Un reparto de película

Son algunos de los que más nominaciones o galardones han conseguido. 'El País Semanal' reúne a directores, guionistas, productores y actores plusmarquistas de los Goya

Javier Aguirresarobe, Alejandro Amenábar, Maribel Verdú,Fernando Bovaira y Candela Peña. / Jordi Socías

En O’Pazo ha pasado un poco de todo. Como restaurante madrileño con enjundia, en sus mesas se han acomodado comensales de cualquier clase: incluso cineastas. Allí, el 12 de noviembre de 1985, se reunieron a almorzar, capitaneados y reclamados por el productor Alfredo Matas, Luis García Berlanga, Carlos Saura, Marisol Carnicero, José Sacristán, Tedy Villalba, Charo López, Manolo Matji, José Nieto, José Luis Matesanz, Pablo González del Amo y Ramiro Gómez. Montadores, directores de producción, guionistas, músicos, decoradores, directores de fotografía, actores y directores. Y como es habitual en cualquier acto fundacional, no fueron conscientes de la repercusión del momento: levantaron un acta sobre la situación en ese momento del cine patrio, lo firmaron al final 87 profesionales y así nació la Academia el 8 de enero de 1986 y, detrás, los Goya. Nada se sabe del menú de aquel 12 de noviembre que tanto pudo inflamar las almas de los comensales para encarar tamaña tarea.

Esta noche se celebra la gala número 27 de los Premios Goya, y a ella llegan varias candidatas eclécticas: una película en inglés, otra en francés y español, otra muda, un thriller, dos en blanco y negro, dos con estrellas internacionales… Lo nunca visto, pero seguramente tal y como lo imaginó gustoso Alfredo Matas. Uno de aquellos padres fundadores, José Sacristán, está nominado por primera vez en su historia, y probablemente se lo lleve gracias a su actuación en El muerto y ser feliz. En cambio, candidatos como los actores Álex Monner, Tom Holland o Macarena García no habían nacido cuando la maquinaria despertó.

El ‘cabezón’ llegó a pesar siete kilos y medio en las primeras ediciones”

Hace unos años, El País Semanal repasó, como en esta ocasión, a los cineastas récord. Aún estaba vivo el triunfador de la primera edición, el lunes 16 de marzo de 1987, Fernando Fernán-Gómez, que obtuvo los goyas a mejor película, dirección y guion por El viaje a ninguna parte, y a mejor actor por Mambrú se fue a la guerra. Él no fue, pero 20 años después posó y charló para aquella portada con Javier Bardem, que esta noche podría lograr su sexta estatuilla, como coproductor del documental Hijos de las nubes. Bardem, lo primero que hizo con cinco años fue participar en la serie El pícaro, que dirigía Fernán-Gómez. Y en aquella sesión rememoraba: “Recuerdo que en una toma quería que riera y acabé llorando. La dio por buena. Ya ve, empecé mi carrera desobedeciendo al director”.

También se dejó fotografiar y entrevistar el guionista español más curioso e inteligente del siglo XX, Rafael Azcona, ganador de seis cabezones y otro más de honor. Tampoco nunca asistió a la ceremonia (Miguel Rellán recogió el honorífico en su nombre). Pero ¿le interesaban los Goya? “Claro que sí, son fundamentales para la industria española, pero no los veo. Me meto en la cama a leer, mi mujer ve la ceremonia; si gano algo, ella me despierta”, contaba. También dijo: “El cine es como la gastronomía. Hay que probar de todo, pero si no me gusta, no repito”. Azcona vino y se fue al café Barbieri en autobús, su medio de transporte favorito para poder poner la oreja. La sensación de que Azcona y Fernán-Gómez –7 goyas al final de su carrera– pasaban el testigo a la nueva generación se ve ahora con nombres como Alejandro Amenábar, poseedor actual del récord de 11 cabezones; Fernando Bovaira, el productor de Mar adentro, película con más premios (14); el maquillador y peluquero Pepe Quetglas, que era un ayudante de su departamento en El viaje a ninguna parte, y que 26 años después lleva ya 7 galardones… Y no pudo estar presente el músico Alberto Iglesias, 10 veces ganador del Goya, 2 veces candidato al Oscar, uno de los grandes genios del cine mundial actual.

