Los bulos en Facebook resisten a los esfuerzos por desmontarlos

Un análisis muestra que las personas que creen en teorías conspirativas no interactúan con los mensajes que las desmienten o se ven reforzados por ellos

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Charles Duke pasea sobre la Luna el 22 de abril de 1972

Hay gente que cree que nadie ha llegado jamás a la Luna, que las vacunas provocan autismo o que Elvis Presley está vivo. Hay quien considera posible cambiar su opinión sobre estos asuntos. Pero estos entornos ideológicos cerrados se conocen como "cámaras de resonancia". Allí, la información, las ideas o las creencias propias se ven reforzadas y las ajenas se rechazan sin mayor consideración.

Este fenómeno está detrás de la persistencia de creencias tan descabelladas como las anteriores. La evolución ha convertido a los humanos en la especie más dotada para colaborar, para unir sus cabezas y resolver problemas juntos. Sin embargo, la aparición de esas capacidades se produjo en pequeños grupos y la fortaleza de los vínculos se incrementó en competencia con otras bandas de humanos. Nuestra predisposición para aprender con los compañeros se convierte en hostilidad y en cerrazón si nos tratan de imponer una idea desde fuera.

Los científicos examinaron 47.780 posts escritos en Facebook con esa intención a lo largo de cinco años y analizaron las interacciones de 54 millones de usuarios

Este efecto y su implicación en la posibilidad de desmontar bulos ha sido estudiado por un equipo de científicos liderado por Walter Quattrociocchi, investigador del Instituto para Estudios Avanzados IMT en Lucca (Italia). Los científicos examinaron la efectividad de los esfuerzos para desmontar bulos a través de 47.780 posts escritos en Facebook con esa intención a lo largo de cinco años y analizaron las interacciones de 54 millones de usuarios.

Sus resultados muestran que solo una pequeña fracción (en torno al 1%) de las personas que suelen preferir los medios de información alternativa llega siquiera a interactuar (dar un me gusta, comentar o compartir) con estos artículos que irían dirigidos precisamente a que ellos cambien de opinión. Además, los autores detectaron que el efecto de los mensajes antibulo en los consumidores de este tipo de noticias que interactuaban con ellos era justo el contrario del buscado. Los amantes de las conspiraciones incrementaron su implicación con su propia cámara de resonancia. Si alguien se toma tantas molestias en demostrarme que los humanos llegaron a la Luna, piensan, es porque hay poderosas fuerzas que nos quieren ocultar la verdad.

Los investigadores explican que su forma de dividir la información entre oficial y alternativa no se basa tanto en su calidad como en la posibilidad de verificarla. En el caso de la información oficial, como la que procede de un artículo publicado en una revista científica, es fácil identificar su procedencia y saber quienes son sus autores o cómo llegaron a la conclusión que presentan. La que desmonta conspiraciones ocultas, por su propia naturaleza, es difícil de verificar porque supuestamente muestra información que se ha querido ocultar al público por los cauces oficiales.

Si alguien se toma tantas molestias en demostrarme que los humanos llegaron a la Luna, piensan, es porque hay poderosas fuerzas que nos quieren ocultar la verdad

En torno a estos dos tipos de información se han formado dos comunidades muy segregadas que apenas consumen contenidos del otro bando. Y por lo que mencionan los autores, ese apego a la propia cámara de resonancia y rechazo a la ajena también se da entre los que favorecen la información científica. Muchas de estas personas no tienen la formación o la capacidad para comprender determinados resultados científicos y sin embargo los blanden como una forma de sentirse superiores frente a la ignorancia de los conspiranoicos.

El artículo, publicado ya en arxiv.org y a la espera de revisión en una revista científica, también trata la posibilidad de modificar los algoritmos de búsqueda de Google para penalizar los contenidos no verificables. De acuerdo con los autores, dada la polarización y la implicación de las personas que buscan las noticias con contenido conspirativo, perjudicar su posicionamiento en las búsquedas no reduciría su consumo e incluso lo incentivaría.

Para superar esta incomunicación entre las dos cámaras de resonancia, los autores proponen buscar una narrativa que tome encuentra el sistema de creencias de las personas a las que se quiere llegar. Michael Tomasello, codirector del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva, considera que es muy difícil evitar la predisposición humana a dividir el mundo entre "nosotros y ellos", porque cientos de miles de años de evolución han favorecido en los humanos esa manera de entender el mundo. Sin embargo, cree que es posible trabajar para redefinir lo que consideramos nuestro grupo. Si queremos hacer que alguien cambie de opinión, tendremos que empezar por convencerle de que somos miembros de la misma comunidad.

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