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jueves, 26 de diciembre de 2002
Reportaje:UN POETA DEL SIGLO XX

Alberti busca su lugar en el centenario

Los expertos esperan que las conmemoraciones sirvan para reivindicar la obra frente al símbolo

El 16 de diciembre de 1902 nació Rafael Alberti en el Puerto de Santa María (Cádiz). Las actividades para conmemorar su centenario han comenzado y los expertos en su obra creen que es hora de aprovechar el evento para colocarlo definitivamente en el lugar que merece como autor fundamental del siglo XX. El miembro de la generación del 27, poeta y prosista comprometido y controvertido, fue sobre todo artista, que tocó la pintura, la música y el cine, primero en España, y después, durante sus años de exilio en Argentina e Italia, antes de regresar como símbolo de la reconcialiación a la España democrática. Su obra y su vida serán objeto de numerosos homenajes, congresos y exposiciones a lo largo del próximo año.

Fue la figura, fue el símbolo, el mito, la voz combativa que tronaba en una época de enfrentamiento. Se tuvo que marchar con la derrota de la guerra civil pero después regresó embotado en su ropaje de paradigma de la reconciliación y trajo con él, de golpe, su obra -sólo el 15% de la misma se había publicado antes de que partiera para el exilio- que no se pudo analizar con tino después, precisamente por haber llegado en avalancha. Ahora se cumple el centenario del nacimiento de Rafael Alberti, natural de El Puerto de Santa María (Cádiz), localidad en la que también murió en 1999, y los expertos, los lectores, relectores y sus hijos poéticos esperan que se le valore literariamente, a ser posible, con la leyenda ya fría.

"El paso del tiempo será duro con el Alberti testimonial, pero él llevó la poesía a la calle"

"Tenía una gran capacidad retórica y estaba dotado de una magia verbal"

Alberti busca todavía su sitio, su valoración en el hueco que le corresponde dentro de la historia de la literatura española, donde fue poeta grave y abierto de la generación del 27. Quizá el centenario sirva para releerlo sin tanta pasión, para medirlo con el rasero implacable del valor artístico, lejos de su compromiso político o de la resaca de la lucha por su herencia que han protagonizado su viuda, María Asunción Mateo, y su hija Aitana, nacida de su primera unión con María Teresa León, que le inculcó de manera definitiva la necesidad del compromiso.

Así lo espera Antonio Colinas, por ejemplo, poeta y urdidor de la más reciente antología poética de Alberti titulada Los bosques que regresan (Galaxia Gutenberg / Círculo de lectores). "La obra de Alberti no ha sido todavía leida en profundidad. Es el criterio que he pretendido seguir para la antología: entregar a un Alberti duradero y profundo, poner de manifiesto su hondo lirismo y su riqueza formal", asegura. Es el Alberti que Colinas encuentra en Retorno de lo vivo lejano, escrito entre 1948 y 1956, o en las Baladas y canciones del Paraná, que data de 1953 y 1954. "Son dos de mis libros favoritos de Alberti", dice Colinas. Pero no por eso los mejores en un creador que fue buscador de todo lo divino y lo humano. "Su característica fundamental es precisamente que su obra estuvo abierta a muchos caminos en la forma, el contenido y en los temas que trata", cree Colinas.

Y en el compromiso, que crea en todos una tremenda paradoja. "El paso del tiempo será duro con el Alberti testimonial, pero él llevó la poesía a la calle y eso es crucial porque creo que el género hoy sufre por pertenecer a un mundo cerrado y erudito", afirma.

Con la ayuda de la lejanía, Benjamín Prado, amigo íntimo del poeta, autor de La sombra del ángel (Aguilar), libro en el que describe su relación estrecha con Alberti, trata de analizar el peso de la condición legendaria del poeta. "Cuando Rafael vuelve a España es un mito, cuando íbamos por los pueblos más remotos todo el mundo le conocía por su papel de agitador pero era un gran desconocido como poeta", afirma Prado. Y eso que era autor de obras fundamentales de la poesía española del siglo XX, como Sobre los ángeles, su obra más surrealista, escrita entre 1927 y 1928, Pleamar, entre 1942 y 1944 o Sermones y moradas, de 1929 y 1930, a juicio de su colega y amigo más joven. "Para mí, con Cernuda, es el más importante del 27", dice Prado. Pero el personaje se comió al poeta. Al volver de su exilio el 27 de abril de 1977, después de pasar 24 años en Argentina y casi 14 en Italia, seguía impactando. "Hay que tener en cuenta que hacía las campañas para el PCE en ripio, eso llamaba la atención y creo que deformaba su valoración literaria", asegura.

Además, al regreso, su obra se publicó de golpe, algo que le hizo un daño considerable: "No tuvo la oportunidad de otros poetas, que al ir escalonando sus ediciones se les puede paladear a gusto. Así, con todo a la vez, unas obras ensombrecían otras que a veces eran mejores", comenta Prado, que a ese problema añade otro: "Un poeta debe quedar en buenas manos y ahora Alberti no lo está porque se prefiere hacer negocio rentable con su obra más que conseguir que brille artísticamente", dice.

