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lunes, 16 de abril de 2007
Crítica:FLAMENCO | Carmen Linares

Cante de mujer

Desde el alma es el nuevo espectáculo de Carmen Linares, y le valió un rotundo éxito en su estreno en Fuenlabrada. La obra no tiene argumento; son estilos sueltos del flamenco que van discurriendo pausadamente, y armónicamente, para su interpretación por los distintos elementos del elenco. El cual está brillante en todos sus miembros, sin ninguna excepción.

Hay que referirse, en primer lugar, a la Linares, ya que es la protagonista y que además la mayor parte de la obra recae sobre ella. Digámoslo ya, de entrada: creo que nunca la había oído cantar tan bien, bordeando repetidamente la genialidad. La primera parte estuvo constantemente en el escenario, cantando palos difíciles con una soltura increíble. La milonga del forastero, sobre letra de Jorge Luis Borges, fue un hallazgo que ya le conocíamos, pero que igualmente tuvo una brillantez extraordinaria. Las siguiriyas, llenas de duende y misterio. Las cantiñas gaditanas... El cante de Carmen estuvo todo él sembrado de jondura y grandeza, como en pocas ocasiones he oído.

Desde el alma

Cante: Carmen Linares, Ana María González, Encarnita Anillo. Baile: Carmelilla Montoya. Toque: José Manuel León, Juan Diego, Eduardo Pacheco. Percusión: Nacho López, Israel Catumba. Fuenlabrada, Centro Tomás y Valiente, 14 de abril.

Sólo hubo cante de mujer, no sé si intencionadamente o por obra del azar, y ese cante triunfó apoteósicamente en esta noche. Encarnita Anillo, con la voz concentrada como si cantase para ella misma, estuvo francamente bien en los cantes a palo seco y los demás que hizo. Ana María González, que habitualmente no canta, se reveló como cantaora de garra y nervio en varios palos.

Hubo también baile, en la persona de Carmelilla Montoya. Quien bailó soberanamente, al estilo antiguo, el que nos gusta a los buenos aficionados. Bailó por tangos, a palo seco y por alegrías, y todo lo hizo noble y hermoso, brillando a gran altura como acreditaron los aplausos de una audiencia entusiasmada en todo momento.

Hacía tiempo que Carmelilla Montoya había desaparecido de la circulación, desde los años en que formaba parte de su grupo familiar, pero afortunadamente vemos que sigue en plenitud de facultades. Quizá, incluso, su clase actual sea un punto superior a la que tenía entonces. Verla transitar por el escenario marcando los pasos, claros y distintos, fueron momentos altamente gratificantes, de arte con todas las letras.

Los músicos, excelentes igualmente. De León y Diego bordaron sus interpretaciones, y Pacheco intentó acertadamente estar a su altura. Los percusionistas, excelentes.

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