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jueves, 6 de enero de 2011

Hawass exige que se restaure el gran obelisco de Nueva York

El busto de Nefertiti, la Piedra de Rosetta... sí, pero cuando se piensa bien en cuál es el patrimonio del Egipto faraónico más impresionante que se encuentra fuera del país solemos olvidar lo más obvio: los obeliscos, las llamadas agujas de Cleopatra.

Hay varios repartidos por todo el mundo, pero los verdaderamente monumentales, de más de 20 metros, auténticos titanes de piedra, son ocho: cuatro en Roma (entre ellos el de la plaza de San Pedro), el de la plaza de la Concordia de París, el del muelle Victoria de Londres, el de Atmeidan en Estambul y el de Central Park en Nueva York.

Este último, mandado levantar precisamente por Tutmosis III, ha atraído la celosa mirada de Zahi Hawass. De momento, el poderoso señor de la arqueología egipcia no lo reclama directamente: eso, aunque consecuente con su agresiva política de retorno de la herencia faraónica, sería abrir una verdadera caja de los truenos patrimonial; ¿cómo despojar a las grandes capitales del mundo de esos monumentos que ya son emblemáticos de sus fisonomías urbanas, por no hablar del reto de ingeniería que sería abatirlos y transportarlos? -el de la plaza romana de San Juan de Letrán supera las 500 toneladas-.

¿Petición de devolución?

Hawass lo que pide de entrada es que se restaure urgentemente el obelisco americano que, denuncia, se encuentra en un injustificable estado de abandono y amenaza ruina. Si no se le hace caso, dice, exigirá la devolución a Egipto para cuidarlo allí debidamente. "La protección y conservación de las antigüedades egipcias es mi deber y considero necesario luchar por las de este obelisco", ha señalado Hawass, que ayer envió una carta al alcalde de Nueva York solicitando el cuidado del gigante pétreo, llevado a Estados Unidos en 1880.

El alto cargo egipcio señala especialmente daños en el texto en jeroglíficos que "ha desaparecido completamente en algunas partes". Y amenaza: "Si Nueva York no puede conservar adecuadamente este obelisco, seguiré los pasos necesarios para devolverlo a casa y salvarlo de la ruina".

De los grandes obeliscos egipcios que se conservan, solo cuatro permanecen en territorio egipcio -cinco si se añade el obelisco inacabado en la cantera de Asuán-: dos en Karnak, frente al cuarto pilono del templo; uno en Matarieh, en las afueras de El Cairo, y otro, cuya soledad fue cantada por Pierre Loti, en la entrada del templo de Luxor: su gemelo es el que fue llevado a París en 1836, mutilando la armonía del conjunto monumental. No hay precedentes de la devolución de un obelisco egipcio pero sí de uno etíope: el de Axum, en 2005.

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