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SIDA
Análisis
Exposición didáctica de ideas, conjeturas o hipótesis, a partir de unos hechos de actualidad comprobados —no necesariamente del día— que se reflejan en el propio texto. Excluye los juicios de valor y se aproxima más al género de opinión, pero se diferencia de él en que no juzga ni pronostica, sino que sólo formula hipótesis, ofrece explicaciones argumentadas y pone en relación datos dispersos

Ni más ni menos que una de las patas para acabar con el sida

Las pastillas profilácticas para frenar el contagio del VIH pueden ser una herramienta fundamental contra el virus, pero solo como un complemento entre poblaciones de riesgo

Pablo Linde
Materiales para prevención de sida en poblaciones de riesgo.
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El tratamiento profiláctico contra el sida (conocido como PrEP por sus siglas en inglés) fue una de las estrellas en el congreso internacional de sida que se celebró hace justo un año en Vancouver. Aunque la Agencia Estadounidense del Medicamento (FDA) lo había aprobado en 2012, los estudios que se presentaron en Canadá sirvieron para certificar, con consenso científico, que el uso de estas pastillas entre la población de riesgo puede ser una herramienta eficaz para acabar con la epidemia del VIH. Este es, nada menos, el objetivo que se ha propuesto la comunidad internacional de aquí a 2030, dentro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

El tratamiento, una combinación de principios activos antirretrovirales, ha demostrado una eficacia del 90% a la hora de frenar la transmisión sin preservativo. Muchos de los investigadores implicados en los diferentes ensayos que se presentaron en Vancouver aseguraban que la protección se aproximaba mucho al 100% entre los sujetos que tomaban la medicación religiosamente.

Todo esto ha propiciado que la propia Organización Mundial de la Salud (OMS) recomiende, como precaución adicional, el uso de PrEP en la población de riesgo: trabajadores sexuales, transexuales, hombres homosexuales, personas que coitan sin protección. Los especialistas lo contemplan como una de las patas sobre las que se tiene que asentar la lucha contra la enfermedad, junto al tratamiento antirretroviral para todos los infectados en cuanto se detecta el virus. Con ambas medidas “se podrían evitar 21 millones de muertes y 28 millones de nuevos casos de aquí a 2030”, según la OMS.

Esto no quiere decir que los científicos alienten dejar el condón de lado. Seguirá como un arma crucial contra el sida, entre otras cosas, porque el PrEP tardará en llegar a todos los que lo necesitan y porque no es un tratamiento indicado para la gran mayoría de la población. No deja de ser un agresivo cóctel farmacológico entre personas sanas, y todo medicamento tiene efectos secundarios. Si insisten en sus bondades es porque se ha asumido como inevitable que no todo el mundo use preservativos, que se rompan o que haya descuidos, así que puede ser un buen complemento. Han concluido que los riesgos son menores que los beneficios, siempre entre estos grupos de riesgo.

Una de las preocupaciones que se expresaron en Vancouver fue que al sustituir los condones por este nuevo tratamiento se disparasen otras infecciones de transmisión sexual (ITS). Sin embargo, los estudios que se han hecho hasta el momento han demostrado que la prevalencia de otras ITS entre quienes usaron PrEP no había aumentado.

En unos días comenzará la edición de este año del congreso mundial sobre sida, esta vez en Durban (Sudáfrica). Varios de los estudios que allí se presentarán mostrarán más detalles sobre el éxito (o no) de este tratamiento.

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Sobre la firma

Pablo Linde
Escribe en EL PAÍS desde 2007 y está especializado en temas sanitarios y de salud. Ha cubierto la pandemia del coronavirus, escrito dos libros y ganado algunos premios en su área. Antes se dedicó varios años al periodismo local en Andalucía.

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