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Pau Gasol, la última jugada de una leyenda del baloncesto

El jugador español afronta, tras 13 años en la NBA, un posible cambio de equipo

Los Angeles Lakers le ofrecerá continuar, pero no está claro que vaya a aceptar

Gasol quiere volver a ganar el anillo de campeón

Se inclinará por aquel equipo con más posibilidades de lograrlo

Pasamos un fin de semana en California con el ala-pívot, que nos da las claves de su futuro

Pau Gasol, retratado hace unas semanas en Los Ángeles (California, EEUU) Fotogalería
Pau Gasol, retratado hace unas semanas en Los Ángeles (California, EEUU)

"¡Venga, nos jugamos los anillos!”, reta un simpático y bromista Mark Madsen, exjugador y campeón de la NBA –y, según nos cuenta, ex misionero mormón en Andalucía–, a Pau Gasol, una de las mayores estrellas de la liga de baloncesto más potente del planeta. En la cancha de entrenamiento de Los Angeles Lakers, el español responde divertido, entrando al trapo de la apuesta que le plantea uno de los entrenadores asistentes del equipo. “¡Los míos tienen más diamantes!”, ríe, y vacila en referencia a las joyas que le acreditan como doble ganador de la NBA en 2009 y 2010, los dos últimos títulos del equipo californiano antes de entrar en una espiral de desgracia que ya dura tres temporadas: las mismas desde que el legendario entrenador Phil Jackson, amigo personal de Pau y el técnico que más veces ha ganado la NBA (11, más otras 2 como jugador), dejara Los Ángeles.

Estamos en la sede del equipo amarillo en El Segundo, una de las localidades que rodean a esta gigantesca urbe que es LA, el diminutivo con el que se la conoce. “Una vez que te acostumbras a las distancias y al coche, ves que es una ciudad con muchos rincones, con una gran oferta cultural, artística, culinaria…”, nos dirá Gasol, al que contemplamos ejercitarse primero en la sala de musculación, un lugar en el que suena la música rap a toda pastilla y donde vemos en una pizarra el nombre de todos los jugadores: “Gasol: 228 entrenamientos”. Al acabar, el ala pívot salta a la cancha de parqué perfectamente pulida y encerada para practicar el tiro, el único jugador de los Lakers en hacerlo allí a finales de abril, días antes de volar hacia España. Es una jornada atípica para un conjunto que ha jugado 31 finales de la NBA y que no acostumbra a estar de vacaciones a estas alturas de la temporada, solo la sexta ocasión desde 1948 en que no juega los playoffs, las eliminatorias por el título. Una estadística que muestra el tamaño de la crisis deportiva e institucional que vive la franquicia, justo cuando Pau afronta un momento importante en su carrera, la opción de cambiar de aires la próxima temporada.

Los Ángeles tiene muchos rincones y una gran oferta cultural y culinaria”

¿Cómo ha pasado el equipo de ser bicampeón a estar en una situación tan mala en tres años? Dos entrenadores, Mike Brown y Mike D’Antoni, que no han funcionado como se esperaba tras la marcha del maestro zen Jackson hace tres años; la muerte en 2013 del dueño de los Lakers, Jerry Buss, y el traspaso de poder a sus vástagos, y los problemas físicos de sus jugadores clave han sido algunas de las dificultades afrontadas por la franquicia. “Las lesiones se han cebado con nosotros. No es normal que tu mejor jugador [Kobe Bryant] dispute solo seis partidos tras ocho o nueve meses fuera [se rompió el tendón de Aquiles y, al regresar en diciembre, tuvo una rotura en la rodilla]. Steve Nash solo ha podido jugar 15 partidos de 82 este año. Y yo me he perdido 22 encuentros entre una rotura en un abductor, las infecciones respiratorias y el vértigo. Todo eso afecta a un grupo con tantos jugadores jóvenes”, analiza Gasol respecto de la temporada recién finalizada, en la que él, a pesar de todo, ha obtenido buenos números: 17,4 puntos, 9,7 rebotes y 3,4 asistencias por partido, cifras en la línea de su carrera.

