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Un observatorio de basura espacial comienza a operar en Puertollano

Los telescopios buscan en el cielo asteroides, y restos de satélites y de cohetes

Expertos de empresas espaciales visitan el nuevo observatorio de basura espacial Deimos Sky Survey, en Puertollano (Ciudad Real), el pasado 11 de mayo).
Expertos de empresas espaciales visitan el nuevo observatorio de basura espacial Deimos Sky Survey, en Puertollano (Ciudad Real), el pasado 11 de mayo).

A 1.120 metros de altura sobre el nivel del mar, en la montaña de Niefla, a pocos kilómetros de Puertollano (Ciudad Real), tres cúpulas blancas protegen durante el día unos telescopios peculiares. Por la noche las cúpulas se abren y los telescopios automáticos empiezan a rastrear el cielo en busca de fragmentos de basura espacial, esos restos de satélites y de cohetes que giran descontrolados alrededor de la Tierra y que ponen en serio peligro la integridad de los artefactos en órbita operativos, ya sean equipos de observación de la Tierra, de telecomunicaciones, o científicos e incluso amenazan la Estación Espacial Internacional (ISS). Y de vez en cuando alguno de estos objetos cae a la Tierra. También se buscan y rastrean desde aquí los asteroides que puedan ser peligrosos. “Con estos telescopios sacamos cada noche unos 20.000 registros del cielo”, señala Jaime Nomen, astrónomo y responsable de este nuevo observatorio denominado Deimos Sky Survey, inaugurado la pasada semana.

“El objetivo es contribuir a la vigilancia del entorno espacial: observación de asteroides, satélites y basura espacial; mantenimiento de catálogos de objetos en órbita y evaluación de riesgos”, explica Miguel Belló-Mora, director de la empresa Elecnor Deimos que ha puesto en marcha el sistema, con un coste de unos 500.000 euros y con la perspectiva de formar parte del proyecto europeo que varios países, incluida España, han puesto en marcha para vigilancia del espacio. Solo en órbita baja, en torno a mil kilómetros de altura, hay ya unos 20.000 objetos de basura espacial de tamaño superior a un centímetro. Y en total, rondan los 500.000 fragmentos, según datos de la NASA, desde fragmentos minúsculos hasta satélites enteros que no funcionan o grandes trozos de cohetes. Y basta con que choquen dos de ellos para que se generan muchos más pedazos. Son los restos acumulados de seis décadas ya de actividades en el espacio.

El problema de la basura espacial es real, tanto como para que una treintena de responsables de empresas españolas del sector se sumaran a la inauguración del Deimos Sky Survey para conocer directamente sus prestaciones. También la Agencia Europea del Espacio (ESA) envió a dos de sus expertos. “Es un problema muy real: necesitamos saber dónde está la basura espacial para poder mover los satélites operativos y evitar colisiones”, señala Gian Maria Pinna, de la ESA, responsable en España del proyecto europeo de vigilancia espacial. Y es un problema frecuente: “Con todos nuestros satélites en órbita…. tenemos que realizar maniobras con un par de ellos cada semana para evitar colisiones con restos de basura”, añade. “Y en estos momentos estamos en manos de la información que nos suministra EE UU, por lo que nuestro objetivo es tener un sistema independiente de vigilancia”.

Noelia Sánchez-Ortiz, en el centro de control del sistema de vigilancia de basura espacial Deimos Sky Survey, en Puertollano (Ciudad Real).
Noelia Sánchez-Ortiz, en el centro de control del sistema de vigilancia de basura espacial Deimos Sky Survey, en Puertollano (Ciudad Real).

En cuanto al riesgo en la superficie del planeta, hay que tener en cuenta que constantemente caen a la Tierra piezas espaciales, incluidos los depósitos esféricos aparecidos en Murcia el pasado noviembre y que nadie ha reclamado aún. “Se producen entre 10 y 15 entradas al mes, pero la mayor parte no requieren atención porque se desintegran en la atmósfera”, explica Belló-Mora. “Y no se conoce ningún caso de daños personales provocados por la reentrada de objetos espaciales”, añade. Eso sí, alerta, no hay que olvidar el riesgo de los satélites con carga radiactiva que puso en órbita la antigua URSS y de los cuales quedan aún 40 dando vueltas a la Tierra. En 1978, uno de ellos, el Kosmos 954 cayó en Canadá y generó contaminación radiactiva.

Además de los objetos artificiales, los sistemas de seguridad espacial, incluido el de Puertollano, se ocupan de los naturales, los denominados NEO (objetos cercano a la Tierra), sobre todo asteroides. Hasta la fecha se han descubierto unos 14.000, de los que el 95% tienen un tamaño superior a un kilómetro de diámetro y no representan peligro en los próximos 100 años, explicó Belló-Mora. “Pero hay unos 500.000 de tamaño entre 20 metros y un kilómetro con potencial de destrucción regional importante, llamados city killer [mata-ciudades] y ejemplo fue el meteorito que cayó en Chelyabinsk el 15 de febrero de 2013”. También de buscar y seguir estos objetos naturales se ocupa el Deimos Sky Survey, la única instalación de este tipo en España puesta en marcha y controlada por una empresa privada, que aspira a recuperar la inversión al integrarse en consorcios nacionales e internacionales.

Dos de los tres telescopios de la montaña de Niefla han sido reacondicionados y actualizados para este observatorio, pero proceden del observatorio de La Sagra (Granada), con los que Nomen, que cuenta en su haber más de 4.000 asteroides descubiertos, ha trabajado durante años. El tercero ha sido desarrollado por Deimos y construido en Estados Unidos para esta nueva atalaya de vigilancia del cielo ubicada en pleno Parque Natural de Sierra Madrona y Valle de Alcudia (Ciudad Real).

