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Columna
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‘The Offer’ o cómo se creó una obra de arte, ‘El Padrino’

La serie cuenta los proteicos y admirables esfuerzos de Albert S. Ruddy, un productor ejecutivo tan novato como tenaz en medio de enormes dificultades

Una imagen de la serie 'The Offer'.
Una imagen de la serie 'The Offer'.
Carlos Boyero

Veo de un tirón en Movistar y con bendita sensación de algo tan subestimado como el entretenimiento la serie The Offer (también disponible en SkyShowtime). Es larga y se percibe que ha sido rodada con un presupuesto bastante limitado. Pero lo que narra me resulta apasionante. Y sospecho que no sólo para mí sino para muchas generaciones de cinéfilos enamoradas a perpetuidad de una saga llamada El Padrino. No sólo para los ancestrales habitantes de las filmotecas. También para cualquier persona colgada con el cine. Aclaro, con el bueno, con el incontestable, el que despierta emociones en todo tipo de espectadores, en exquisitos y plebeyos, en eruditos y simples. ¿A quién puede no gustarle lo que parió Coppola en esta asombrosa trilogía, o sentir indiferencia y aburrimiento ante Casablanca y El apartamento?

Esta serie cuenta los proteicos y admirables esfuerzos de Albert S. Ruddy, un productor ejecutivo tan novato como tenaz, para que viera la luz en medio de enormes dificultades una obra de arte. No sólo desconfiaban de ella los dueños del negocio, especuladores preocupados exclusivamente por la inversión económica y los resultados de la taquilla. También intervino en ella la siniestra presión de la Mafia, temerosa lógicamente de la imagen que podía ofrecer de su letal universo. Y los torticeros políticos. Y el excelso Frank Sinatra al sentirse reconocido en uno de sus personajes. Los jefes del tinglado y los burócratas más poderosos sólo confiaban en las fórmulas seguras para lograr el éxito, sentían alergia a que las historias aspiraran a ser narradas con arte.

Imagino que en The Offer hay exageraciones y medias verdades, que la realidad puede estar adulterada en algunos momentos para hacerla más dramática. Pero es evidente que la gran magia funcionó en el resultado final de El Padrino. Y que fue posible no sólo gracias al inmenso talento de Coppola, sino también a gente que creyó indesmayablemente en que el milagro podía hacerse verdad. Y vuelvo a ver las tres partes de El Padrino. Y mi orgasmo es el de siempre.

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