Mientras Gasol se ejercita en El Segundo, observamos lo que le rodea en una de las mecas más grandiosas de este deporte. La ventana de un despacho deja ver 10 trofeos de la NBA desde la pista, los 10 que tienen los Lakers desde que la copa de campeones cambiara su diseño en 1977. Esta representa un balón a punto de entrar en una canasta, seis kilos y medio de aleación de plata recubiertos de oro de 24 quilates por valor de 13.500 dólares y fabricado por Tiffany’s: el sueño de todo baloncestista. En una pared, la bandera de Estados Unidos preside por encima de las camisetas retiradas de los Lakers: el 32 de Magic Johnson, el 33 de Kareem Abdul-Jabbar, el 44 de Jerry West, el 13 de Wilt Chamberlain… recuerdan a los jugadores actuales el impresionante bagaje del equipo, el segundo más laureado de la NBA tras los Boston Celtics, su eterno rival: 17 títulos los de Massachusetts por 16 los de California. Once banderolas conmemoran las ligas conquistadas en Los Ángeles, mientras que otra de color azul claro recuerda los cinco entorchados logrados como Minneapolis Lakers. Y es que la franquicia nació en Minnesota (allí estuvo hasta 1960), conocido como “el Estado de los 10.000 lagos”, y de ahí viene el nombre: lake significa lago en inglés.

Las lesiones se han cebado con nosotros. eso afecta a un equipo tan joven”

Se acerca a nosotros Johnny Davis, segundo entrenador de los Lakers, para preguntar qué hacemos en la ciudad. Al mencionarle que venimos de España para compartir un par de días con Gasol, enseguida surge una agradable conversación con él: “Pau es una persona excelente. Es un jugador top de la NBA, pero también es una persona top. A mí me encantaría que se quedara con nosotros”, reconoce. Entonces cuenta que también coincidió con él en los Memphis Grizzlies, antes de que fuera traspasado a Los Angeles Lakers en 2008. ­Davis, 38 años en la NBA como jugador y entrenador, explica quién es Gasol para la historia del baloncesto: “Pau podría jugar en cualquier era. Podría adaptarse a cualquier estilo. Es muy cerebral y tiene un talento magnífico”, precisa alguien que jugó (y ganó el campeonato en 1977) al lado de uno de los pívots más determinantes de la historia, Bill Walton.

Sorprende escuchar esas declaraciones de boca de quien ha sido parte del cuerpo técnico del ya exentrenador de los Lakers Mike D’Antoni. Este último y Gasol chocaron profesionalmente desde que el italoamericano se hiciera cargo del equipo en 2012, precisamente a propósito de los estilos de juego. El técnico insistía en un sistema que no pareció beneficiar ni al equipo ni a Gasol. El español jugaba con D’Antoni más lejos de la canasta de lo que acostumbraba y de lo que le gusta, y lamentó no recibir más balones cerca del aro. Algo a lo que el entrenador respondía irónico diciendo que “Pau es tan bueno que puede jugar en cualquier sistema”. Una situación que engordaba los rumores de traspaso. De hecho, Gasol llegó a estar fuera de los Lakers, enviado a los Houston Rockets en un intercambio de seis jugadores entre tres equipos; un acuerdo que, aunque se hizo público, acabó frustrado, vetado por la NBA, que entonces era dueña de uno de los conjuntos implicados en aquel movimiento.

