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Arañas que surcan mares y cielos

Las estrategias de estos animales para colonizar nuevos hábitats son la peor pesadilla de los aracnofóbicos

Telas de arañas cubren un pueblo de Australia, en 2012. Lukas Coch, EPA

A veces llueven millones de arañas en Australia. En mayo de 2015, las tierras de las Mesetas del Sur se cubrieron de telarañas caídas del cielo. Grandes extensiones quedaron emblanquecidas y a sus habitantes les salió alguna cana de más. Con los hilos de seda viajaban, cual paracaidista, las pequeñas arañas, un ejército del aire que es la peor pesadilla de los aracnofóbicos. Este fenómeno masivo no es habitual, aunque ciertamente estos artrópodos sin alas pueden volar. El vuelo arácnido o ballooning es un modo de transporte que usan para recorrer grandes distancias y colonizar nuevos territorios. De su viaje traen souvenirs que, durante un tiempo, flotan en el aire. A contraluz, se ven los hilos bailar. Por su belleza, algunos los llaman los hilos de la virgen, otros por su repugnancia, los llaman las babas del diablo. Al mejor naturalista de la historia, en cualquier caso, no le dejaron indiferente. 

En una mañana de noviembre de 1832, cuando el Beagle se encontraba navegando por la costa este del río de La Plata, un joven Charles Darwin quedó anonadado al contemplar la cubierta del bergantín llena de arañas voladoras. En su diario describió con asombro cómo despegaban: “He observado repetidamente a estas pequeñas arañas elevar sus abdómenes, disparar los hilos y luego salir volando horizontalmente con una rapidez inexplicable”. Normalmente, para realizar el vuelo arácnido se encaraman en el punto más alto de una saliente, se ponen de puntillas apuntando con el abdomen hacia arriba y sueltan varios hilos al aire. Al ser tan livianos, con un poco de viento se elevan fácilmente ejerciendo una fuerza contraria al peso de la araña. Entonces, como un chiquillo levantado por una cometa en un día de vendaval, los artrópodos de ocho patas despegan bruscamente. Este curioso fenómeno sucede cuando hay corrientes de aire ascendiente provocadas, a menudo, por el calentamiento del suelo después de un período de lluvias. 

Parece razonable pensar que las arañas diminutas, ya sean crías, machos o especies pequeñas, son las únicas que practican el ballooning. No obstante, se han observado hembras del género Stegodyphus de más de 100 miligramos y 14 milímetros en pleno vuelo. Por otra parte, también se han encontrado arañas surcando los cielos en días sin viento y a más de 4000 metros de altitud. En estas circunstancias, las corrientes termales no son explicación suficiente. Peter Gorham de la Universidad de Hawái propone que en el vuelo arácnido también intervienen fuerzas electrostáticas. Las telarañas contienen muchas moléculas que, con el roce tras abandonar las hileras, se cargan negativamente repelándose entre sí. Al mismo tiempo, la atmósfera se comporta como un campo vertical negativo que interactúa con los hilos y es suficientemente potente para transportar arañas de cierto tamaño. Esta teoría explicaría por qué aún con brisas suaves las arañas pueden alzar el vuelo. 

Para realizar el vuelo arácnido, las arañas se encaraman en el punto más alto de una saliente, se ponen de puntillas apuntando con el abdomen hacia arriba y sueltan varios hilos al aire

Dejarse llevar por el viento (o la electricidad) suena demasiado bien. El destino es la tierra prometida o, por el contrario, la muerte. Entremedio dictando sentencia acechan pájaros hambrientos y se extienden los mares. Aunque, por suerte, si las arañas aterrizan en el agua, tiene posibilidades de sobrevivir. No solo vuelan también navegan. Cuando llega el momento, cambian el paracaídas de seda por una sofisticada vela y continúan con su viaje. Mientras las patas hidrofóbicas las mantienen a flote, elaboran un conjunto de posiciones y movimientos para atrapar la brisa. Según la especie, el repertorio abarca desde caminar sobre el agua, la simple elevación de un par de patas o el extraño levantamiento del abdomen a modo de vela. Algunas arañas incluso liberan hilos en el agua como si fueran ancoras para reducir la velocidad o para agarrarse a un objeto flotante que les sirva de balsa. La cuestión es llegar a tierra firme. 

Tras siete meses de la erupción del volcán Krakatoa en 1883, lo único vivo que encontraron los científicos en la devastada isla fue una araña. Cincuenta años más tarde, habitaban en el lugar cerca de cien especies de araña diferentes. Gracias a que pueden migrar por tierra, aire o agua, son uno de los primeros animales en colonizar nuevos hábitats, tales como una isla volcánica o un bosque recién quemado. En poco tiempo, las arañas se convierten en los principales depredadores del ecosistema. Con sus hilos de seda tejen trampas mortales así como sistemas de desplazamiento poco convencionales.

Oscar Cusó (@oscarcuso) es biólogo, director y guionista de documentales de naturaleza, ciencia e historia. Ha trabajado en diferentes series y largometrajes para cadenas como la BBC, National Geographic o TVE.

Historias Naturales es una sección dedicada a las curiosidades científicas de los seres vivos. Una serie de reportajes donde se narran las historias que rodean a la flora y la fauna, desde sus leyendas y lunáticas concepciones hasta los descubrimientos más recientes. Un viaje del mito a la ciencia para descubrir las maravillas del mundo salvaje. El título de la sección juega con el plural para convertir la Historia Natural - concepción clásica de Biología - en cuentos, en relatos, en narraciones… en Historias Naturales.

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