Luego está el lastre de la politización. Es algo que todavía incomoda en ciertos círculos y que levanta ampollas. Lo certifica Andrés Trapiello, autor de Las armas y las letras. Literatura y guerra civil, reeditada ahora por Península y que fue objeto de numerosos ataques cuando apareció el libro por primera vez en 1994. "Todavía no hay serenidad ni distancia ni objetividad para abordar este tema", dice Trapiello. "Yo me considero un hombre de izquierdas, pero como se contaba el papel activo y tremendamente violento de Alberti en la guerra y lo que representaban las checas en aquellos años, enseguida me tildaron de fascista algunos izquierdistas", afirma. El caso es que Trapiello, respetando a Alberti como poeta, cree que persiste ese problema. "La parte política de Alberti no es la que le mejora, es un lastre para él, igual que lo fue para los poetas falangistas", señala.

Sin embargo el editor Jesús García Sánchez, de Visor, salva la simbiosis que hay entre la política y su obra. "Alberti propone una ética sobre la estética. ¿Literatura y política enfrentadas? ¿Era posible hacer una literatura política sin bajar ni un escalón de la excelencia?", se pregunta. "Rafael Alberti ha sido el único poeta español que supo hacer, que hizo, poesía surrealista con tonos políticos". Y concluye: "Que las masas entren en la cultura no creo que sea la degradación de la cultura, había declarado Antonio Machado. ¿Tiene verdaderamente una función social la poesía? Bastantes poetas amigos de Alberti se distancian de él pero ninguno puede atreverse a negar a sus poemas intensidad y fuerza. No busca ninguna figura propagandística. De nuevo la ética sobre la estética. La paloma no se equivocaba".

Otro editor, Abelardo Linares, de Renacimiento, que en 1978 publicó a Alberti su libro Los cinco destacagados, ve luces y sombras en los dos campos: "Alberti tiene una vida novelesca y una dimensión muy amplia. La política le benefició, le dio resonancia, el Partido Comunista le ayudó mucho. Falta por escribir su biografía política, sus viajes y su relación intensa con la URSS de Stalin. Puede que su centenario ayude a clarificar esos aspectos", dice Linares.

Pero el valor literario del autor de Marinero en tierra, Entre el clavel y la espada, Cal y canto o El alba del alhelí, que también dejó una obra en prosa crucial, como sus memorias La arboleda perdida, y que además se benefició de su creción teatral porque le dio popularidad, debe ensalzarse aun más, sostiene Linares. "Tenía una gran capacidad retórica, unas formas métricas complicadas, pero, sobre todo, estaba dotado de una magia verbal".

Exposiciones, lecturas y congresos

Algunos dicen que la conmemoración empieza con retraso; otros, a estas alturas, ya le han conmemorado suficientemente en congresos y lecturas que han tenido lugar en Murcia, Tenerife, Almería, París, Berlín o el pasado fin de semana en Granada, donde se celebró un congreso espectacular, que tuvo como guía espiritual a Luis García Montero, en el que se leyeron sus poemas ante más de mil personas. El caso es que la figura de Rafael Alberti sigue desparramándose por el mundo y le queda otro año de celebraciones oficiales que tendrán como motor oficial a la Comisión Nacional para la Conmemoración del Nacimiento de Rafael Alberti, cuyo presidente ejecutivo es José García Velasco, director de la Residencia de Estudiantes, un lugar donde Alberti vivió a fondo: "Se pasó metido en la residencia entre el año 1923 y 1930, la época de García Lorca", dice García Velasco. Aparte de las iniciativas de la comisión, la Residencia prepara una exposición acerca de su obra Sobre los ángeles, que se verá en Sevilla y Madrid. Junto a la Fundación Alberti, que cerró el domingo sus jornadas de puertas abiertas en El Puerto de Santa María y da detallada información del centenario en su web www.rafaelalberti.es, la Residencia quiere ultimar el catálogo de toda la documentación existente sobre el escritor para volcarlo cuanto antes en Internet.También se celebrará un congreso en la Universidad Complutense de Madrid y se prepara una gran exposición en el Centro de Arte Reina Sofía sobre la faceta plástica del poeta. Se titulará Entre el clavel y la espada. Rafael Alberti en su siglo y estará abierta entre el 16 de septiembre y el 24 de noviembre. Los comisarios son Juan Pérez de Ayala, Carlos Pérez y Juan Manuel Bonet, y analizará la relación de Alberti con los artistas ultraístas y las diversas vanguardias, para lo que se centrarán en figuras como Miró, Picasso, Tàpies, Motherwell, Vedova o Matta, con los que Alberti tuvo una estrecha vinculación.

El poeta gaditano Rafael Alberti, de quien se celebra este año su centenario. / RAÚL CANCIO

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