Buscar temas

ArchivoEdición impresa

Acceso a suscriptores »

Accede a EL PAÍS y todos sus suplementos en formato PDF enriquecido

viernes, 27 de junio de 2008

Olafur Eliasson hace brotar cataratas en Nueva York

El artista nórdico exhibe su trabajo en la Fundación Miró de Barcelona

C. SERRA / B. CELIS 27 JUN 2008
Enviar Imprimir

Es cierto que las imágenes de la recreación virtual son más espectaculares que las imágenes reales, pero esto es algo que está implícito en el trabajo de este artista, que considera que "lo honesto" es mostrar los trucos y la trastienda de sus obras (la estructura que sostiene la catarata es perfectamente visible) en las que busca la implicación personal y subjetiva de los espectadores sin dejarse llevar por la espectacularidad.

En Girona y Barcelona

Sucede igual con las hermosísimas instalaciones que Eliasson (Copenhague, 1967) presenta hasta el 28 de septiembre en la Fundación Miró de Barcelona, que se completará a partir del 18 de julio con otra exhibición en La Fontana d'Or de Girona. La naturaleza de las cosas, que así se titula la exposición (¡no se la pierdan!), presenta 50 de sus obras en las que el tema dominante es la percepción y la participación del espectador en un sentido tanto físico como mental. Son obras aparentemente muy sencillas en las que los juegos de luces, los reflejos y el movimiento son interuptores que le sirven al artista para activar la respuesta crítica, perceptiva y emocional del visitante.

El espacio público en una ciudad

Sobre The New York City Waterfalls, Eliasson explica que su objetivo era poner sobre la mesa la cuestión del espacio público en una ciudad y una sociedad, la norteamericana, en la que se da por supuesto que todo es privado o comercializable. Pese a que ya se han organizado tours organizados para ver las cataratas y la ciudad confía en que será una buena fuente de ingresos turísticos durante el verano, Eliasson asegura que las cataratas quieren hacer visible la potencialidad del frente fluvial y recuperarlo no sólo de manera física, sino, principalmente, emocional. "En un paisaje tan desértico como el de Islandia, la velocidad con la que cae el agua es un punto de referencia que te permite saber a qué distancia estás de la catarata y, por tanto, situarte a ti mismo en la escala del paisaje", explica Eliasson, de ascendencia islandesa y con estrechos lazos artísticos con la isla helada. "El proyecto de Nueva York reúne muchas de mis obsesiones y creo que estos saltos de agua provocarán una reacción diferente en cada persona". Aunque el de las cataratas es un tema recurrente en su trabajo, en Nueva York ha amplificado su tamaño, a escala de la ciudad, y pretende que sus saltos de agua permitan a los neoyorquinos incorporar a su experiencia "este falso espacio vacío entre Brooklyn y Manhattan". "El agua es una ilusión poética, pero también es algo muy físico", dice. "Da mucho juego metafórico".

 
 

Webs de PRISA

cerrar ventana