Las cosas han cambiado: ya no sale una cámara retráctil del cabezón, un premio diseñado por Miguel Berrocal que en sus primeras tres ediciones llegaba a pesar siete kilos y medio (a Rafaela Aparicio casi le da un síncope el día que recogió su Goya de Honor) y que ahora ha adelgazado hasta los tres kilos con el diseño de José Luis Fernández; ya se puede decir Premios Goya, algo prohibido en los inicios porque así se llamaban otros premios ya existentes y hubo que esperar hasta una solución legal; las productoras por fin rentabilizan en taquilla las candidaturas y los premios; se ha abandonado la idea de llevar de gira la ceremonia, que en 2000 se celebró en Barcelona, donde Pedro Almodóvar le cantó el cumpleaños feliz al príncipe Felipe –sí, era su cumpleaños–, y tras la cual recuerda Carmen Maura, que no ganó en su categoría, ella se corrió la mayor y mejor juerga pospremios de su vida; no estará el director José Luis Borau, expresidente de la Academia, que enseñó sus manos en blanco contra la amenaza terrorista tras un hermoso discurso: Borau falleció hace unos meses, y ese vacío se reflejará en un momento en una gala que presentará Eva Hache. Hace 26 años, el patio de butacas del cine Lope de Vega tenía bastantes asientos vacíos. Para las butacas del salón de actos del hotel Auditorium, en donde caben 2.240 asistentes, más del doble que en aquel teatro, ha habido tortas y se han quedado académicos sin entradas. Concepción Velasco Varona, o Concha Velasco fuera del DNI, ya tiene en su poder el Goya de Honor y solo espera que le ocurra como a Rafaela Aparicio y Tony Leblanc, “que primero recibieron el honorífico y luego otro por su trabajo”.

Hace 26 años, el patio de butacas del cine Lope de Vega tenía asientos vacíos”

No todo han sido alegrías: aún da vueltas por la Academia algún Goya que no ha sido recogido, como el que otorgaba a The queen el galardón a mejor película europea; muchas veces critican galas politizadas como la de la 17ª edición, la de 2003, que se convirtió en un canto en contra de la guerra y acabó con Guillermo Toledo y Alberto San Juan –la compañía Animalario ejercía como maestra de ceremonias– abrazados en el escenario con dos camisetas en las que, unidas, se podía leer “No a la guerra”. La puerta de la ceremonia ha servido para publicitar todo tipo de protestas tanto del mundo laboral o político como del virtual. Ha habido intrusos en el escenario, pechos femeninos que de repente aparecían como protagonistas (visión que el presentador de aquel año, El Gran Wyoming, coreó segundos después al grito de “Señores, hemos subido 10 puntos de audiencia”)… En el escenario puede ocurrir de todo: Miroslav Taborsky recibió un Goya por La niña de tus ojos y se soltó un discurso de más de diez minutos destrozando los horarios televisivos; en cambio, a Marieta Orozco no le salió palabra alguna cuando quiso agradecer el premio por Barrio.

El presidente de la Academia, Enrique González Macho, que esta noche se hará cargo del discurso institucional en la temporada de la subida del IVA al 21% y en el momento en que se aceleran las negociaciones sobre el futuro nuevo marco legal para la industria cinematográfica, asegura que hay más peticiones de entradas que para una final de la Champions, y que estos días su teléfono arde. De él nació la apuesta por Eva Hache, y por ahora ha acertado. González Macho es el último de una larga serie de cineastas que han presidido una institución que solo ahora, con el palacete de Zurbano, número 3, a pleno rendimiento, parece mostrar su poderío. Los Goya son solo una muestra de sus múltiples actividades, aunque un mal momento en la ceremonia manche la imagen de todos sus aciertos. Y no, José Luis Garci no ha vuelto.

No todo han sido alegrías. Todavía da vueltas algún Goya sin recoger”

Al final de la gala queda una sensación de alegría universal que en realidad emerge de un patio de butacas donde más de tres cuartas partes de los asistentes han perdido su ocasión de ganar el Goya. Se habrán repartido 28 premios –estatuillas, unas pocas más, por las candidaturas con varios responsables– y con suerte no se habrá perdido algún sobre con el nombre del ganador, cosa que ya le ocurrió a El Gran Wyoming. No hay problema: el notario guarda otra copia.

 

Javier Aguirresarobe: “Antes nadie les daba importancia a los Goya”

Javier Aguirresarobe (Éibar, 1948), director de fotografía con seis cabezones, viene de rodar Blue jasmine con Woody Allen, y sus trabajos fuera de España van desde La carretera hasta dos filmes de la saga Crepúsculo. Usted fue candidato ya en la segunda edición. Sí, con El bosque animado. Entonces nadie le daba ninguna importancia ni tenía el alcance mediático actual. ¿El premio más sorprendente? El que logré con Antártida. Derroté a Vittorio Storaro, que se quedó con una cara… Pensaba que le habían invitado para recibirlo.

