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El duelo migratorio es distinto a todos los demás

Los migrantes pueden atravesar procesos emocionales complejos, incluso cuando llegan con ciertas garantías

migrantes de haiti
Migrantes descansan en un edificio en Tapachula (Estado de Chiapas), en agosto de 2021.Nayeli Cruz

“Migrar es como nacer por segunda vez en otro país”, explica Viviana Zapateiro, psicóloga que atiende a migrantes que han llegado a Colombia y a colombianos que han migrado a otros países. Su experiencia le ha permitido entender que, cuando cada vez más personas buscan crear una vida en países diferentes al de origen, el duelo migratorio es una realidad cada vez más frecuente. Por eso busca que su empresa de salud mental se especialice en el tema.

Según la Organización Internacional para las Migraciones, OIM, “el número estimado de migrantes internacionales ha aumentado en las últimas cinco décadas. El total estimado de 281 millones de personas que vivían en un país distinto de su país natal en 2020 es superior en 128 millones a la cifra de 1990 y triplica con creces la de 1970″. Zapateiro no recuerda dónde leyó la frase que cita, pero sí sabe que entender las dimensiones de esa realidad ha sido clave para migrantes como Laura Naranjo Domínguez, una politóloga colombiana que emigró al Reino Unido en 2022 para cursar una maestría en Política, Comunicaciones y Análisis de datos en la Universidad de Essex, y quien desde el año pasado ha estado en consulta con ella.

Laura está próxima a graduarse, el 18 de abril, ha tenido financiación del Icetex y está enamorada, pero no por eso su proceso de adaptación ha sido fácil. Ella ha vivido lo que se conoce como un duelo migratorio, que no es igual a los demás.

Vicky Pérez, psiquiatra y divulgadora de información sobre salud mental, y quien también atiende personas que han migrado, principalmente a Europa y Estados Unidos, explica que todo duelo es una respuesta que se da a una pérdida, que en el caso de los migrantes no necesariamente es para siempre, porque la persona puede regresar. Otra de sus particularidades es que es múltiple, porque son muchas las pérdidas que se viven al mismo tiempo: la familia, el trabajo, los amigos, la comida, los espacios conocidos, toda una forma de vida que hace parte de la esencia de quien migra y que ya no está en el lugar donde empieza una nueva vida. De cierta manera, explica Zapateiro, para algunos es una pérdida que no termina, por lo que muchas veces se necesita ayuda de un experto en salud mental para atravesarla.

Laura lo vivió. Aunque el idioma no fue una barrera porque habla inglés y había vivido en Londres durante siete meses por una práctica universitaria, extrañó la comida y tuvo que enfrentarse a otra forma de ver el mundo, a nuevas maneras de relacionarse con los demás, al clima, a un ritmo de estudio muy fuerte, a la ausencia de su mamá, de su abuela y de sus amigos de siempre. Desde antes de partir quería contar con ayuda psicológica, pero fue en su nueva ciudad donde comprendió que la necesitaba con urgencia porque sufría angustia y ansiedad. Zapateiro le explicó que estaba renaciendo, que hasta entonces estaba sembrada en una matera y necesitaba crecer para trasladarse a la tierra, echar raíces, esperar a que crecieran sus ramas, sus hojas y florecer en una nueva cultura, con una nueva forma de vida, crear una vida laboral, hacer nuevos amigos, tener una red de apoyo, encontrar otros gustos, otras comidas.

El proceso no siempre es fácil. La psicóloga explica que la principal dificultad para adaptarse es lo que llama la rigidez cognitiva: a la gente le cuesta trabajo flexibilizar su mente para adaptarse al cambio. Muchas personas llegan a su consulta angustiadas porque la migración no ha sido lo que esperaban, porque las personas no son como siempre las han visto, porque todo es distinto. Para que dejen de pensar como siempre y se abran al mundo, la psicóloga busca que definan un nuevo proyecto de vida, uno en el lugar que ahora habitan. Explica que la psicología existencial comprende tres preguntas fundamentales relacionadas con el propósito o el sentido de la vida: la primera es quién soy, la segunda es para dónde voy y la tercera es quién me acompaña.

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Estas preguntas deben responderse en orden secuencial. Por eso, lo primero que les dice a sus pacientes es que si se sienten confundidos es porque tal vez no se conocen, y el trabajo comienza por este primer punto. Cuando sus pacientes, adultos o adolescentes, logran redefinir su vida y encontrarle sentido en su nuevo país, su cotidianidad comienza a cambiar. Laura se quiere quedar en el Reino Unido y trabaja con el condado al que pertenece Ipswich, la ciudad donde vive. Conoce más el sistema de gobierno británico y está aplicando sus conocimientos, tanto de pregrado como de posgrado. Es la única extranjera en su oficina.

Con Viviana, Laura entendió que necesitaba crear nuevos amigos, así que ahora es más sociable, más abierta. También ha acomodado su vida a sus ingresos. Mientras en Colombia podía acceder a una peluquería sin problema, en Inglaterra es un servicio más costoso. La comida fue difícil; ahora cocina. La forma de divertirse en los bares no le pareció simpática, y ya aceptó que en el Reino Unido la rumba no le resulta tan divertida como en Colombia.

Desde que se fue, no ha podido visitar su ciudad. Partió con la intención de trabajar y estudiar al mismo tiempo, pero la universidad resultó ser mucho más exigente de lo que esperaba. Allí tuvo uno de sus aterrizajes más fuertes en la realidad: no podría viajar pronto a Colombia porque no tendría dinero. Ahora espera poder hacerlo a finales de año, cuando se case una prima. Podrá ver a toda su familia y darse el tiempo que tanto añora con su mamá. Dice que ya está muy adaptada, que ya no siente ansiedad ni angustia, pero que por momentos quisiera poder viajar a la casa materna, hacerle una visita de media hora a su madre, recargarse emocionalmente y regresar.

También sabe que encontró mucho de lo que buscaba, como una mejor calidad de vida. Mientras en Bogotá pasaba dos horas diarias en el tráfico para moverse de su casa al Congreso de la República, donde trabajaba, ahora se gasta 20 minutos a su trabajo. Ya no camina por las calles preocupada por su seguridad.

No todos los migrantes salen de su país con las mismas garantías que tuvo Laura. Como lo explica la psiquiatra Pérez, muchos lo hacen obligados, no por decisión propia. Esto cambia totalmente la situación, porque realmente no saben si podrán regresar, si volverán a ver a sus familias. Otros viajan con un proyecto cuyas características no conocen en detalle y sufren una gran decepción cuando llegan. En estos casos al duelo migratorio se suman la rabia, una mayor incertidumbre y muchas veces también la culpa.

Es frecuente que estas personas presenten síntomas como insomnio, ansiedad, angustia, irritabilidad, cansancio y no tengan ganas de seguir adelante. Algunas terminan con depresión clínica. En estos casos lo mejor es buscar ayuda psicológica. Ahora es más fácil, porque la consulta virtual les permite a los migrantes buscar profesionales en su país de origen, en su idioma, de su cultura. Una terapia que sea un alivio al duelo que ya viven por la distancia.

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