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Reportaje:

El atractivo de Hollywood

Hugh jackman dejó su australia natal por la meca del cine. Considerado el más sexy de la pantalla, después de bordar la gala de los oscar insiste otra vez con Lobezno.

La anatomía de Hugh Jackman y la del resto del mundo son diferentes. Él mismo lo explica: "Un actor tiene músculos diferentes. Músculos de actuar. Músculos de cantar. Los de bailar. Los de hacer todo esto en un escenario o delante de las cámaras. Hacer Shakespeare o Lobezno requiere diferentes músculos. Por no hablar de un musical. Y hay que tenerlos todos en activo si no quieres perder tu musculatura".

Desde luego, su cuerpo se adivina como una lección magistral de la avanzada anatomía de un actor. Ha hecho Shakespeare en teatro y televisión en Australia. Musicales de los clásicos tipo Oklahoma! y de los populares que revientan taquillas como La bella y la bestia, de Disney. Vamos, que es de los que canta, baila y sabe actuar. Además de ser un galán. La musculatura de su cara siempre tiene una sonrisa contagiosa. La de su cuerpo, digamos que es una de las razones por las que este año fue elegido como la "estrella más sexy de Hollywood", según la interpretación de la revista People. "Me ha costado las bromas de todos los que me rodean con e-mails que decían eso de '¡esto es más ridículo que el recuento de votos de Florida; una broma de mal gusto en un mundo en el que habitan Clooney, Pitt y Damon!'. Y eso me lo dijo mi padre", cuenta, con una humildad y un humor asombrosos, sin la más remota huella de vanidad. En la pantalla, sus brazos han hecho magia: han matado vampiros y han abrazado a Scarlett Johansson en más de una ocasión. Es el único actor a la altura de Nicole Kidman, y es una apreciación literal para alguien que mide metro ochenta y nueve. También ha sido capaz de sacar al Oscar a bailar, un reto que rescató a los mayores galardones de Hollywood de esa caída libre a la que se veían abocados dada la pérdida de interés de la audiencia en las películas candidatas. Sorprendió a los que nunca vieron en los escenarios de Broadway o en Australia cantar y bailar a la estrella de The boy from Oz. El gran público le identifica con el peludo superhéroe de la saga de X-Men, Lobezno, pero su presencia en la gala de los Oscar fue comparada con la altura de Cary Grant o Clark Gable. "Y Hugh tiene muchas de las mismas cualidades", apostilló el diario Los Angeles Times.

"Mi padre, contable, siempre me habló de la pasión"

"A mÍ me queda mucho que explorar con el personaje de Lobezno"

"Para los 30, con un poco de suerte, eres todo un hombre"

Jackman no es sólo una percha. O una cara. "También he oído mucho lo de que me parezco a Clint Eastwood hace 40 años. Algo que escuché antes de hacer de Lobezno en X-Men o de mi rudeza en Australia. Antes de que nadie se fijara en mí. Pero, por favor, no le digas nada, especialmente lo de los 40 años, porque me gustaría trabajar con él", dice.

A sus 40 años, Jackman es la pasión hecha hombre. Algo que le viene de familia. Su padre era contable y su madre, ama de casa, ambos británicos y separados desde que el intérprete tenía ocho años, cuando su madre abandonó el hogar familiar para regresar a Inglaterra. "Pero mi padre siempre nos habló de la pasión. Educación y pasión. Ésas eran sus dos grandes máximas. Nunca me preguntó lo que quería ser de mayor. Me decía: '¿Qué es lo primero que piensas cuando te levantas? ¿Qué despierta en ti esa pasión que no puedes quitar de tu mente?'. No son exactamente las preguntas que te esperas de un contable, pero él amaba su trabajo. Y es lo que quiso inculcar en nosotros. La misma pasión".

Actuar comenzó como una afición infantil y a los 12 años uno de sus profesores le recomendó que se apuntara a la escuela de arte dramático. Una pena que uno de sus cuatro hermanos, todos mayores que él, le dijo que era cosa de "niñas". Un comentario hiriente que ese mismo bocazas rectificó, seis años más tarde, cuando vio a su lado la puesta en escena del musical 42nd Street y le animó a ser lo que siempre había querido.