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Cuando le recordamos a Gasol las palabras del entrenador, su cara lo dice todo. Con una media sonrisa, responde educado, pero claro: “Lo de que soy ‘tan bueno’ lo agradezco. Pero no es una cuestión de un jugador, sino de un equipo y de las piezas que tienes. El año pasado, por ejemplo, teníamos en el quinteto titular a dos jugadores grandes como Dwight Howard [que abandonó el equipo, entre otros motivos, harto de D’Antoni] y yo mismo, y otros dos como Kobe Bryant y Steve Nash en el momento de su carrera en el que están [uno tiene 35 años y el otro 40, y ambos han atravesado lesiones graves]. Creo que pretender un ritmo de juego y un estilo rápidos no era ni lo ideal ni lo mejor. Al final fue el propio equipo el que tomó las riendas: ralentizamos el juego, empezamos a ganar y nos metimos en playoff”, razona.

Mientras estamos con Pau en Los Ángeles, D’Antoni negocia su continuidad como entrenador. La cadena de televisión ESPN da por hecho que va a seguir, pero días más tarde se conocerá el verdadero desenlace: D’Antoni no volverá, lo cual favorece, en principio, que Gasol y los Lakers pudieran acercar posturas. “Quiero maximizar los cuatro o cinco años que me quedan por delante, y si creo que hay un sistema de juego o un entrenador con el que puedo estar más en sintonía, lo tendré en cuenta”, nos había dicho Pau. Pero en realidad su futuro está muy abierto: “A mí lo que más me motiva y me incentiva es estar en una situación que me permita ganar y que yo pueda contribuir a ello. Estar en un equipo que gane regularmente y que opte a un anillo, sobre todo en este momento de mi carrera. Lo económico es un factor más secundario”, dice Pau, que solo jugando a baloncesto se ha embolsado 137,2 ­millones de dólares (100 millones de euros) en su carrera en la NBA.

Me gustaría maximizar los cuatro o cinco años que me quedan por delante”

Todavía no tiene propuestas. Las estrictas normas de la NBA lo impiden hasta el 1 de julio, a riesgo de fuertes multas. En esa fecha expirará oficialmente su contrato y se convertirá en lo que se conoce como “agente libre”, una condición que tiene a su vez varias subcategorías: la de Gasol es la de agente libre sin restricciones. Eso significa que podrá fichar por cualquier franquicia de las que se interesen por él, y no como en los 13 años que lleva en la NBA. Primero fue elegido en el draft por los Atlanta Hawks en 2001, que en ese mismo momento lo traspasó a los Memphis Grizzlies, donde jugó seis temporadas y media antes de ser enviado a Los Angeles Lakers: Gasol, como cualquier jugador con contrato en vigor en la liga, siempre ha estado sujeto a un intercambio de cromos entre equipos donde el profesional no tiene ni voz ni voto. “Me siento muy ilusionado. Es una situación nueva para mí. Nunca he decidido realmente mi destino en la NBA, a no ser que haya aceptado una oferta de extensión de contrato. Ahora tengo ganas de ver qué opciones voy a tener. Soy consciente de lo importante de esa decisión, porque posiblemente sean los últimos años de calidad de mi carrera”, resume. La idea es decidir en la primera quincena de julio para quedarse tranquilo ante el reto más inmediato, el Mundial de baloncesto, que se juega el próximo septiembre en España. “Ojalá podamos ganar esta vez a EE UU”, dice.

Quiero optar a volver a ganar el anillo de campeón. Lo económico es secundario”

Su continuidad o no en los Lakers dependerá de lo que sea capaz de inventarse la franquicia en los despachos y de ofrecer a Gasol. La gran estrella del equipo y cinco veces campeón de la NBA Kobe Bryant ya ha dejado claro que quiere que Pau continúe. “Nos tenemos un aprecio y respeto mutuos. Tenemos buena comunicación. Kobe me ha expresado varias veces su deseo de que siga. Pero, bueno, al final es el equipo el que da o no una oferta”, dice Gasol. Sería muy raro que no lo hicieran. Mitch Kupchak, general manager de los Lakers, y a quien vemos de refilón en la sede del equipo, declaró a la prensa en abril: “Gasol es nuestra prioridad en el mercado de agentes libres”.

