Fernando Castro Flórez: “Mortadelo y Filemón’ es uno de mis ‘textos sagrados”

En ‘A pie de página. Placeres en el desierto de la lectura’, el crítico cultural compone una oda a la lectura como trayecto vital tras las huellas de aquellos que llegaron antes y escribieron para contarlo

El último ensayo del profesor y crítico cultural Fernando Castro Flórez (Plasencia, 1964), A pie de página. Placeres en el desierto de la lectura (La Caja Books), compone una oda a la lectura como trayecto vital tras las huellas de aquellos que llegaron antes y escribieron para contarlo.

Titula su libro A pie de página. ¿Qué nos perdemos cuando nos saltamos la letra pequeña? Nos perdemos los placeres de las nimiedades, lo extraordinario de lo infraordinario, los diamantes entre la basura.

Si leer es vagar por el desierto, ¿cuál es el paisaje por el que transita la escritura? Escribir, tal vez, sea adentrarse en la selva donde anidan serpientes venenosas que prometen el conocimiento y condenan a la pérdida del paraíso.

Cuenta que de niño copiaba compulsivamente las entradas de la enciclopedia Espasa-Calpe. ¿Qué otras lecturas le convirtieron en lector? Mortadelo y Filemón es para mí uno de mis textos sagrados.

¿Y en escritor? Mi madre me incitó a escribir y mi abuelo Julio me mostró el poder hipnótico de la charlatanería. Ellos, junto a Borges, son casi todo lo que me ha incitado a escribir.

Usted es crítico de arte y música, comisario, profesor, ensayista y, además de todo eso, un prolífico youtuber. ¿Los jóvenes ya no leen? Soy demasiado viejo, calvo y gordo para saber lo que hacen los jóvenes, aunque se suena que algunos leen más que muchos académicos apoltronados.

¿Qué libros le acompañaron mientras escribía este libro? He compuesto esas apostillas tocando el piano sin mirar las teclas, eso supone que tenía todos los libros en memoria pantanosa y, muy cerca, Calles de dirección única de Benjamin.

¿Cuál tiene abierto ahora mismo en la mesilla de noche? La edición de Nueva Babilonia, de Constant, una utopía nómada sesentera para exorcizar el sedentarismo de las redes sociales.

¿Uno que no pudo terminar? Imperiofobia, de Roca Barea que, literalmente, se me caía de las manos.

¿Cuál es la película que más veces ha visto? Blade Runner, de Ridley Scott.

¿Su diálogo favorito en una película? “He visto cosas…” que se disolverán “como lágrimas en la lluvia”. Replicante agonizando con cierto tono retro.

¿Qué canción o composición musical usaría como autorretrato? I Fall In Love Too Easily, de Chet Baker.

¿Qué está socialmente sobrevalorado? El coche, que es algo que odio, especialmente los descapotables.

¿Cuál es el suceso histórico que más admira? La Comuna de París.

¿Cuál fue su puerta de entrada al mundo del arte? La exposición sobre el arte povera de 1984 en el Palacio de Velázquez y el de Cristal del Retiro. Pero, sobre todo, la amistad con Nacho Criado, uno de los artistas más grandes que he conocido.

De no haberse dedicado a la cultura le habría gustado ser… Escalador de ochomiles.

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