Alejandro Amenábar: “La Academia ha sido muy muy generosa conmigo”

Alejandro Amenábar (Santiago de Chile, 1972). El cineasta con más goyas, once: tres como director, cuatro como guionista, uno como compositor y tres como productor de la mejor película. ¿Su recuerdo más impactante? La gala de Tesis, porque pensábamos ganar alguno, pero no siete ni el de mejor película. ¿Cómo se siente como el cineasta récord? Me hace sentir que la Academia ha sido muy muy generosa conmigo. ¿Piensa en la ropa? Ahora sí; antes iba hecho un adefesio. El glamour es importante, incluso para quienes no tenemos glamour.

Maribel Verdú: “Una candidatura es un regalo de los compañeros”

Maribel Verdú (Madrid, 1970), nueve veces candidata, solo ha ganado uno, por Siete mesas de billar francés. Esta noche puede que sume el segundo con Blancanieves. ¿Su relación con los Goya es intensa y amarga? No, qué va. He igualado el récord de Victoria Abril de nueve candidaturas. Es tan difícil que te nominen, que me parece que esa candidatura es un regalo de los compañeros. ¿Este año le toca? Va a vencer Naomi Watts. Aunque me gustaría ganar porque es mi primera malvada y no esperaba esta repercusión.

Fernando Bovaira: “Los Goya provocan más nervios que los Oscar”

Fernando Bovaira (Castellón de la Plana, 1963). El productor detrás de la película con más goyas, Mar adentro, con 14 en 2005, que logró, entre otros, película, dirección, guion y las seis estatuillas de interpretación. Los primeros Goya le pillaron fuera. Sí, estaba en EE UU. Mi primer recuerdo es de ¡Ay, Carmela!, ya de 1991. ¿Es más divertida la gala de los Goya o la de los Oscar [lo ganó con ‘Mar adentro’]? La de aquí, que es en casa. Y también provoca más nervios. En los Oscar es solo una candidatura y pasado el momento te dedicas a ver el resto de la gala.

Candela Peña: “Los premios no son muy justos”

Candela Peña (Gavá, 1973) es candidata este año –por quinta vez– por Una pistola en cada mano. Ya tiene dos: como secundaria por Te doy mis ojos, por protagonista por Princesas. Tu primer recuerdo de los Goya. La noche de Días contados, mi primera peli. Ruth Gabriel, Elvira ­Mínguez y yo, las tres del filme, competíamos en actriz revelación, y Ruth y yo repetíamos en protagonista y secundaria. Nunca se ha vuelto a repetir. ¿Y ahora lo desea? Mi ilusión ya no es ganar premios, porque no son muy justos. Soy candidata tras tres años sin rodar y con un trabajo de tres días.

Juan Diego: “Iba a Sevilla porque mi madre se moría y oí cómo ganaba el Goya”

Juan Diego (Bormujos, 1942). Nueve veces candidato al Goya, ganador de tres, fue nominado en la primera ceremonia por Dragón Rapide. Se lo arrebató el gran triunfador de aquella noche de estreno, Fernando Fernán-Gómez. ¿El recuerdo más bonito? En 1992 iba a Sevilla en coche porque mi madre se moría y oí cómo me concedían el Goya por El rey pasmado. No pensaba ganarlo. Sentí una felicidad por llevármelo y a la vez estar cerca de mi madre, porque siempre temí que sus últimas horas me pillaran haciendo teatro en cualquier sitio lejano.

Carmen Maura: “Con ‘¡Ay, Carmela!’ me resarcí”

Carmen Maura (Madrid, 1945) comparte con Verónica Forqué el récord de actriz con más goyas, cuatro, y tiene dos candidaturas más. Su primer recuerdo no es bueno. No, los Goya empezaron el año de La ley del deseo, y ni nos nominaron ni nada. En cambio… Al poco llegó uno de mis trabajos favoritos, ¡Ay, Carmela!, y me resarcí. Es cierto que el primero me lo dieron por Mujeres al borde de un ataque de nervios, pero como esa película… [y hace un mohín]. ¿El momento más frustrante? Que de todo el equipo de La comunidad solo yo lo ganara.

Andrés Vicente Gómez: “Las ceremonias son parecidas; cambia, eso sí, la repercusión”

Andrés Vicente Gómez (Madrid, 1943). Productor de los 13 goyas de ¡Ay, Carmela! y de otro montón de películas. ¿Cuántas candidaturas suman sus trabajos? Sin las de El cónsul de Sodoma y La chispa de la vida tenía 267 nominaciones [ahora, 274]. He recogido cuatro estatuillas a mejor película, y conmigo han ganado cinco directores. ¿Han cambiado los Goya de los noventa a la actualidad? No, las ceremonias son muy parecidas; cambia, eso sí, la repercusión.

