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Reportaje:

Los museos brillan con arte privado

Ante la crisis, las colecciones particulares copan la temporada de exposiciones - El Prado presenta los 'renoir' de la Clark y a Mapfre llega 'The Phillips Collection'

Las exposiciones temporales sirven para atraer visitantes a los museos y para hacer funcionar sus cajas registradoras. El modelo básico consiste en buscar un artista o un movimiento y, a partir de las colecciones del propio museo, enriquecerlo con préstamos de otros centros o de colecciones privadas; un sistema tan laborioso como costoso. La drástica disminución de presupuestos de los museos ha provocado que sus responsables busquen nuevas recetas mucho más baratas.

La temporada que acaba de comenzar está llena de ejemplos. La más espectacular se verá desde el próximo miércoles en la Fundación Mapfre. Se trata de Made in USA, arte americano de The Phillips Collection de Washington, en la que 91 obras de 63 artistas detallan la esencia del arte estadounidense durante un siglo, desde Hopper a Georgia O'Keeffe, Pollock, Motherwell o Rothko.

Miguel Zugaza: "Es mejor compartir una muestra que 'alquilarla"

Poco después, el 19 de octubre, el Prado abrirá sus salas a una de las máximas estrellas del impresionismo: Auguste Renoir. Ocasión única para contemplar 31 pinturas prestadas por la Fundación Sterling & Francine Clark Art Institute de Williamstown (Estados Unidos). El IVAM, museo pionero en esta práctica, mostrará a partir del jueves la colección Christian Stein (con obras de Mario Merz, Boetti, Tombly, Lucio Fontana, Pino Pascali, Giulio Paolini, Piero Manzoni, Luciano Fabro o Jannis Kounellis) y también The Judith Rothschild Collection, colección de obra sobre papel propiedad del MoMA.

Miguel Zugaza, director del Prado, precisa que la Fundación Clark es ya más un museo que una colección particular y que su aportación a la pinacoteca es doblemente importante. "Empezando por la calidad de su colección", explica. "Por la novedad que supone para el público de nuestro país ver una pequeña retrospectiva de uno de los grandes maestros del impresionismo -el que más interés tenía en pertenecer a la historia del arte y en que su obra se expusiera en los museos- y, no menos importante, por presentar en el seno de una gran colección privada histórica, como es la que dio origen al Prado, la pasión coleccionista del siglo XX. Curiosamente, frente a otras colecciones con una visión más enciclopédica, como la del barón Thyssen, los Clark centraron una buena parte de su interés en un artista concreto, algo también muy conectado con el Prado: nuestra colección reproduce también la pasión de Felipe II por El Bosco y de Felipe IV por Rubens y Velázquez. De hecho, la sala central del museo Clark está consagrada a su colección de Renoir de forma similar a lo que sucede aquí con Velázquez".

El director del Prado considera que el intercambio de colecciones beneficia a todas las partes implicadas. "Frente a la tendencia actual de muchas instituciones de alquilar exposiciones, creo que tiene más interés compartir colecciones entre museos, como en este caso hacemos el Prado y el Clark. Ahora se presenta los renoir del Clark en el Prado y, dentro de unos años, coincidiendo con la apertura de la nueva ampliación que está construyendo Tadao Ando en Williamstown, nosotros presentaremos allí una pequeña exposición sobre el desnudo en el coleccionismo real".

Consuelo Císcar, directora del IVAM, ha practicado el intercambio desde su llegada al museo. Argumenta que las ventajas de presentar colecciones son múltiples, tanto en el terreno económico como en el de la difusión, la investigación, la colaboración con otros centros públicos y privados y la coherencia del relato: "Grandes obras del arte contemporáneo están en colecciones privadas. Es la única forma de verlas".

La Fundación Mapfre es la institución que más ha destacado en este campo, con el Impresionismo el pasado año y con la Phillips Collection esta temporada. El director general de la fundación, Pablo Jiménez Burillo, declina hablar del coste de estos desembarcos artísticos y asegura que solo presenta exposiciones de una sola colección pública o privada de manera excepcional. "En más de 20 años de exposiciones apenas siete u ocho han sido de colecciones procedentes de un solo museo y por razones muy concretas. En el caso del Impresionismo, gracias al cierre de una parte del Museo D'Orsay fue posible traer obras que normalmente no hubieran podido salir de París. Es el mismo caso de la exposición de Picasso en el Museo Reina Sofía, o las colecciones del Museo Ponce de Puerto Rico en el Prado". En cualquier caso, todos piensan en el ahorro económico sin perder calidad artística.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 4 de octubre de 2010