Llegamos a Venice Beach en un Hummer con los cristales tintados. Lo conduce un policía retirado de Los Ángeles, ahora dedicado a la seguridad de deportistas profesionales. En el asiento de atrás compartimos unos minutos con Gasol, que se cambia ahí mismo de ropa: se pone pantalón de baloncesto y camiseta. Mientras, los fotógrafos ultiman los detalles en unas canchas junto a la playa. El jugador español cuenta que es la segunda vez que le retratan allí; la anterior, para una publicidad de Nike, la marca deportiva de la que es imagen. Según recuerda, levantó una tremenda expectación en un lugar abarrotado de gente. Le damos las gracias por repetir la experiencia y responde: “De nada, hombre, un placer; se trata de que quede bien, que el reportaje salga lo mejor posible”. Reacciones así revelan que Pau Gasol es un profesional de su trabajo, además de un tipo amable, agradable, sencillo y de trato fácil. “Hay jugadores que ponen su pose para la prensa. Pero él realmente es buena gente, es inteligente y se preocupa por los demás”, explica Madsen, uno de sus entrenadores.

Me siento muy ilusionado. hasta ahora nunca he podido decidir mi destino”

A la señal de los fotógrafos, Pau Gasol abre la puerta del todoterreno y pone un pie en la calle. Nada más hacerlo, decenas de personas reconocen sus 2,13 metros de altura. En los 50 metros que camina en dirección a la cancha se arma el revuelo. Le agasajan, le piden autógrafos, le ruegan una foto. Le hablan de cerca, le gritan de lejos. Muchos en español. “¡Quédate en los Lakers!”, le dice uno. “¡Vete con Ricky Rubio!”, le propone otro. Él no rehúye a nadie. A quien le ofrece la mano, él se la da. A quien le saluda, él responde siempre simpático y educado. “Los aficionados han sido excepcionales, comprensivos y leales al equipo este año. Hemos llegado a perder por 20, 30 y 40 puntos en casa. No nos han abucheado, sino animado”, asegura Gasol.

Se le ve agradecido a Pau por el reconocimiento, consciente de quién es hoy, un hombre que hace tiempo que alcanzó la cima de su profesión, pero también de quién fue, un chaval más de Sant Boi de Llobregat (Barcelona) nacido en 1980. “El camino hasta aquí ha sido muy bonito. Todos empezamos siendo niños, ilusionados. Yo no era bueno, pero me encantaba jugar, porque mi padre también lo hacía y le veía los fines de semana. Recuerdo que era muy alto, muy delgadito, muy delicadillo. Pero fui desarrollándome, luché y di pasos hacia delante. A los 12 o 13 años me fui al Cornellà, y de ahí al Barça. Y luego a la NBA. No sé, fue una progresión. Es bueno crecer en tu campo profesional y también en tu vida personal”, nos dice cuando le preguntamos por su infancia, cuando era un niño de siete años que empezaba a tirar a canasta en el patio del colegio Llor.

Todos empezamos siendo niños. Yo no jugaba bien, pero me encantaba”

Aunque Gasol es en el trato directo una persona muy normal, él mismo sabe que no lo es del todo debido a su fama planetaria. “Todo tiene sus pros y sus contras. Cuando tienes una atención mediática y popular tan grandes, significa que estás en una posición determinada, con un reconocimiento, una situación económica y un nivel de vida privilegiados. Si no te siguieran, no tendrías nada de eso porque no le importarías a nadie. Es parte de mi trabajo y de mi profesión”, asume. En los últimos tiempos, el jugador ha sido noticia por su vida personal y sentimental: “Son cosas que no agradan la mayoría de las veces. Sobre todo cuando salen historias que no son verdad, como cuando dijeron que mi novia se había acostado con otro jugador. Son bulos que hacen daño a alguien que aprecias y quieres. Yo puedo estar curtido en mil batallas, pero hay que respetar la vida privada de las personas. Hay ciertos valores y principios que los medios de comunicación deberían respetar”.

