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"Limpie la tele a diario" y otras 5 cosas que un microbiólogo tiene que decir sobre su casa

Si el cuarto de baño es la estancia más limpia de su morada, mal empezamos

Aunque a simple vista no se perciba, vivimos rodeados de microbios, y la mayor parte de ellos resultan beneficiosos para entrenar nuestro sistema inmune. Al igual que se reparten por varias zonas del cuerpo, los microorganismos conviven con nosotros de forma muy distinta en los diferentes espacios de la casa.

La composición microbiana de las viviendas puede variar entre barrios, ciudades y países. El primer estudio sistemático sobre su presencia en los hogares fue realizado en 1982, con una muestra de 200 casas en la ciudad de Manchester (Reino Unido), centrado en detectar la presencia de bacterias patógenas (que origina enfermedades). En 1998, otra investigación describió que su concentración en la cocina es mayor que en los cuartos de baño, a partir del estudio de quince hogares de Tucson, en Arizona (EE UU).

“El estropajo puede llegar a albergar mil millones de microorganismos, aunque solo 1 por 1000 es del grupo de las potencialmente patógenas, como las bacterias Escherichia coli, Staphylococcus aureus o Campylobacter jejuni. Es decir, en un fregador hay un millón de patógenos potenciales y 999 millones de bacterias que no lo son, pero pueden echar a perder un alimento o incluso provocar una intoxicación si no se tiene cuidado", explica Manuel Sánchez Angulo, profesor de Microbiología de la Universidad Miguel Hernández de Elche y miembro de la Sociedad Española de Microbiología (SEM).

Atención a estas seis cosas que tienen que decirle los expertos:

1. El lugar más sucio de la casa no es el inodoro

"Los cortes en la superfície de la tabla de cortar actúan como 'trincheras', en las que se refugian los microorganismos"(Manuel Sánchez, microbiólogo)

Por recibir la materia orgánica fecal, puede pensar que la taza del váter sea el lugar más contaminado de los hogares. Esa idea le empuja a no bajar la guardia en el mantenimiento del retrete, y aplicar periódicamente agua y desinfectantes para impedir que las bacterias se multipliquen y se adhieran a la superficie. Esa conciencia hace que el inodoro suela estar mucho más limpio que la cocina. Piiiiii… error.

“Las zonas más peligrosas son aquellas de las que no somos tan conscientes, como la tabla para cortar y procesar alimentos. Si troceamos sobre ellas una pieza de pollo que está contaminada de otros microorganismos, al depositarlo sobre la tabla las bacterias se adhieren a la superficie, formando fuertes películas extra-adherentes (biofilms), muy difíciles de eliminar y que pasarán a los nuevos alimentos que se procesen en la tabla. Eso es la contaminación cruzada”, explica Carlos Gamazo, catedrático del Departamento de Microbiología y Parasitología de la Universidad de Navarra.

"Las tablas de plástico son algo más higiénicas que las de madera, por ser menos porosas y, por lo tanto, con menos refugios para los microbios. Pero en ambas se encuentra el mismo problema: a nivel microscópico, los cortes de la superficie de la tabla actúan como 'trincheras' donde se refugian los microorganismos. Si se añaden los restos de la comida y un poco de humedad, los microbios se reproducen. Por eso es importante limpiarlas con la mayor frecuencia posible, frotándolas bien y dejándolas secar”, advierte Sánchez Angulo.

2. Después de lavar la ropa, deje abierta la máquina

"La práctica totalidad de las neveras están contaminadas, algunas severamente, porque los alimentos también lo están"
(Carlos Gamazo, catedrático)

Aunque pueda parecer un lugar limpio, la lavadora es un paraíso para las bacterias. Al meter la ropa sucia y someterla a fricciones, se liberan fibras textiles y materia orgánica e inorgánica adherida. Y el agua que sale por el desagüe es un festín para los microbios: una mezcla de detergentes, las aminas de los suavizantes, diversas moléculas orgánicas producidas por nuestro cuerpo, células epiteliales muertas de nuestra piel y bacterias. “Los detergentes acaban con muchas de esas bacterias, pero no con todas. En la tubería de desagüe, o en los sellos de goma que cierran el tambor, se adhieren esas bacterias y forman un biofilm. Si encuentran una oquedad, la bacteria se queda pegada. Y solo hay que darle comida para que crezca la población”, señala el microbiólogo Sánchez Angulo.