No hay ni una brizna de rencor al pensar en este arranque en falso. La familia sigue estando por encima de su carrera artística, aunque en la actualidad sus pensamientos se centran en la que formó hace casi 13 años junto a la también actriz Deborra-Lee Furness, ocho años mayor que él. Se conocieron mientras trabajaban en la serie televisiva Corelli, una producción australiana que nunca cruzó fronteras, y un año más tarde estaban casados, formando una familia junto con sus hijos Oscar Maximillian y Ava Eliot, de ocho y tres años respectivamente, ambos adoptados. Todos ellos hicieron un pacto por el que nunca pasan más de dos semanas separados. Incluso desde que Hollywood llamó a su puerta. "A mí me toca ser el más disciplinado, el de la mano dura", afirma. "Sí. Mi esposa es hija única de madre soltera, mientras que yo vengo de un hogar de cinco hermanos criados por mi padre. Por eso me toma el pelo cuando me oye hablar a los niños. Me dice: 'Ahí está Chris'. Por cierto, Chris es mi padre", aclara, orgulloso de todos ellos y juguetón con ese anillón de casado que lleva en la mano izquierda.

Ni Oscar, ni Scarlett. Probablemente su carrera artística tampoco hubiera incluido la presencia de Nicole Kidman (alguien que en lo personal es la mejor amiga de su esposa, compañeras de piso cuando ambas empezaban) si Bryan Singer no hubiera llamado a su puerta. Y eso también fue una casualidad. El director de Sospechosos habituales sólo contactó con Jackman de rebote, después de que las cosas no funcionaran con Dougray Scott, el primer actor contratado para hacer de Lobezno en la primera entrega de lo que se convertiría en una saga exitosa, X-Men. "Él hizo de los superhéroes algo complejo, retorcido, complicado. Uno de los primeros antihéroes del mundo del cómic", describe de su personaje, parte de esta pandilla de mutantes con poderes sobrehumanos. Lobezno se caracteriza por una rabia incontenible que se manifiesta en esas afiladas zarpas en las que se convierten sus huesos. X-Men le dio una carrera, pero Jackman también le dio todos sus músculos a un Hollywood famélico y necesitado de galanes de pelo en pecho. La risa de Jackman muestra un cierto rubor al hablar del tema, aunque le da crédito a Bill Mechanic, productor y al frente de los estudios Fox cuando el australiano pasó a formar parte de Hollywood. "Me dijo eso de: 'Mira, si esto no funciona, has llegado en buen momento, porque hay un montón de películas por ahí y no hay muchos hombres", recuerda.

Le cuesta explicar que Leonardo DiCaprio o Matt Damon son los mejores ejemplos de actores de Hollywood que alcanzaron la fama de jóvenes. "Y esa imagen de eterna juventud es difícil de quitar. No les dejan crecer como hombres", añade, poniendo en el otro plato de la balanza ese tópico tan comentado de la virilidad con marchamo australiano. ¿La verdadera diferencia? Tanto él como Russell Crowe, Mel Gibson "e incluso Errol Flynn" no llegaron a la industria de Hollywood hasta bien entrados en la veintena. "Y para los 30, con un poco de suerte, ya eres todo un hombre", aclara partido de risa.

No le hizo falta venderse como nuevo galán de Hollywood. Hasta la fecha van tres X-Men y su taquilla sólo ha ido en aumento: de 157 millones de dólares la primera entrega a 215 millones de dólares por la segunda y 234 millones de dólares la tercera. Esto sólo en Estados Unidos. Películas de reparto plural donde Jackman fue el mayor descubrimiento y el único de los mutantes que ahora cuenta con su propio filme gracias a la precuela X-Men Orígenes: Lobezno. "Nunca he interpretado un personaje durante tanto tiempo". Recuerda que la primera vez le costó encontrar al personaje hasta seis semanas después de comenzar a rodar. "Me sentí arrastrado por las circunstancias", añade como justificación. La segunda fue "genial", lo mismo que la tercera, aunque en esa, en manos de un nuevo director, se queja de que hubo muchos cambios. "Aun así, no coincido con Harrison Ford cuando dice que siempre sabe lo que piensa Indiana Jones. A mí me queda mucho por explorar con Lobezno", apunta admirado de la nueva aventura en la que se ha embarcado.

