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La jornada particular de Flotats bajo Mussolini

El actor catalán ensaya casi clandestinamente una pieza de 'teatro cinematográfico' en un local de un barrio popular barcelonés

Josep Maria Flotats y Anna Lizarán están ensayando Una jornada particular, una adaptación teatral del filme homónimo de Ettore Scola, realizado en 1977, que levantó polémica en el momento de su estreno y que, incluso, fue objeto de censura por la crudeza con que planteaba las relaciones entre un homosexual y una mujer casada. El montaje de Flotats, que se estrenará a finales de enero en el reformado teatro Poliorama, aparece como una muestra de lo que puede ser el teatro cinematográfico, ejemplo contrario de aquella teoría según la cual las tres cuartas partes de los filmes serían sucursales del teatro.

La historia de Una jornada particular transcurre durante un solo día de 1938, en uno de los enormes y lúgubres bloques de pisos construidos por Mussolini. Mientras todos los vecinos se encuentran en la calle para celebrar la visita de Hitler a Roma, Gabriele y Antonietta se conocen. La obra es una retahíla sobre la vida personal de los dos protagonistas que se contrapone a los trascendentes e históricos acontecimientos callejeros. En palabras de Josep Maria Flotats, el verdadero protagonista de la obra es la mujer, mientras que su personaje, Grabriele, carga con el papel del judío y perseguido. "A medida que avanzan los ensayos", comenta, "me doy cuenta de que la obra es como un himno a la mujer. Se contrapone la imagen de la fémina venerada por los nazis -en la que, con grandilocuencia, se la compara a la tierra, por su fertilidad, y a la loba romana, por su capacidad de mantener la vida- a la imagen que ofrece la rutina diaria: la de la mujer sumisa, encerrada en casa, que sufre de la incomprensión y de la infidelidad del marido".

Doble escenario giratorio

Una jornada particular se ensaya, con parte del decorado definitivo, en un local del barrio de la Bordeta que el Departamento de Cultura de la Generalitat ha adecuado para el caso. Las sesiones se desarrollan con extrema tranquilidad a pesar de que los medios no son los óptimos ni las condiciones las deseadas por el director-actor. La escenografía ha sido realizada en Francia por Serge Marzolff. Algunos de los módulos no han podido ser instalados en el hangar de la Bordeta puesto que son demasiado altos.A partir de dos círculos concéntricos y tres puntales no simétricos, Marzoff establece unos decorados en los que desea dejar constancia del intimismo de la obra, al mismo tiempo que quiere subrayar el ambiente mussoliniano del edificio y de la propia calle, sin rodar en ella. "En el Filme de Scola", explica Flotats, "con un picado desde la ventana, era fácil ver a Antonietta y, al mismo tiempo, la portera que escuchaba la radio. En el teatro eso no es posible. Y, sin embargo, era importante mantener este doble juego de interior y exterior".

Flotats tenía en mente el proyecto de hacer este montaje teatral desde que vio el filme de Ettore Scola. Pero además siempre pensó que Anna Lizarán podía ser su mejor partenaire. Mientras ella reparte su tiempo entre los ensayos y su función diaria en el Teatre Lliure, Flotats se dedica íntegramente a la preparación minuciosa del montaje. Controla la sonorización, los giros del complicado engranaje escenográfico que han de hacer posible las distintas elipsis temporales; modifica las réplicas en el texto; revisa los movimientos de Anna Lizarán y los suyos propios en el escenario. Propone soluciones diversas y cambios de música que han de hacer más comprensible el desarrollo de toda la narración.

En un momento determinado del ensayo, Flotats propone que se cambie la música que estaba prevista para el final de la última visita de Antonietta. "Pongarnos la canción de Charles Trenet", indica. Se trata de la que se utilizó en una escena anterior, cuando Gabriele enseña a bailar a la mujer descorazonada. Satisfecho del cambio, Flotats indica que "así no pueden haber dudas sobre el carácter positivo de la relación entre los dos protagonistas".

Los personajes de esta obra son "pequeños, grises, tristes, son los anti actores por excelencia", explica Flotats. El planteamiento que el actor y director se ha hecho se acerca al de la hiperteatralidad: "De hecho es como las muñecas rusas, dentro de cada una de ellas hay otra y aún otra. Mi forma de entender la obra es casi casi pirandelliana". La ventaja de este planteamiento estribaría también en el hecho de que ofrece dos niveles de lectura: "Una más intelectual y sensible, y otra, esencialmente popular, entendiendo esta palabra como sinónimo de interesante para una amplia diversidad de personas".

El montaje, que cuenta con un reparto de 12 actores, entre los cuales hay seis niños -los hijos de Antonietta-, consta de un tercer protagonista: la radio, a través de la cual se suministran los elementosde la calle y se conoce el contenido de los discursos políticos. Los himnos alemanes se contraponen a la música de Verdi que sirve de hilo conductor a la historia. "La forza del destino es mi forma de relacionar Italia con mi país. Tomo un tema italiano pero lo traslado aquí, donde creo que todos podemos comprenderlo porque es actual a pesar de los años. Es una reflexión y una mirada sobre nuestro pasado y sobre nosotros mismos. Está además el juego de palabras, la fuerza del destino, y finalmente sucede que esta ópera me "gusta particularmente."

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 18 de diciembre de 1983