, un fino conocimiento del desarrollo de las ideas en Occidente y perspectiva transnacional. Dichas cualidades pueden apreciarse en su libro, originalmente publicado en francés y que ahora ve la luz en nuestro país —con un sugerente prólogo de Pedro Rújula sobre la recepción en España de la historiografía revolucionaria—. Nutren sus páginas desde Condorcet y Madame de Staël hasta Soboul, Vovelle y Furet, pasando, entre otros, por Michelet, Tocqueville —y su imprescindible El Antiguo régimen y la revolución—, Taine, Quinet, Aulard, Mathiez o Lefebvre. Acompañan a los franceses historiadores y estudiosos de otras nacionalidades —en especial, ingleses, estadounidenses, alemanes italianos—, como Burke y las influyentes Reflexiones sobre la Revolución en Francia, de 1790), Carlyle, Hobsbawm, Schama o Hunt. El tratamiento —contexto, ideas, aportaciones, polémicas, influencia— resulta adecuadamente equilibrado, aunque en un caso, el de Godechot, algo sucinto.

Ocuparse de la historiografía de la Revolución francesa supone, en el fondo, analizar la historia de Francia y sus relaciones con el mundo. El estudio del pasado era un diálogo con el presente y la comparación entre ayer y hoy ofrecía vías superadoras de crisis y paradojas: revoluciones de 1830 y 1848, derrota de Sedán y Comuna de París, Gran Guerra, Vichy y la nueva República de mitos resistencialistas. 1789 y 1793, el estallido revolucionario y el Terror, pero también la fuga de Varennes o la aparición en escena de Napoleón, inspiraban adhesiones, decisiones y prevenciones. Las tendencias contrarrevolucionarias tuvieron sus seguidores en el siglo XIX y XX, desde el abate Barruel hasta Gaxotte. No es un dato menor, en cualquier caso, que una buena parte de los historiadores de la Revolución francesa, sobre todo en el siglo XIX, fueran, asimismo, políticos y mandatarios destacados: Guizot, Lamartine, Thiers, Jaurès. El recorrido que propone De Francesco tiene sus orígenes en los intentos de comprender la Revolución francesa mientras esta se desarrolla y concluye en el marco del Bicentenario, con Furet y su demolición del mesianismo historiográfico marxista. La Revolución francesa dejaba entonces de tener una interpretación supuestamente clásica y se abrían las puertas a interrogarse sobre un elemento central: la democracia.

Portada de 'La revolución Francesa. Doscientos años de combates por la historia', de Antonino de Francesco.

La Revolución francesa. Doscientos años de combates por la historia

Autor: Antonino de Francesco.


Traducción: Pedro Rújula y Javier Ramón.


Editorial: Prensas de la Universidad de Zaragoza, 2022.


Formato: tapa blanda (462 páginas, 34 euros) y e-book (16,15 euros).

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