En esta nueva entrega no sólo probará la fuerza de su personaje en solitario, separado del resto del reparto de X-Men, sino que ha expandido su labor a la de productor. "No es mi dinero el que está en juego", aclara jocoso. "Pero siempre fui alguien con iniciativas. Desde mis días de estudiante de arte dramático quise crear con mis compañeros de clase una compañía teatral antes de esperar a que me llamaran para un papel. Da igual que esperes por tu primer trabajo o por la llamada de Spielberg, la espera es la misma. Te convierte en víctima y eso no es bueno", dice con convicción ,"pero si llama Scorsese seré el primero en dejarlo todo".

Hasta la fecha, los que han llamado a su puerta han sido otro tipo de directores, esa nueva generación que ha acabado con el cine de género como Singer y Christopher Nolan, junto al que filmó Truco final. También ha trabajado con Darren Aronofsky en La fuente de la vida y con otro visionario como Baz Luhrmann en Australia, su último gran épico.

Lo más cercano a Eastwood y a Scorsese que ha llegado es a trabajar con Woody Allen en Scoop, pero no se puede decir que fuera una cinta memorable. Si hay una nota negra en la carrera triunfal de este australiano es que, al margen de su trabajo como Lobezno en los X-Men, al margen de ser la estrella más sexy de Hollywood, a pesar del Tony que obtuvo en teatro con The boy from Oz, el resto de su filmografía es tan poco memorable como Scoop. Sólo Happy feet está a la altura de sus éxitos en X-Men, y ahí lo único que hizo fue darle voz a esta película de pingüinos que bailan. Jackman lo sabe, pero la noción no le hace perder el sueño. "Digamos que si te metes en este negocio pensando que vas a dar en el clavo con cada estreno estás abocado a una carrera de desengaños", admite tras su experiencia como actor y como productor. "Básicamente te estarías metiendo en esto por las razones equivocadas".

Eso no quita para que este emprendedor viviera la entrega de los Oscar como la culminación de un sueño. Un sueño que nunca había soñado. La oferta le llegó caída del cielo mientras promocionaba Australia. Le sirvieron como aval las ceremonias de entrega de los premios Tony que había presentado con anterioridad y la carne que allí le echó. Consultó con Steve Martin, Whoopi Goldberg y hasta con Ricky Gervais. Ensayó unas seis horas diarias durante algo más de un mes redoblando las clases semanales que toma de canto para tener los músculos en su punto. Y ocurrió. Como bromeó luego con la prensa, en una ocasión su esposa le dijo que le habría tomado por loco si cuando se conocieron le hubiera dicho que haría carrera como Lobezno. "Yo me habría tomado por loco de pensar en ser maestro de ceremonia de los Oscar", remató en la misma anécdota.

Jackman ha llegado, pero hay una parte suya que nunca se ha movido, da igual que, junto a su familia, tenga ahora Nueva York como ciudad de residencia. El corazón de Jackman sigue y seguirá en Australia. No todo le gusta de allí abajo. Se avergüenza del pasado político del país, de la llamada generación robada fruto de los intentos de "limpiar" este continente de aborígenes. También se le saltan los colores ante el comportamiento "de cavernícolas" que les sale a sus compatriotas cuando el orgullo patrio impera. Pero la boca se le hace agua pensando en su Vegemite, concentrado de caldo típicamente australiano, y se deshace en explicaciones sobre la correcta forma de comer Tim-Tams, esas galletas de chocolate australianas que tanto le gustan.

'X-Men Orígenes: Lobezno' se estrena el 30 de abril.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 29 de marzo de 2009