Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete

Chocolate, pura tentación

Las posibilidades de este delicioso ingrediente parecen infinitas. La bloguera Sandra Mangas ha dedicado su quinto libro a explorarlas

pulsa en la foto

Sandra Mangas empezó con su blog, La receta de la felicidad, cuando nacieron sus hijos y no tuvo más remedio que “aprender a cocinar de verdad”. Confiesa que lleva enamorada del chocolate desde que tiene memoria. El viernes por la noche era cuando se comía este dulce en su casa, “solo cuatro cuadraditos cada uno. Me sabían a gloria”, puntualiza. Y le siguen sabiendo, aunque ahora lo come algo más a menudo y suele elegirlo con mayor contenido de cacao.

Uno de los mitos que quiere desmontar con su libro Chocolate. Recetas con un toque de felicidad (Aguilar) es que este producto es difícil de trabajar. “Aunque lleve escritos cinco libros de cocina, en Chocolate no vas a encontrar recetas o explicaciones de un profesional del cacao. Salvo que hablemos de una profesional en comer chocolate: eso sí”, matiza. Las bases para dominar las técnicas esenciales –fundir, atemperar, moldear o bañar– están explicadas de manera simple en el primer capítulo, donde también se enumeran las herramientas para trabajarlo.

Aunque Sandra no se declara fan de casi nadie, si tuviese que elegir un maestro chocolatero, se quedaría con Frédéric Bau, “porque además hablaríamos de chocolate en francés, lo que tiene todas las ventajas”. Su libro Enciclopedia del chocolate (Blume) es su referencia favorita en este tema. También iría a la barcelonesa pastelería Escribà y visitaría al repostero Oriol ­Balaguer. “Pero realmente sería feliz, y es algo que espero en el futuro, si me dejasen hacer prácticas en cualquier obrador”, explica con ilusión.

Además del placer de cocinar en sí mismo, Sandra pone el foco sobre la que, para ella, es la mayor ventaja de preparar estos dulces en casa: saber exactamente lo que comes. “Una de las cosas que más me ha sorprendido en los cursos que he hecho es que cuando compras algo en una pastelería no tiene por qué diferir mucho de lo industrial”. Descubrir que los productos congelados, las grasas vegetales hidrogenadas y el sucedáneo de chocolate campaban a sus anchas en muchas pastelerías la animó todavía más a arremangarse y ponerse el mandil. “Creo que tengo derecho a saber lo que como, y eso me temo que solo pasa cuando lo preparas tú mismo. Así eres consciente de qué ingredientes lleva y en qué cantidades. Tú eliges”.

elpaissemanal@elpais.es