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martes, 13 de enero de 2004

Viena reconstruye la violenta historia de las mafias judías en Estados Unidos

La exposición incluye un calendario necrológico desde finales del XIX hasta la actualidad

Presentar la historia de la mafia judía en el Museo Judío de Viena podría parecer una ironía o, de cara al resurgimiento de aversiones antisemitas, una provocación peligrosa. Un riesgo que no ignora el artista austroisraelí Oz Almog, comisario de la exposición Kosher Nostra, abierta hasta el próximo 24 de abril. La muestra resume, en más de ochenta biografías, el capítulo judío de la historia de la delincuencia organizada en Estados Unidos.

Muertes violentas marcan las fechas clave, entre 1890 y 2000, en un calendario necrológico que se lee a lo largo de dos muros en forma de serpentina, con fotos de actas policiales y de crónicas periodísticas donadas por el Daily News de Nueva York y retratos pintados por Oz Almog en grandes dimensiones.

Hubo numerosos gánsteres judíos, procedentes de Europa Central y del Este, que en lo que se refiere a brutalidad y falta de escrúpulos nada tenían que envidiar a sus rivales o compinches de la Cosa Nostra. Los laberintos de los clanes judíos aparecen como apuntes para un macabro guión de cine. Big Jack Zelig, nacido en 1888, da sus primeros pasos robando carteras, seduce a la justicia repetidas veces jugando distintos papeles con su descomunal talento de imitación y triunfa en el negocio del crimen liderando un grupo que tiene bien claro el precio de sus servicios (por una cuchillada en el rostro cobraban de un dólar a 10; por un asesinato, de 10 a 100). Dimensiones modestas comparadas con la fortuna del asesino obsesivo Bugsy Siegel, dueño del hotel Flamingo en Las Vegas y adicto a la vida mundana de Hollywood. Bugsy muere asesinado con una bala en el ojo en 1947 en casa de su amante, Virginia Hill. El 24 de diciembre de 2000, la policía de Los Ángeles encuentra el cadáver de la escritora Susan Berman, hija del socio de Bugsy, con un tiro en la nuca. Hasta hoy no se ha esclarecido el caso.

El catálogo (concebido como una enciclopedia de malhechores) explica que los mafiosos italoamericanos hicieron mejores migas con sus homólogos judíos que con otros inmigrantes. Les separaba la religión y veían los negocios desde diferente óptica ("mientras los padrinos italianos erigían sus dinastías, los judíos construían sus imperios"), pero coincidían en detalles para ellos muy valiosos, como en la veneración por la figura materna (la mamma para unos, la yiddishe mama para los otros).

La curiosa afinidad culminó con el siciliano Salvatore Lucania, alias Lucky Luciano, y el ruso Maier Suchowljansky, alias Meyer Lansky. Se asociaron, hicieron millones con el contrabando de alcohol, revolucionaron las estructuras de poder del hampa, refinaron los mecanismos de corrupción, pactaron con las más altas esferas políticas y dieron una mano a los Aliados en la II Guerra Mundial.

Otra legendaria simbiosis fue la de Al Capone con Jake Guzik, Pulgar Grasiento. Guzik falleció en 1956 de muerte natural. "No se conoce en toda la historia de los EE UU otro funeral judío al que acudieran tantos italianos", se cuenta en el catálogo.

La policía examina el cadáver de Louis Cohen, asesino de Kid Dropper. Fotografía del Daily News de Nueva York, publicada en 1939, en la exposición del Museo Judío de Viena. / MCCORY

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