Imanol Uribe: “Los premios, una vez recibidos, hay que olvidarlos”

Imanol Uribe (San Salvador, 1950). Dos de sus películas, El rey pasmado y Días contados, ganaron ocho goyas. Él tiene dos: por dirección y guion adaptado de Días contados. ¿Qué recuerda de aquellos momentos? De la gala de El rey pasmado, que todos me venían a consolar porque yo no había ganado ninguno. Y yo, sin embargo, estaba viviendo un momento muy bonito. ¿Son importantes los premios? Sacian tu ego. Pero una vez recibidos, hay que olvidarlos por completo.

Fernando León: “Creo que el ‘No a la guerra’ fue muy espontáneo”

Fernando León (Madrid, 1968). Con sus tres primeras películas ganó otros tantos goyas a la dirección. Un porcentaje casi imposible de mejorar. Tiene dos más: al mejor documental y otro al mejor guion. Ahora prepara nueva película y publica libro de cuentos. ¿Recuerda su primera aparición con Familia? Nada. Porque lo tengo grabado, que si no te diría que no estuve allí. Recogió premio en la gala del “No a la guerra”. ¿No hizo mucho daño al cine español esa ceremonia? Yo la vi como un momento muy espontáneo, como un reflejo de la sociedad.

Iciar Bollain: “Me siento casi especial gracias a los Goya”

Iciar Bollain (Madrid, 1967) ha vivido los Goya desde todos los frentes: como vicepresidenta en una ceremonia complicada y como candidata a guionista, actriz, directora de ficción y de documentales. Tiene dos cabezones: como directora y coguionista de Te doy mis ojos. Sus películas siempre han logrado alguna candidatura. Eso me hace sentir casi especial. Son los primeros Goya sin su maestro y expresidente de la Academia José Luis Borau. Estaba a su lado cuando ganó el suyo. Significó muchísimo para él.

Pepe Quetglas: “No siempre se premian los mejores trabajos”

Pepe Quetglas (Madrid, 1955). Uno de los grandes del maquillaje y la peluquería, tiene seis estatuillas en casa por esa labor y otra más por los efectos especiales de Mortadelo y Filemón. Misión: salvar a la Tierra. ¿El laberinto del Fauno es un antes y un después? Desde luego, gané el BAFTA británico, el Goya y el Ariel mexicano. ¿Su primer recuerdo de los Goya? Yo estaba de ayudante en El viaje a ninguna parte y oía y veía cómo se levantaba la primera ceremonia. ¿Se premian los mejores trabajos? No siempre, y pienso en mí mismo.

Eduard Fernández: “A veces hay lagunas en las candidaturas”

Eduard Fernández (Barcelona, 1964). Siete veces candidato, tiene uno como actor protagonista con Fausto 5.0 y otro como secundario por En la ciudad. Es parte del reparto olvidado por la Academia de Una pistola en cada mano. ¿Se siente querido en la Academia? Sí, aunque en los premios tienen que ver mucho las modas… Es difícil que yo hable mal de alguien; sin embargo, siempre ves lagunas en las candidaturas. Si no va, ¿los ve por la tele? Sí, si tengo fiesta y hay compañeros nominados.

Félix Bergés: “Somos pocos los que nos dedicamos a los efectos especiales”

Félix Bergés ha ganado seis veces el Goya como responsable de efectos especiales. Nominado otras seis, este año es candidato por Lo imposible, y parece el máximo favorito tras recrear el gran tsunami que asoló la costa asiática. ¿Un 50% es buen porcentaje de victoria / derrota? No está mal, pero es que somos pocos dedicándonos a esto. O usted, o Reyes Abades (nueve premios), o Raúl Romanillos (cinco). Algo así, aunque curiosamente se hacen muy buenos efectos en España.

Victoria Abril: “Soy una privilegiada, trabajo desde los 14 años”

Victoria Abril (Madrid, 1959), como Maribel Verdú, ha sido nueve veces candidata y solo lo ha ganado por Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto. ¿Mal porcentaje? No, soy una privilegiada. Trabajo desde los 14 años, sigo rodando, y no solo no puedo quejarme, es que está prohibido que me queje. ¿Competitiva? Nunca, no me ha gustado. Yo no competía, me ponían a competir. Cuatro nominados: uno gana, tres nominados. ¿Qué recuerda de Nadie hablará…’? Que obligué a Agustín Díaz Yanes a dirigirla y a recoger todos los premios que me dieran.

Verónica Forqué: “Vi a mi padre por televisión recogerlo en mi nombre”

Verónica Forqué (Madrid, 1955). Comparte con Carmen Maura el récord de cuatro goyas… y nunca ha recogido ninguno. ¿Cómo es que nunca subió a por ellos? Los tres años que he ganado me pillaron trabajando. ¿No ha disfrutado de esos momentos gozosos? El último que me llevé, el de Kika, estaba con Mario Camus rodando en Santander Amor propio, y me montaron al acabar la jornada una fiesta con una tele, y así vi a mi padre, que ya estaba preparado, recogerlo en mi nombre.

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