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jueves, 29 de diciembre de 2005

Sánchez Piñol dice que la antropología le ayuda a entender el lado oscuro del hombre

Su nuevo trabajo, 'Pandora en el Congo', supera los 30.000 ejemplares vendidos

En el caso de Albert Sánchez Piñol (Barcelona, 1965), la antropología y la literatura se complementan. "La antropología me permite hacer análisis estructurales de cualquier lugar. Me ayuda a comprender cómo están hechos los hombres y creo que gracias a ella comprendo su parte más oscura". Su primera novela, La piel fría, ha vendido más de 130.000 ejemplares, ha sido traducida a 24 idiomas -en Alemania, por la editorial Fiser, y Canongate, en Reino Unido- y va por la undécima edición. Su nuevo trabajo, Pandora en el Congo (Suma), lleva vendidos más de 30.000 ejemplares.

En el caso de Sánchez Piñol, se puede hablar de uno de esos éxitos relacionados directamente con el boca oreja. Su primera novela todavía sigue viva. La piel fría se puede catalogar como un long seller. "No existe un autor absoluto, y lo mismo con los lectores", cuenta por experiencia propia el escritor, que se ha encontrado con un público que le sigue, cuya edad oscila entre los 14 y los 80 años. Todavía recuerda impresionado su paso por Alemania para promocionar su primera novela, donde el público paga por asistir a lecturas y coloquios sobre las obras literarias. "Aquí no creo que ni mi madre fuera capaz de hacer ese esfuerzo por escucharme", bromea.

"Esta historia empezó con tres entierros y acabó con un corazón roto: el mío", asegura en el arranque de la novela el protagonista de Pandora en el Congo, un negro literario que a lo largo de la obra narrará su peripecia para salvar de la horca a un inocente acusado de asesinato. Pero eso es sólo el inicio de una obra que tiene tantas como una cebolla. Esta vez Sánchez Piñol, al que se ha comparado con Lovecraft o Verne, se ha inventado una nueva civilización, los tecton, que ha permanecido oculta bajo tierra y que le sirve al autor como pretexto para mostrar el peor rostro de la colonización. Acción, aventura, un paraje exótico, unos toques policiacos, algo de amor y mucho humor completan el cóctel literario en el que se basa Pandora en el Congo. En esta ocasión, al elemento fantástico para criticar los conflictos humanos y en su caso para hablar del mal. "Lo habitual es que se tienda a analizar al contrario buscando posibles similitudes, pero aquí lo que se cuestiona es lo que podemos llegar a ser, la parte horrible del ser humano, su lado más oscuro; por eso me iba tan bien ambientar la historia en el periodo colonial donde la relación oprimido y opresor es tan nítida".

Puestos a buscar similitudes con la obra anterior, el autor aclara que sólo encuentra elementos comunes en el mundo fantástico y el espacio escénico, en el que se mueven los personajes, aislados en este caso en plena selva, aunque, aclara, se trata de obras muy diferentes. "Mis novelas son más fáciles de leer que de explicar", añade Sánchez Piñol, que ya tiene casi terminada una tercera parte con la que completará una trilogía, en la que ni los personajes ni el argumento tienen continuidad, sino que retoma el elemento fantástico.

Mar, tierra y cielo

El mar y la tierra le han servido para las dos primeras, y el cielo para la que cerrará la trilogía, pero de momento anda enfrascado en otro proyecto. Sánchez Piñol, que ha escrito relatos cortos y libros divulgativos, prepara una historia que no necesita el apoyo de la ficción. "¿Cómo voy a superar a los pigmeos o a los exploradores que les descubrieron?", se pregunta el narrador, que ha optado por el ensayo para contar las relaciones históricas entre Occidente y los pigmeos del centro de África.

Pandora en el Congo supone también una reflexión sobre el poder de seducción de la literatura y una mirada sarcástica sobre eso que ha venido en llamarse metaliteratura. "En este caso, se trata de una novela que habla de una novela y de dos niveles de lectura", argumenta. "Admiro el barroquismo estilístico, pero no es lo mío. Soy muy pragmático; la frase perfecta tiene cuatro palabras: el cielo es azul. ¿Cómo se puede superar eso? Cada vez que hago una revisión de un texto es para pasar el hacha, cada frase la corto en dos o en tres si puedo".

El escritor Albert Sánchez Piñol. / GORKA LEJARCEGI

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