“Los telescopios miden 45, 40 y 29 metros de diámetro respectivamente y tienen tareas distintas”, explica el astrónomo allí mismo, en un pequeño rectángulo de terreno casi en la cima de la montaña acotado por una malla metálica. Uno de los telescopios es de vigilancia, es decir, hace rastreos del cielo en busca de objetos que se desplacen sobre el fondo aparentemente fijo de estrellas; ese movimiento, detectado por los ordenadores en los registros del cielo, alerta a los expertos de que puede tratarse de un objeto de basura espacial o de un asteroide. Otro telescopio se dedica al seguimiento de objetos concretos ya identificados o sospechosos. El tercero, el nuevo, está especializado en objetos de basura espacial situados en órbita baja, es decir, a una distancia de la superficie de la Tierra de entre 800 y 1500 kilómetros. La característica clave de este nuevo aparato es su capacidad de moverse muy rápidamente para poder seguir los veloces objetos espaciales que cruzan el cielo a toda velocidad cerca de la Tierra.

Necesitamos saber dónde está la basura espacial para poder mover los satélites operativos y evitar colisiones”

“Un fragmento de basura espacial de un tamaño de un grano de arroz, a 30.000 o 40.000 kilómetros por hora es como una bala que puede inutilizar un satélite, o al menos desestabilizarlo”, comentaba en la sala de control del nuevo observatorio Pedro Luis Molinero, director de operaciones de Hispasat. “Nuestros satélites están órbita geoestacionaria [a 36.000 kilómetros de altura] mientras que el problema es más preocupante para los que están en órbitas bajas, pero desde luego no estamos despreocupados…. Los fragmentos de basura espacial son preocupantes todos”, añadió Molinero.

Pinna señalaba la dependencia europea de EE. UU. para los datos de basura espacial. Por ahora, las observaciones más sistemáticas las realiza el servicio militar estadounidense NORAD (North American Aerospace Defense Command) y de su catálogo de objetos en órbita depende el resto del mundo para trabajar en esto. “El objetivo de Europa ahora es crear un sistema alternativo y complementario”, señaló Miguel ángel García Primo, director de Operaciones y Programas de Hisdesat. Además, el sistema europeo evitará la opacidad de la información estadounidense con la que se encuentran a veces los expertos que piden datos, si se trata de datos sensibles. “La protección es necesaria, y cada vez más, los equipos espaciales son muy caros”, añade García Primo.

Desde lo alto de la montaña de Niefla, Nomen gesticula ante una cámara instalada casi a ras de suelo que sirve para vigilar el recinto desde el centro de control ubicado en Puertollano, donde Noelia Sánchez-Ortiz está pendiente, le ve en sus pantallas y activa la apertura de las cúpulas de los telescopios. Nadie tiene que ocuparse de los telescopios in situ durante las observaciones, son completamente automáticos y se manejan y programan en remoto gracias a un enlace óptico de transmisión de datos con el centro de control.

Los telescopios sacan miles de imágenes en una noche de trabajo y cuando un punto aparece por ejemplo en tres de ellas desplazándose sobre el fondo de estrellas, siguiendo una trayectoria lineal, “se puede tratar de un fragmentos de basura espacial, de un asteroide o de un satélite”, explica Sánchez-Ortiz, responsable de operaciones del Sistema. Luego, los datos adquiridos con los telescopios se envían a las dependencias de Deimos en Madrid, donde se realiza los cálculos de órbitas. La observación y seguimiento de los objetos en órbita baja es peculiar, explica esta experta, primero porque van muy rápido, lo que exige un telescopio muy rápido, pero también porque pueden trabajar pocas horas cada noche con ellos: “Hace falta cielo oscuro pero, por otro lado, los objetos tienen que estar iluminados por el Sol para que sean visibles, por lo que tenemos un margen de operación de aproximadamente una hora y media al crepúsculo y otro tanto al amanecer”, comenta.

El objetivo de estas actividades espaciales es cubrir todas las etapas de vigilancia: “La observación y detección de objetos artificiales o naturales, su seguimiento y caracterización, la determinación de su órbita e identificación, la catalogación, la determinación de riesgo y la mitigación”, señala Belló-Mora.

La ubicación del Deimos Sky Survey en un parque natural ha complicado la instalación del Deimos Sky Survey, que ha tenido que garantizar el respecto del entorno y someterse a las exigencias legales de una zona protegida, reduciendo las instalaciones a lo imprescindible (una plataforma para los telescopios, una estación meteorológica, una cámara y una valla metálica alrededor). Pero el lugar es muy apropiado, destacan los expertos, dado que a ambos lados de la montaña hay valles escasamente habitados y, por tanto, muy oscuros, sin apenas contaminación lumínica que complique las observaciones. El trabajo con los telescopios arrancó en fase de pruebas a finales del año pasado y han empezado a ser operativos en 2016. La satisfacción de las autoridades con el nuevo proyecto fue enfatizada, durante la inauguración oficial en Puertollano, por el presidente de Castilla La Mancha, Emiliano García Page y por la alcaldesa de Puertollano, Mayte Fernández Molina. En dicha localidad de 50.000 habitantes, Elecnor Deimos tiene, además, sus instalaciones dedicadas a sus dos satélites comerciales de observación de la Tierra (Deimos-1 y Deimos-2), donde trabaja un centenar de personas, el 90% de las cuales son ingenieros o físicos.

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