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lunes, 8 de mayo de 1995

La muestra de 'Los putrefactos' de Lorca y Dalí revela detalles de su relación afectiva

Santos Torroella publica el libro inconcluso de los dos artistas

Un libro y una exposición que se inaugura hoy en la Residencia de Estudiantes de Madrid, dan forma a lo que fue un proyecto inconcluso de Federico García Lorca, y Salvador Dalí. Ifue una ca tegona inventada alrededor de 1925 y que llegó a hacerse popular en la época. Putrefactos eran los anticuados, cursis, retrógrados, blandos y patéticos. Los dibujos que hizo Dalí para este libro llegaron a estar en la imprenta, a falta del prólogo que Lorca nunca llegó a enviarle. Rafael Santos Torroella, estudioso de Dalí, ha reunido los dibujos dispersos y ha reconstruido lo que pudieran ser los motivos del abandono de la obra, que marcó la ruptura de la relación amorosa entre ambos artistas.

Los putrefactos fue un proyecto condenado por su propio nombre. Un libró, más que inconcluso, abandonado, roto, separado. Según Rafael Santos Torroella, en su génesis y su posterior dispersión se esconden algunos de los aspectos menos conocidos de la relación amorosa entre Lorca y Dalí. Lo que empezó como una diversión, como una idea que podía transformarse en un libro que uniera a los dos autores en una tesis más trascendente, quedó en nada a causa de las distintas formas en que cada uno entendía la propia palabra y la asociaba a su sentir, a su amistad.Los putrefactos parecen caricaturas casi inocuas de una época, pero tanto para Lorca como para Dalí, marcó el final de su íntima amistad y dejó las semillas de lo que, sobré todo para el pintor, sería parte fundamental de su retórica artística,

"Los putrefactos no pretendían hacer una crítica política o social", explica el autor del ensayo. "Los militares que salen se deben más a la animadversión que les tenía Dalí, hijo de un republicano, y al ambiente que se vivía en ese momento de la dictadura de Primo de Rivera, que la una voluntad de activa crítica política", dice Santos Torroella.

Profundidad

"Pero no se trataba de caricaturas banales y superficiales" aclara. "El de los putrefactos es un término que tiene más profundidad de lo que parece, Dalí profundiza a través de la idea de la putrefacción, que para él significa globalmente la emoción, y la opone a la de astronomía, que es la deshumanización, la distancia fría. Dalí se recrea consigo mismo y encuentra en el putrefacto la cursilería, el hotnbre pagado de sí mismo"."En Los putrefactos predomina la sátira y la ironía, que después madura con la relación amorosa de Federico y Dalí. De alguna manera marca el principio y el final de la aventura sentimental de ambos", afirma.

Santos Torroella ve en toda esta clasificación un trasfondo, irónico que oculta ciertas inseguridades que subyacen en toda la generación del 27 respecto a, la homosexualidad. "Entre ellos existe el sentimiento de una homosexualidad difusa, que en mayor o menor grado concierne a todos".

"Yo conocí a Federico en 1930 cuando vino a Barcelona con La Barraca. Federico tenía un enamoramiento tremendo de Dalí, que era un moreno a gitanado, divertido, atractivo, estupendo," relata el historiador. "En relación a Los putrefactos, Dalí hace una distinción entre las caricaturas ácidas de Georg Grosz, y en una carta dice: 'Son mejores las que hace tirándose a degüello; nuestros putrefactos son unos tontos que adoramos....', y más adelante llama 'tontito' a Lorca'."Esa actitud provoca un rechazo en Federico, que nunca llega a mandarle el prólogo para el libro. No se lo manda porque quiere cortar el lazo erótico con Dalíporque ha ido a más y él ve que está enamorado y esa relación no va a funcionar. Poco después Lorca tendrá un nuevo amante, Emilio Alardín, y Dalí tampoco tardará mucho en encontrar a Gala"..Dalí estuvo pidiéndole desesperadamente a Federico que le mandara el prólogo, incluso a través de amigos comunes, como Pepín Bello. Cuando se dio cuenta de que no se lo enviaría, guardó los dibujos y terminaron dispersos en colecciones, particulares o publicados aisladamente en algunos libros y revistas. "Dalí había preparado ya 8 o 10 dibujos para la imprenta. Cuando ve que no puede ser, los recoge y no vuelve a hablar de ellos".

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