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viernes, 15 de agosto de 1997
Crítica:ROCK

'La Flaca' y el flaco

  • JARABE DE PALO / JOAQUÍN SABINA

Una noche feliz: la presentación de Jarabe de Palo en Leganés coincidía con la grata noticia de que su primer disco ha llegado al número uno de la lista de ventas de AFYVE. Las polémicas más o menos artificales -la relación de ese éxito con la campaña de publicidad de Ducados, la deuda del concepto Jarabe de Palo con el de Juan Perro- que daban eclipsadas por la delicia de encontrarse con un público tan festivo como entregado. Un público en el primer estadio de un flechazo que amenaza con ser un enamoramiento prolongado.Jarabe de Palo tal vez no haya patentado la fórmula del rock montuno, pero posee unas cuantas canciones atractivas que son cinceladas en vivo con brío y brillantez guitarrera: se notan los beneficios de abundantes actuaciones realizadas en los largos meses en que nadie creía en el disco.

Jarabe de Palo / Joaquín Sabina

Jarabe de Palo: Pau Donés (voz, guitarra); Jordi Mena (guitarra); Mariá Roig (bajo); Álex Tena (batería);Daniel Forcada (percusión).Joaquín Sabina (voz, guitarra); Antonio García de Diego (voz, guitarra, teclados); Pancho Varona (voz, guitarra); Olga Román (voz); José A. Romero (guitarra); Kike Perdomo (saxofón); Paco Bastante (bajo); Ñete (batería). Plaza de Toros Multiusos. Leganés, 13 de agosto.

Melancólica historia

Las circunstancias del concierto, con su cartel compartido, impidieron que se diera cancha al nuevo material de Pau Donés aunque las piezas ya conocidas proporcionan el juego suficiente para demostrar que no se trata de un grupo de un solo éxito. La Flaca sonó en sus dos versiones, eléctrica y acústica, y los coros del rebosante público casi podían llegar hasta los oídos de la esquelética cubana que inspiró tan meláncolica historia.La reaparición de Sabina, tras un breve parón causado por un edema en la epiglotis, reveló una rara ambigüedad entre admiradores y compañeros de viaje, como si se deseara secretamente que el cuerpo le pase la factura, una factura alta, por su vida en el filo. Sin embargo, Sabina tiene un pundonor torero que le impide echar el freno. Nada de recortar el repertorio: cayeron dos docenas de canciones, con los únicos descansos que le proporcionan sus esforzados cómplices de escenario.

Nuevamente, la comprobación de que Sabina está por encima del bien y del mal, de la ausencia o presencia de facultades canoras: la identificación con su personaje público es profunda y total, seguramente relacionada con esa ancestral admiración hispana por el pícaro. Basta con que suelte el primer vaso de cualquier tema para que el respetable se suba a su traqueteante tren.

Lo de Sabina es música, a veces elemental, pero siempre enriquecida por textos lúcidos o ingeniosos, y también un fascinante fenómeno sociológico. Sabina es Madrid, con sus imperfecciones, sus excesos, sus veleidades, su narcisismo. Por muchos años, maestro.

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