Le preguntamos por su capacidad para hacer amigos: “Tengo un círculo bastante cerrado tanto familiar como de amistades. Siempre se puede incrementar, y vas conociendo personas con las que conectas, pero me resulta difícil abrirme con la gente. Me cuesta. Porque siempre, quieras o no, si sabes quién soy o sabes lo que hago, estás un poco condicionado a lo que piensas de mí, a lo que has escuchado o lo que imaginas. Cuando conoces a alguien de quien no sabes nada no tienes esos pensamientos: te caerá bien o no, tendrás algo en común o no. Conmigo es distinto”, explica.

Los medios han publicado bulos que hacen daño a gente que aprecio”

A su lado está Jorge Badosa, su hombre de confianza en EE UU. Son amigos desde la adolescencia. El baloncesto les unió. Se conocieron jugando a través de otra muy buena amistad común, Juan Carlos Navarro, el jugador del Barça y de la selección, y excompañero de Gasol en los Grizzlies en la temporada 2007-2008, la de su traspaso a los Lakers. “Cuando fue enviado a Los Ángeles y jugó las primeras finales aquella temporada, Pau se dio cuenta de que necesitaba a alguien que le echara una mano con la agenda, la prensa… Me llamó, dejé mi empleo en una empresa en Barcelona y empecé a trabajar para él”, cuenta Badosa, licenciado en Económicas y que no llegó lejos en el baloncesto como Navarro y Gasol.

Junto a él vamos al colegio Rosemont Avenue, en el centro de Los Ángeles, donde Pau va a grabar un anuncio de prevención de incendios para una ONG llamada MySafeLA, dedicada a la educación en seguridad de los niños, no solo en materia de fuegos, sino también, por ejemplo, de terremotos, un peligro muy presente en California. Junto a cinco menores, Gasol rueda el spot, y grita: “Be fire smart, LA!” [¡Sé inteligente con el fuego, Los Ángeles!]. Al final de varias tomas y de muchas risas, Pau se hace un selfie o autofoto con ellos que más tarde publicará en la red social Instagram. Más de 15.000 personas le darán al botón me gusta cuando la publique.

Tengo un círculo cerrado de amigos. Me cuesta abrirme”

Su interés altruista por las cuestiones sociales es muy alto. “Estoy en una posición en la que siento que puedo generar un impacto más allá de mí mismo, aportando mi implicación personal y presencial con los más desfavorecidos, en especial los niños”, nos explica. Gasol tiene, junto a su hermano Marc, la Gasol Foundation, dedicada a promover el ejercicio físico y la buena alimentación de los menores. Además, colabora con otras organizaciones como Unicef o el Hospital Infantil Los Ángeles. Hablamos con su responsable de comunicación, Marlen Bugarin, quien describe cómo son las visitas de Pau al centro sanitario: “No te puedes ni imaginar lo positivo que es cuando viene a ver a los niños y sus familias. Suelen quedarse en shock al principio, pero después se relajan, cuando se sienta y conversa con ellos. Pau es una persona empática, cariñosa, humana y con una pasión extraordinaria por ayudar a los demás. Nuestra relación con él es muy buena. Seguro que seguiremos siendo amigos si deja Los Ángeles”.

Aunque Pau no diga cuál es su futuro, porque realmente no lo sabrá hasta julio, la sensación en la ciudad es de cierta melancolía. La percibimos claramente en Kurt Rambis, entrenador asistente y una de las caras más combativas de los Lakers del Showtime, aquellos tiempos que, de la mano de Magic Johnson y sus asistencias imposibles, protagonizaron en los ochenta una de las eras más espectacu­lares de la historia del baloncesto: “Si se marcha, sería una pena y una desgracia para nosotros. Entenderé que busque lo mejor para su carrera, pero echaríamos mucho de menos su liderazgo y personalidad si se va. Perderíamos además a un amigo. Pero hay que asumirlo. Esta liga es un negocio. Y una parte de este consiste en despedir a los buenos amigos”.

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