Un sencillo gesto que le ayudará a mantener a raya su lavadora consiste en dejarla abierta para que su interior se seque adecuadamente. “El problema es cuando se cierra y queda detergente y suavizante, pelos, restos de suciedad y un ambiente húmedo en el que proliferan hongos y bacterias”, resume Eduardo Martínez Manzanares, catedrático de Microbiología de la Universidad de Málaga.

3. El frigorífico no es un lugar tan seguro

La temperatura recomendada es de 4 ºC, pero no es suficiente para evitar el deterioro de los alimentos por la acción microbiana. “Algunos toleran el frío e incluso les gusta, y se multiplican bien a la temperatura del frigorífico, como los patógenos que producen gastroenteritis (Yersinia, E. coli, Campylobacter, Listeria y Salmonella). La práctica totalidad de las neveras están contaminadas, algunas severamente, porque los alimentos también lo están. Si se deja tiempo suficiente, llegarán a formar comunidades de millones por gramo de comida", describe Gamazo.

Esa expansión microbiana aumentará cuanto más alta sea la temperatura del electrodoméstico. “Los malos olores pueden ser un buen sensor, pero hay que prevenirlo. Una solución es vaciar regularmente el frigorífico y limpiarlo a conciencia, especialmente los cajones para las carnes y las verduras. Hay que tener atención especial a la carne. Lo recomendable es mantenerla empaquetada o cubierta, para que no contamine al resto de alimentos ni a las superficies de la nevera”, señala el catedrático de la Universidad de Navarra.

4. Limpie el polvo del televisor más que cualquier otra superficie de la casa

"El problema no es tocar un móvil contaminado, sino llevarse la mano a la boca, la nariz o los ojos"
(Manuel Sánchez, microbiólogo)

Aunque no lo perciba, la pantalla crea un campo electrostático que atrae a numerosos microorganismos en suspensión, que presentan moléculas con carga eléctrica en su superficie, y por lo tanto, pueden quedarse “atrapados” al televisor. “Por eso hay que pasar la gamuza del polvo con más frecuencia sobre la superficie de la tele que sobre cualquier otra superficie de la casa. Sin embargo, también hay que decir que los nuevos televisores LCD no crean un campo electrostático tan potente como los antiguos, por lo que no se 'pegan' tantos microbios”, observa Sánchez Angulo.

Como recuerda Gamazo, el polvo consiste en partículas de composición química muy variadas como las fibras de tejidos, los restos de células de la piel, fragmentos de insectos o heces de ácaros, con un pequeño tamaño (de unos 0,03 milímetros) suficiente para albergar decenas de microorganismos. “La interacción entre tantos componentes hace que se carguen de electricidad estática, y esto es como un imán para otras superficies que también estén cargadas, como el televisor. Los microorganismos que se transmiten por el aire lo hacen cabalgando sobre estas partículas de polvo. Por otra parte, la presencia de alérgenos (compuestos químicos) inducen reacciones alérgicas. Un ejemplo típico es la alergia al polvo, aunque en realidad es una alergia a proteínas presentes en los excrementos de ciertos ácaros”, detalla este catedrático.

5. En sus pomos e interruptores está el virus de la gripe

Los pomos, las manillas, los interruptores de la luz, los móviles, los auriculares y las teclas de los teléfonos fijos se enmarcan, en microbiología, en el grupo de los llamados fómites, aquellos objetos de material inerte que pueden contaminarse con patógenos y transferirlos a un hospedador sano. “El problema no es tocar un fómite contaminado, sino llevarse la mano a la boca, la nariz o los ojos. Es entonces cuando ese patógeno entra en nuestro organismo. En la película Contagio [Steven Soderbergh, 2011], la gente se infecta con un virus por tocar objetos cotidianos como una copa de vino o una tarjeta de crédito, y después se tocan inadvertidamente la nariz o los labios. En realidad esa es una forma que tiene el virus de la gripe de transmitirse entre los humanos”, explica Sánchez Angulo.

“Si analizamos las manillas y llaves de luz de un cuarto de baño, nos llevaremos la desagradable sorpresa de que están contaminados con materia fecal y de microorganismos fecales. Aunque no es peligroso, porque lo más probable es que de entre esa miríada ninguno sea dañino para nuestra salud”, concluye Gamazo.

6. Un hogar con perros es un hogar más sano

Puede saltar, abrazar y achuchar a su mascota… con algunas condiciones. Reproduzca el vídeo que hay al principio de esta pieza para descubrir lo que los microbiólogos tienen que decir sobre los animales con los que convive.

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