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La rotonda, el anillo de boda del urbanismo basura

La burbuja inmobiliaria dejó en España un paisaje espectral fruto de la especulación

Una rotonda en Valencia.Markel Redondo

Casan perfectamente: rotondas y urbanizaciones de estética anodina, uniforme y prescindible. Forman parte del espacio basura (junk space),bautizado así por el arquitecto Rem Koolhaas para hablar del residuo que la humanidad deja en el planeta, “un jacuzzi perpetuo con millones de tus mejores amigos”. En España, su momento estelar fue en 2008, con el estallido de la burbuja inmobiliaria y su rastro de edificaciones abandonadas y espectrales símbolo de la especulación caótica, la corrupción política y la incultura. El modelo desregulado aún sigue vigente, y su último episodio son los bloques cebra (@bloque_cebra), edificios de franjas blancas y negras que surgen como setas por todo el país y denotan el persistente desprecio por el espacio público y por la profesión de la arquitectura.

La Constitución de 1978 transfirió alegremente, sin filtros, las competencias de ordenamiento territorial a las comunidades autónomas, que junto a los ayuntamientos fraguaron un modelo profundamente deshonesto denunciado en 2009 por la eurodiputada danesa Margrete Auken. En su demoledor Informe Auken, aprobado por el Parlamento Europeo, critica la “destrucción masiva” de las islas y la costa mediterránea españolas y advierte sobre las “espadas de Damocles de hormigón” que se ciernen sobre el territorio. La arquitecta y fotógrafa Julia Schulz-Dornburg plasmó este naufragio en su libro Ruinas modernas. Una topografía de lucro. Y el colectivo Nación Rotonda publica en redes desde 2013 un catálogo crítico de rotondas vistas como palancas de la trama inmobiliaria.

Durante estos años, también contamos estas historias:

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